La sandía

Hoy compramos fruta para cenar. Sandía, peritas de San Juan y mango.

Siempre que corto la sandía me acuerdo de él. La troceo y después hago lo mismo con la cáscara, para que quepa en la bolsa de basura de los restos orgánicos. Entonces recuerdo aquel momento en que se lo vi hacer . Me pareció tan sencillo.

– ¿Qué haces?- le pregunté. Por un momento imaginé que iba a hacerme un gazpacho de sandía con la cáscara.

– La troceo, para que quepa en la bolsa.

Me miraba asombrado, con sus ojos bonitos de miope que en realidad ve más allá. Me enredé en sus libros y sus historias, en su sonrisa y sus “tonte-heridas”, en su mirada perdida que buscaban mis ojos verdes. Y me gustaba como soplaba mis párpados después de que el amor viniese a hacernos.

Yo llevaba toda la vida tirando la cáscara de la sandía que previamente había cortado en rodajas. Cuando no cabía en la bolsa la forzaba un poco y al final siempre cerraba. Y mira que era sencillo y nunca se me había ocurrido antes trocearla (si me lee, debe pensar que soy tonta. De hecho, si me leéis hoy, debéis pensar que soy tonta). Y ahora, cada vez que troceo la cáscara, me acuerdo de él.

Tengo ganas de verlo.

Qué sencillo podría se todo y cómo lo hago de complicado.

Cabárceno, Liencres y los refugiados del mundo.

En unos diez días se acaba todo. Cierro el curso. Aunque la mayoría piensa que todo se acaba con las clases, estos días han sido de absoluto “caos”, intentando acabar exámenes de recuperación, evaluaciones finales y preparar el fin de curso…. Agotada define bien el estado en el que me encuentro.

foto: Playa La Arnía en Liencres.

Ya he reservado donde dormir en el camino. Este año quiero enseñarle a Maria el parque de Cabárceno e ir a las playas de Liencres. Por un momento pensé ir a Somo, pero quedó descartado al imaginar la sorpresa de cruzarse con un padre desconocido.

Leo sorprendida en el diario del domingo que hay 60 millones de refugiados en el mundo. El otro día recuerdo haber discutido sobre la inmigración con un compañero de trabajo. Progre, ecologista, padre de familia…. Defendía que no podemos sostener tanta inmigración. Yo le cuestionaba la suerte que tenemos al haber nacido 15 km más al norte. Por el Estrecho, Europa y África están separadas por 15 míseros km. La diferencia entre nacer a una u otra orilla . Para algunos, son los 15 km más lejanos que hayan podido imaginar, porque se llena de vallas, de concertinas y de prejuicios. Nuestra máxima preocupación (al menos hasta hace poco) era dónde íbamos de vacaciones, qué coche nos comprábamos o a qué escuela llevamos a nuestros hijos. Pero para mucha gente, la máxima preocupación es saber cómo pueden cruzar esos 15 km que les separa de un cielo. O eso es lo que ellos creen. A ratos, este lado parece un infierno.

Pero en unos días, voy a bañarme en esa playa. Y todo parecerá que vuelva a empezar.

He conocido a Varoufakis

He conocido a Varoufakis. Vino a visitarme en sueños. Llevaba una manta de color malva y una peineta de la torre Eiffel.  Tiene las manos grandes y susurra en francés. Dice que vive en Madrid, que me vaya allí de una vez y deje de dar(me) vueltas como si fuera un derviche.

He hecho planes.Que voy a soñarte mientras esté despierta, que voy a despertarme con tu sonrisa y que quiero que me prometas que nunca más volverás a traer a la cama el café.

He soñado con tus orejas.

Duermo desnuda, rendida, después de un día de perros obligando a desconocidos a sentarse en fila y esconder sus teléfonos. Repetir sus nombres y escudriñar en sus miradas la falta de conocimiento. Les he obligado a entregarme papeles firmados.

Me huelen los pies a sandalia de vaca.

Me duele el alma porque he pedido al cielo alejarme de ti para siempre. Para siempre. Y ando deshaciendo la manta que tejí, pensando en nuestra vejez.

De inciensos, de cuerpos y razones.

inciensoDescubrí el Golden Nag Chandan en Madrid. Lo compraba en una tienda que se llama Piedra de Luna, que en realidad es una tienda de decoración donde siempre acabo comprándome pendientes. Un día, tenían de oferta el incienso en una cesta de paja y por pura curiosidad lo compré. No hay manera de encontrarlo en Sabadell, e incluso llegué a pedirle a algún amigo que me trajera de Madrid. Lo encontré por internet, en una tienda online que he puesto como favorito.  Al Golden se le han añadido unas cuantas cajas más, de diferentes tipos, pero ha llegado una caja de 12 cajas de 12 varillas cada una. Espero tener incienso para el resto del año.

Leo a trozos “Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer”. Fue el regalo de las chicas de la tribu para mi cumpleaños. He pasado del útero, del embarazo, de la menopausia… he ido directamente a la parte de Nutrirnos con alimentos, El poder del movimiento y Pasos para crear una salud vibrante. En cada momento, cada uno de nosotros escoge lo que necesita. “El exceso de peso son sueños almacenados. Existe el mito de que podemos almacenar tiempo. Las culturas primitivas almacenaban alimentos para el invierno. Nosotras almacenamos tiempo en las caderas”. Dra. Paulanne Balch.

Llegué a la antigymnasia buscando las razones del cuerpo. Estoy en el camino. Isabel me mostró a Thérèse Bertherat, y sobretodo, me está enseñando un camino para descubrir el cuerpo. Mutado y armónico. Repartiendo dolores y pesos. Sintiéndote más fuerte. El espacio donde todo es posible. El lugar donde todo es posible. Incluso el amor.

No quiero saber

Tengo un extraño vacío interior estos días. Más que un vacío es un “lleno” excesivo que me produce angustias y ganas de vomitar.

No quiero saber.

Estoy haciendo una especie de “exorcismo” que me aleje de tu alma. Pero la música y el ruido interior no me dejan continuar. La vida me resulta confusa. A pesar de que más o menos he trazado un camino, hay un rastro que me niego a olvidar. Siento que te alejas, que esta vez es de verdad, y que así tiene que ser. Pero me siento perdida, y sola, y triste. Y que el camino pierde sentido si tú no estás ya en él.

Y no, no quiero saber.

Borraré tu nombre. Tu estela. Tus músicas. Tus promesas.

Llenaré tus vacíos. Tus espacios en blanco entre tanta palabra.

Defenderé mi felicidad por encima de tu mirada de niño perdido.

Te querré siempre. Lo sé. Viene de antiguo. Y después y siempre, una y otra vez, viene de nuevo. Porque ya lo decía amado Galeano: la muerte es mentira

La creación


La mujer y el hombre soñaban que Dios los estaba soñando. Dios los soñaba mientras cantaba y agitaba sus maracas, envuelto en humo de tabaco, y se sentía feliz y también estremecido por la duda y el misterio.

Los indios makiritare saben que si dios sueña con comida, fructifica y da de comer. Si Dios sueña con la vida, nace y da nacimiento.

La mujer y el hombre soñaban que en el sueño de Dios aparecía un gran huevo brillante. Dentro del huevo, ellos cantaban y bailaban y armaban mucho alboroto, porque estaban locos de ganas de nacer. Soñaban que en el sueño de Dios la alegría era más fuerte que la duda y el misterio; y Dios, soñando creaba, y cantando decía:

Rompo este huevo y nace la mujer y nace el hombre. Y juntos vivirán y morirán. Pero nacerán nuevamente. Nacerán y volverán a morir y otra vez nacerán. Y nunca dejarán de nacer, porque la muerte es mentira.

Memorias del Fuego. Eduardo Galeano

Decía mi abuela que Dios aprieta pero no ahoga.

Ceno una lata de piña en su jugo, una bolsita de frutos secos crudos y un vaso de horchata bien fría. He comprado escalopes de tofu, pero no tengo ganas de cocinar.

Maria se queda a cenar y a dormir en casa de una vecina. Me ha dado el plano de su casa para que le haga el mapa de estrellas. Me va a presentar a un estudio de arquitectura. Me anima a que me dedique al Feng Shui en las empresas.

Tengo que adelgazarme.

Quiero llegar a Galicia. Me apetece caminar a través de los montes con la ría al fondo.  Ver a mi padre. Escribir y leer. Irnos a las playas frías: A praia do Vidreiro. A praia de Morouzos. La de San Anton de Espasante.  A praia de Arealonga. No hacer nada. Este año vienen muchos de mis tíos: el tío Pepe y Amparo desde Miami, la tía Rai de Málaga y la tía Carmen de Inglaterra. Quiero reunirlos en casa de los abuelos. Hacer una empanada y unas tortillas de berberechos. Hablar de las anécdotas que recordamos de la casa. Intentar no discutirnos. Rozar la hierba.  Hacer café en la cafetera de la abuela.

Tengo que corregir 25 exámenes de Aplicaciones web (con código), unos 40 de PL/SQL, 25 de Usabilidad y unos 100 ejercicios de Inglés técnico (estos me los voy a mirar por encima). Pero aquí ando, escribiendo, escuchando música, viendo fotos y echando de menos un paisaje.

Hemos vendido el piso de mis padres. Es un respiro. Porque Dios aprieta pero no ahoga. Ya lo decía mi abuela.