Las mascarillas

Captura

Hace algunas semanas bromeaba con un vecino sobre las mascarillas. No veíamos venir lo que ya pasaba en China y él me decía que estaba consiguiendo mascarillas del trabajo. Me reí. Busqué en internet y aluciné con todos los tipos de mascarillas que había: con filtro, sin filtro, desde FFP1 hasta FFP3, con válvula, quirúrgicas, desechables…. No compré ninguna porque me pareció absurdo (curioso porque ahora tener alguna nos iría bien). No hay mascarillas y si quedan, las venden a precio de oro (me alucina la capacidad humana para aprovecharnos de las desgracias). Me enteré que una empresa local (en Rubí), pedía voluntarios para coser mascarillas en casa y busqué la manera de ponerme en contacto con ellos (RobinHat). No me lo pensé dos veces y allí que fui a buscar material. Al llegar, coincidí con un taxista que venía a ofrecerse para hacer de repartidor y llegó una mujer a entregar mascarillas que había cosido.  Las mascarillas no sirven para luchar contra el coronavirus, pero sí para un parto, para los cuidadores de los abuelos, para todos aquellos que no tienen covid-19 pero están constipados y así evitar propagar más virus…. A los dos días, en la residencia de mi madre faltaban mascarillas para las trabajadoras y los de RobinHat llevaron mascarillas de algodón gratis (además, se pueden lavar a temperatura alta, planchar y volverlas a utilizar). No pude evitar recordar la canción de Drexler, la de las cosas que se van transformando. Y si yo coso mascarillas en casa, alguna de ellas acabará en la cuidadora que ayuda a mi madre.

Han ido surgiendo más iniciativas. Y sé que esta sociedad (o al menos parte de esta sociedad) será capaz de conseguir lo que no van a hacer los políticos, ni las grandes empresas. Y todo cambiará, porque era necesario.

Iniciativa para imprimir válvulas con impresoras 3D

Forum A.I.R.E

Empresa que dona impresoras3D

(añadiré las que vaya descubriendo)

 

La aceitera

aceiteraTodavía conservo objetos de otra vida. Tienen la extraña capacidad de conectarnos con emociones. Recuerdo que Nati nos hablaba de los “hilos emocionales” que establecemos con las cosas y que no nos permiten deshacernos de ellas. La aceitera es una de ellas. Era una botella de Cardhu que nos acabamos con amigos alguna vez que vinieron a casa a cenar. Reconozco que ahora me cuesta mucho invitar a amigos a cenar a casa (también tiene que ver con el cansancio), pero antes, en nuestra casa siempre solía haber alguna cena o una comida los fines de semana con amigos.  Así que las botellas de orujo, Cardhu y sobretodo ron iban apreciendo y desapareciendo a cierta velocidad. En una se nos ocurrió (no sé si a él o a mí) convertirla en una aceitera. Después, años más tarde, recuerdo que Estrellita hablaba pestes de la aceitera, a la que se le caía el tapón o no soltaba aceite suficiente. “No la soporto”, era su expresión. Y a mí me hacía gracia aquel “no la soporto” tan suyo, de manera que la aceitera últimamente me recordaba más a Estrellita que al Innombrable. Pero la semana pasada decicí que nos íbamos a ir deshaciendo de cosas emocionales. Porque se empiezan a hacer nudos y no quería que llegase un tercero alabando o criticando a la aceitera de la botella de Cardhu (pobre ella, qué culpa tiene). Ahora tenemos una aceitera convencional, con tapón de corcho. Menos bonita, pero más práctica. Podría hacer una lista de “cosas” que conservo por no cortar ese hilo emocional. ¿Y vosotros?¿Conserváis cosas que os recuerdan otra vida?

Postdata. Al Innombrable me lo crucé el otro día por la calle. Que en 16 años no nos hayamos visto viviendo ambos en menos de 40 km cuadrados, en dos ciudades diferentes pero que se tocan,  siempre me pareció sorprendente. Cuando me enteré que se había mudado aquí pensé que un día u otro seguro que nos cruzábamos. Él no me vio. Y yo me quedé paralizada. Todavía no sé cómo reaccionaria si me lo encuentro de frente. Ojalá las probabilidades funcionen, y no nos volvamos a ver. 

 

Lo que queda de nosotros

Un camisón que se acababa de quitar.

Una caja antigua, de madera, donde guardaba los tiquets para cobrar los encargos. Están en pesetas, entre 700 y 2400.

Una foto de su madre. Otra de un hermano muerto en la guerra

Un bolso sin estrenar. Unas zapatillas sin estrenar.

Una olla envuelta en plástico y una sartén con el mango de madera sin estrenar.

Un vaso con café con leche en la pica.

Una lámpara de los años 70, de aquellas que se estiran del cable y una antigua, de tulipas de cristal.

Muebles antiguos de castaño. Un colchón recién estrenado. Un televisor pequeño y una mesa camarera.

Muchos pañuelos de cuello, varios paraguas y unos zapatos dorados envueltos en papel de seda.

Un beso. Allá donde estés.

Las ciudades invisibles y las matemáticas de Miquel Albertí

revista-completa-suma-revistas-de-matematicasTiene Italo Calvino una obra divina (tiene varias, pero no tan divinas) que se llama “Las ciudades invisibles”. Se trata de una recopilación de descripciones de ciudades imaginadas que Marco Polo le describe al rey de los tártaros Kublai Khan, pero que esconden en realidad diálogos sobre esos grandes temas de la humanidad, como la muerte, el deseo, la memoria… Confieso que durante años ha sido uno de esos libros releídos y regalados, a pesar de ser un libro que se publicó cuando yo sólo tenía un año.
Descubro sorprendida que Miquel (Albertí), uno de los profesores del departamento de matemáticas donde estoy ahora, ha escrito una serie de artículos en la revista Suma que justo se titulan así, y se basan en las ciudades que le describe Marco Polo, pero profundiza en temas matemáticos. La excusa me parece fascinante. Por si queréis ojearlas, aquí están las que he encontrado (os enlazo al pdf del artículo, pero también indico el número de revista, por si preferís buscarla en papel):

Y el libro de Calvino en pdf

Miquel se jubila este año. Maria va a tener la suerte de tenerlo unos meses como profesor de matemáticas. Ha ideado una actividad (compartida con los de Visual y Plástica) dentro de un proyecto llamado Insitu que seguramente desaparecerá con él, en que los alumnos han de bajar al patio y abrazar árboles. La excusa del abrazo es entender el concepto de perímetro (el perímetro del árbol está contenido en tu abrazo, o no, dependiendo de tu envergadura). Luego hay una serie de actividades que desarrollaran a partir del abrazo, pero estoy segura que durante toda su vida Maria recordará aquel profe de mates que los sacó al patio y les hizo abrazar árboles. No puedo evitar emocionarme cuando lo escucho. Tengo claro que los alumnos necesitan que los motivemos, pero los profesores necesitamos compañeros como él, que nos hacen volver a plantearnos por qué escogimos esta profesión habiendo podido escoger cualquier otra. Y a mí me hace recordar por qué me gustan tanto las matemáticas.

 

 

El cierre de lengüeta

22blos2bdetalles2bde2bconstrucci25c325b3n2bde2bun2bcierre2bde2bcaja2bde2bestilo2balternativo252c2bdescrito2ben2bel2btexto2bcomo2bsegunda2bvariaci25c325b3n.Estoy estudiando oposiciones. Al cuerpo de profesores de secundaria, especialidad Informática. Una p* mierda es lo que es…  Pero este año había tantas plazas, que me dejé llevar por la inercia y por “¿cómo no vas a presentarte con la de plazas que hay?”… Pues aquí estoy.  Que casi sin quererlo aprobé la primera parte. Y mañana el examen técnico. Pero este no, este sé que no lo apruebo. Una sabe lo que ha estudiado y, aunque tengo la sensación que sé más cosas de las que me parece saber, tengo memoria de pez. Aún así, llevo dos semanas a tope, gracies a la tieta que gestiona la casa, las niñas y hasta a mi madre. Y entonces me doy cuenta de cuánto nos necesitamos unos a otros. Unas a otras. Porque sin ella no hubiera podido estudiar ni lo poquito que he estudiado. Es poco porque el temario es extenso, desfasado (y  hay que buscar información, bendito sangugel) y complejo, así que en realidad, aunque tengo la sensación de haberme mirado bastantes cosas, no es más que una ínfima parte de lo que hay.

Alea jacta est.

Pero estos días, esto y haberme reencontrado con Lidia meses atrás, me han hecho volver a querer estudiar. Así que me he matriculado de un máster. Un máster en Ciencia de Datos. Suena espectacular. Y las asignaturas me parecen apasionantes. El conocimiento es algo íntimo y cuando llegas a él te empodera. ¿No os ha pasado que después de resolver un problema de matemáticas y haberlo entendido, os entra un gustirrinín en la boca del estómago?. A mí me pasaba en la carrera, con cada Teorema del que conseguía entender la demostración o cuando sabía resolver algún caso práctico.  O que después de horas dibujando, pintando, dándole vueltas a algun proceso creativo, llegas a un producto final que miras y te hace sentir orgullosa. En joyería, uno de los ejercicios iniciales y más complejos de taller es el cierre de lengüeta.  Lo hicimos durante todo un trimestre. Diseñar el cierre, cortar, soldar, doblar (hasta un punto exacto en que no se rompa), encajar… El ejercicio estaba aprobado cuando al cerrar las dos piezas hacía clic. No todos hacen clic. La precisión es espectacular, como si sólo una posición del doblez permitiese el sonido. Además, tiene que encajar perfecto y una vez cerrado se trata que una parte no “baile” dentro de la otra. Lo conseguí a la primera. Tardé mucho más que algunos de mis compañeros, pero no tuve que retocar nada. Fue un ejercicio preciso y limpio. Y cuando has acabado y lo pruebas., ese clic sabe a gloria.

Así es el conocimiento. Exactamente ese clic.

No. Mañana no voy a aprobar. Pero algún día sí lo haré, porque vuelvo a tener ese run-run en el interior. La necesidad de aprender. Y de sentir ese clic otra vez.

Breve crónica social de un pueblo-ciudad

8bc9ccfbc1e6b4c28c4e62ee1aa21272

Que no me gusta Sabadell diría que lo saben todos los que me rodean. Siempre me pareció la ciudad del “quiero y no puedo”. Quiero ser moderna, pero soy pueblerina. Tan pueblerina que tengo que aguantar una conversación de ascensor tipo: “¿Tú eres la profesora del séptimo? ¿la que va siempre con dos niñas? ¡Qué monas, son clavadas a ti!”. Lo que tiene la genética, señora, incluso con mi hija de acogida, que no compartimos ni un puto cromosoma. La ciudad del “quiero ser culta”, pero subimos las tasas de las Escuelas Municipales de Música y de Arte hasta que sólo las puedan pagar el ciudadano medio (de cultura media, de sueldo medio-alto, tirando al centro…). Quiero ser verde (que te quiero verde), pero no pasa de un grisáceo verdoso, con ese paseo de la Plaza Mayor (que ni es plaza, ni es mayor, que por poner un parking debajo y el metro del Vallés, no podemos ni plantar un árbol, pero ni se nos ha ocurrido poner un sombrajo, y unas buganvillas o unas glicinias que hagan sombra y hagan un bonito recorrido…. Y podría seguir con el quiero y no puedo, hasta el infinito y más allá.

Sabadell perdió su ideosincrasia  cuando recalificaron las parcelas que ocupaban las fábricas para construir pisos. Bonitos pisos que en pocos años parecen viejos, en vez de mantener y rehabilitar los muchos vapores que tenía (siguen en pie cuatro o cinco y tan excesivamente reconstruidos que apenas son atisbo de lo que fueron). Y sin embargo conserva ese sonido característico  del telar de lanzadera, las sirenas de las fábricas y el olor del tejido, que se impregnó en sus habitantes y muchos de ellos aún conservan en los dobladillos de los pantalones.

Pero vivo en Sabadell. Y ya llevo muchos años. Y también trabajo en Sabadell. Y digo yo que algún día tendré que reconciliarme con esta ciudad, aunque sea para tener ganas de volver a ella cada vez que me marcho (que no, no suelo tener ese sentimiento). Para colmo (de los colmos) me entero que el Innombrable se ha venido a vivir aquí, que digo yo que podía haberse quedado en su puto pueblo. Y aunque en todos estos años, curiosamente, no nos hemos cruzado, baste una mudanza para encontrármelo un día. Y soy capaz de salir en los papeles por violencia de género. Pero le meto. Juro que le meto.

*ilustración de Sara Reyes

Papel higiénico

 

rollo-papel-higienico

A Maria le he repetido muchas veces que somos unas privilegiadas. No porque tenemos una casa (incluso podríamos presumir de tener dos), un coche, podemos escoger qué comer, dónde ir de vacaciones o cambiarnos de ropa continuamente… sino porque tenemos papel higiénico. En un mundo donde medio mundo no tiene papel para escribir, el otro medio tiene papel para limpiarse el culo. Somos de esa mitad del mundo donde nos limpiamos el culo con papel. Siempre que se acaba un rollo pienso “¡Ay del día que no tenga otro rollo para substituir a este!”

En mi niñez/adolescencia se puso de moda un proyecto que se llamaba PenPal (he descubierto que hoy existe una página web con el mismo objetivo). La idea era poder escribirte con niños de otra parte del mundo. Diría que desde la escuela nos proporcinaron direcciones de niños con los que podíamos escribirnos (hoy en día todo es tan fácil….tanto como crearte una cuenta y visualizar perfiles). Yo escogí Canadá y Marruecos y durante años me escribí (cartas manuscritas, enviadas a correos) con una niña canadiense y un niño marroquí. Diría que guardo estas cartas (junto las cartas infinitas que me escribía con mi prima) en alguna caja. De la niña canadiense recuerdo que vivía en Quebec, y aunque era francófona nos escribíamos en inglés (el mío macarrónico, ayudada por el profe de inglés y un diccionario). Me explicó que descendía de familia esquimal y cuando me envió una foto me pareció más china que otra cosa. Tenía los ojos rasgados y la piel tirando a dorado. El pelo liso absoluto con un corte muy asiático. Del niño marroquí recuerdo que continuamente me pedía si podía enviarle colores. Yo no entendía que me pidiera colores, me parecía que colores era algo que todo el mundo tenía, pero él insistía en las cartas. Lo que sí recuerdo era que el papel de mi PenPal canadiense era de colores, incluso con dibujos y los sobres eran a juego mientras que el de mi PenPal marroquí era un papel sencillo. Un día le pedí a mi madre si podía enviar un paquete (pequeño) a Marruecos, si podía preguntar cuánto costaba en Correos. No era excesivo y le enviamos una caja de colores y una libreta de hojas blancas para dibujar. No recuerdo si me contestó.   Pero fue uno de los primeros contacto con las diferencias en el mundo.

De ahí la importancia del papel higiénico.

 

*la foto es de un artículo de Justin Case, publicado en su blog la Republica Insólita, pero sin mención explícita del autor