El regreso

He estado más de un mes desconectada. Cuando digo desconectada, es desconectada. He tenido que actualizar el Java, el PDF y casi que el Windows entero. Lo que avanza la tecnología en un mes.
Tampoco he escrito mucho. Me refiero para mí así, para adentro. E incluso tengo algún tema pendiente con un proyectito que salió antes del verano y me hace mucha ilusión. Pero ha sido un verano extraño, y creo que necesitaba esta desconexión. Como el que necesita una falla en su vida, o que vuelvan a reiniciarlo. Pues así he estado yo.

Pero de regreso ya, pasando unos días por mi Madrid, justo los días que necesito para ponerme las pilas y empezar el nuevo curso. Todo vuelve a empezar en Septiembre.

El cansancio veraniego

Tengo la suerte de disfrutar desde hace días de vacaciones. Sin embargo, pequeños asuntos domésticos me obligan a quedarme en “la ciudad de los zombies” hasta al menos este jueves. Yo ya hubiera huído hace días al norte, a un pueblito discreto junto al Cabo Ortegal al que cada día que pasa me siento más cercana. Supongo que cuanto más mayores nos hacemos, más cerca de nuestros ancestros nos sentimos.

Pero el calor no me deja vivir. Ando más cansada que en plena vorágine de curso. Hago uso de la premisa “una cosa al día” para acabar bajo el aire acondicionado, del sofá al sillón del ordenador y de la silla a la cama, haciendo listas para el día siguiente porque no sé si voy a ser capaz de hacer algo más ese mismo día. Me limito, como mucho, a contestar algún mail, a buscar algo por interné, a alguna llamada telefónica pendiente… Agradezco si alguien me hace la comida o recoge los platos. La plancha hace semanas (diría que meses) que ni la toco. Y muchas noches acabamos cenando fuera, a pesar que la economía no está para tirar cohetes y encima tendría que acabar con las existencias de la nevera.

Y encima, va y se muere Javier Krahe.

De zapatos y griegos

De zapatos

Descubrí hace tiempos una web de zapatos artesanos. Me enamoré de algunos de ellos, de formas no habituale.  Alguien “normal”, ahorraría para comprarse uno de ellos a medida. future-cYo, en cambio, me puse a buscar cursos para aprender a hacer zapatos. Encontré un taller en l’Escola Illa, la escuela de arte de Sabadell (Vestim el peu), al que me preincribí, pero que anularon por falta de matrícula. Me parecía ideal porque tocaban muchos temas relacionados con la historia y creación de zapatos e iba más allá de “hacer”. Además, lo impartía un profesor que había sido diseñador para Camper y me pareció interesante también la conexión por el tipo de zapato que hacen.

Entonces busqué otros cursos en Barcelona y descubrí que había muchos artesanos que se dedican a hacer cursos en sus talleres.

También encontré tiendas online donde comprar los materiales que se necesitaban,  porque pensé que igual también podría hacerlos en casa. Lo curioso es que busqué hasta las hormas de mi número para empezar:

Me pareció inviable porque necesitas herramientas y sobretodo un espacio físico donde hacerlo.

Y de griegos

Y hoy, la plaza Sintagma (qué bonito nombre) se llena de griegos. Su ministro de Hacienda, que tiene nombre y calva de jugador de baloncesto recién llegado a la NBA, se pasea por ella. A su paso, sus conciudadanos le dan golpes en la espalda y le abrazan. Igualito que a Montoro, ya lo veo. Hoy es el día de Kavafis y de la abuela del yogur griego. Pero también es el día de toda la clase obrera, de los hijos de los obreros, del No a la tiranía de la Troika y los mercados financieros, de plantar cara.

Hoy es el día de la dignidad.

La sandía

Hoy compramos fruta para cenar. Sandía, peritas de San Juan y mango.

Siempre que corto la sandía me acuerdo de él. La troceo y después hago lo mismo con la cáscara, para que quepa en la bolsa de basura de los restos orgánicos. Entonces recuerdo aquel momento en que se lo vi hacer . Me pareció tan sencillo.

– ¿Qué haces?- le pregunté. Por un momento imaginé que iba a hacerme un gazpacho de sandía con la cáscara.

– La troceo, para que quepa en la bolsa.

Me miraba asombrado, con sus ojos bonitos de miope que en realidad ve más allá. Me enredé en sus libros y sus historias, en su sonrisa y sus “tonte-heridas”, en su mirada perdida que buscaban mis ojos verdes. Y me gustaba como soplaba mis párpados después de que el amor viniese a hacernos.

Yo llevaba toda la vida tirando la cáscara de la sandía que previamente había cortado en rodajas. Cuando no cabía en la bolsa la forzaba un poco y al final siempre cerraba. Y mira que era sencillo y nunca se me había ocurrido antes trocearla (si me lee, debe pensar que soy tonta. De hecho, si me leéis hoy, debéis pensar que soy tonta). Y ahora, cada vez que troceo la cáscara, me acuerdo de él.

Tengo ganas de verlo.

Qué sencillo podría se todo y cómo lo hago de complicado.

Cabárceno, Liencres y los refugiados del mundo.

En unos diez días se acaba todo. Cierro el curso. Aunque la mayoría piensa que todo se acaba con las clases, estos días han sido de absoluto “caos”, intentando acabar exámenes de recuperación, evaluaciones finales y preparar el fin de curso…. Agotada define bien el estado en el que me encuentro.

foto: Playa La Arnía en Liencres.

Ya he reservado donde dormir en el camino. Este año quiero enseñarle a Maria el parque de Cabárceno e ir a las playas de Liencres. Por un momento pensé ir a Somo, pero quedó descartado al imaginar la sorpresa de cruzarse con un padre desconocido.

Leo sorprendida en el diario del domingo que hay 60 millones de refugiados en el mundo. El otro día recuerdo haber discutido sobre la inmigración con un compañero de trabajo. Progre, ecologista, padre de familia…. Defendía que no podemos sostener tanta inmigración. Yo le cuestionaba la suerte que tenemos al haber nacido 15 km más al norte. Por el Estrecho, Europa y África están separadas por 15 míseros km. La diferencia entre nacer a una u otra orilla . Para algunos, son los 15 km más lejanos que hayan podido imaginar, porque se llena de vallas, de concertinas y de prejuicios. Nuestra máxima preocupación (al menos hasta hace poco) era dónde íbamos de vacaciones, qué coche nos comprábamos o a qué escuela llevamos a nuestros hijos. Pero para mucha gente, la máxima preocupación es saber cómo pueden cruzar esos 15 km que les separa de un cielo. O eso es lo que ellos creen. A ratos, este lado parece un infierno.

Pero en unos días, voy a bañarme en esa playa. Y todo parecerá que vuelva a empezar.

He conocido a Varoufakis

He conocido a Varoufakis. Vino a visitarme en sueños. Llevaba una manta de color malva y una peineta de la torre Eiffel.  Tiene las manos grandes y susurra en francés. Dice que vive en Madrid, que me vaya allí de una vez y deje de dar(me) vueltas como si fuera un derviche.

He hecho planes.Que voy a soñarte mientras esté despierta, que voy a despertarme con tu sonrisa y que quiero que me prometas que nunca más volverás a traer a la cama el café.

He soñado con tus orejas.

Duermo desnuda, rendida, después de un día de perros obligando a desconocidos a sentarse en fila y esconder sus teléfonos. Repetir sus nombres y escudriñar en sus miradas la falta de conocimiento. Les he obligado a entregarme papeles firmados.

Me huelen los pies a sandalia de vaca.

Me duele el alma porque he pedido al cielo alejarme de ti para siempre. Para siempre. Y ando deshaciendo la manta que tejí, pensando en nuestra vejez.

De inciensos, de cuerpos y razones.

inciensoDescubrí el Golden Nag Chandan en Madrid. Lo compraba en una tienda que se llama Piedra de Luna, que en realidad es una tienda de decoración donde siempre acabo comprándome pendientes. Un día, tenían de oferta el incienso en una cesta de paja y por pura curiosidad lo compré. No hay manera de encontrarlo en Sabadell, e incluso llegué a pedirle a algún amigo que me trajera de Madrid. Lo encontré por internet, en una tienda online que he puesto como favorito.  Al Golden se le han añadido unas cuantas cajas más, de diferentes tipos, pero ha llegado una caja de 12 cajas de 12 varillas cada una. Espero tener incienso para el resto del año.

Leo a trozos “Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer”. Fue el regalo de las chicas de la tribu para mi cumpleaños. He pasado del útero, del embarazo, de la menopausia… he ido directamente a la parte de Nutrirnos con alimentos, El poder del movimiento y Pasos para crear una salud vibrante. En cada momento, cada uno de nosotros escoge lo que necesita. “El exceso de peso son sueños almacenados. Existe el mito de que podemos almacenar tiempo. Las culturas primitivas almacenaban alimentos para el invierno. Nosotras almacenamos tiempo en las caderas”. Dra. Paulanne Balch.

Llegué a la antigymnasia buscando las razones del cuerpo. Estoy en el camino. Isabel me mostró a Thérèse Bertherat, y sobretodo, me está enseñando un camino para descubrir el cuerpo. Mutado y armónico. Repartiendo dolores y pesos. Sintiéndote más fuerte. El espacio donde todo es posible. El lugar donde todo es posible. Incluso el amor.