La Tita Valle y el punto del revés

Hace frío. No ha llegado a nevar porque estamos en una parte del mundo que apenas nieva, y eso que en Madrid ha caído la nevada del siglo y estoy llena de envidia con las fotos que mis amigos (los pocos que aún me quedan allí) me han enviado. Pero hace el suficiente frío para elegir manta y sofá en vez de montaña o playa. Además, teniendo en cuenta que sufrimos un confinamiento perimetral, se nos complica la montaña y sobretodo la playa.

Yo elijo tejer. Tejer y hacer caldo. Si tuviéramos chimenea, o cocina de leña, sería muy propio, pero a falta de, tiramos de calefacción y una buena vista de la ciudad. Así que cojo las agujas de tejer y busco ovillos de lana. Encuentro unos preciosos de alpaca y merino que compré hace tiempo y aprovecho para aprender a tejer un jersey para los muñecos de Sara empezando por el cuello. Es coger las agujas de tejer y parece que la tita Valle me vaya indicando los puntos. Los veranos que pasaba en casa nos sentábamos las dos en el patio, en unas sillas plegables de rafia, de esas que ahora la gente lleva a la playa. Eran bajitas, porque las dos éramos bajitas (yo porque era una niña y ella porque era pequeña) y con toda la paciencia del mundo me enseñó los puntos básicos: del derecho y del revés. Ella era una máquina de tejer. Diría que era su forma particular de rezar y hacía todo tipo de labores preciosas y sobretodo para bebés y para nuestros muñecos. El punto fue nuestro lenguaje durante mucho tiempo. La forma de estar junto a ella y ella sentirse feliz por enseñarme. Recuerdo que me costó especialmente aprender el punto del revés. Y ella, con infinito amor me lo explicó mil veces. Luego vendrían las combinaciones: el punto de arroz, el punto elástico, las trenzas, el punto de perdiz… cerrar la labor o añadir puntos. Lo que ella no sabía era combinar los puntos para hacer dibujos (los cosía encima), así que llegó un verano en que fui yo la que le enseñé a hacerlo y llegamos a dibujar letras en un jersey. Pero yo no hubiera sabido nunca tejer si no llega a ser por la Tita Valle y el punto del revés.

En días fríos como hoy, cuando escojo las lanas y las agujas de tejer, aún puedo escuchar su voz y puedo verla. Si la siento cerca, la echo menos de menos. La tita.

El extraño ritual de preparar un viaje a Galicia con Arsuaga

Viajo a Galicia todos los veranos desde que tengo conciencia. Mi padre, de forma meticulosa, unos días antes del viaje se hacía una lista con todos los pueblos por los que pasaríamos durante la ruta escogida. Mi parte pragmática me dice que le hubieran bastado cinco o seis rutas y seguramente eso cubrirían todas las que habíamos hecho durante tantos años, así que sólo necesitaría hacer copias. Pero cada año aparecía un nuevo camino en la Guía Michelín que él solía comprar más o menos en marzo. Los escribía en una hoja cuadriculada, con letra gótica, esa letra de caligrafía que sólo los más antiguos saben hacer. Mi padre tiene una letra de seminarista, curtida con los años, una caligrafía clásica aprendida en los años escolares, con plumilla y tinta y seguro que muchos golpes con la regla. Mi madre solía encargarse de la comida. Yo no recuerdo verla en la cocina cocinando, pero por arte de magia durante el recorrido siempre encontrábamos algún trozo de yerba donde estirar una manta y de una bolsa salían una tortilla de patatas y filetes empanados.

Mis viajes son más pragmáticos y no suelo llevar comida (excepto si viene la tieta, que ejerce el papel de mi madre haciendo filetes y tortilla de patatas). Yo soy más de parar en algún sitio a comer, aunque sea una mierda y nos cueste un pastón (como suele pasar en las autopistas), pero es la excusa para descansar y desconectar del volante. Y que me sirvan, en vez de estar sirviendo yo. Las últimas experiencias han sido un fiasco: bocadillo de jamón (9,95€), hamburguesa con tomate y queso (12,25€) o unas patatas fritas (4,95€). Un horror, porque ni el tamaño, ni el sabor se corresponde con el precio…. así que aquí estoy, haciendo tortilla de patatas y filetes empanados. Más teniendo en cuenta que es de risa lo que me voy a ir encontrando: busco y rebusco a qué horas puedo encontrar un bar por el camino para tomar un café o desayunar, más o menos a la altura de Zaragoza…. ¿nos dejaran parar en Zaragoza?. Llevamos unas PCR negativas y un certificado autoresponsable…. certificado autoresponsable de desplazamiento de entrada y salida de Cataluña por la crisis sanitaria causada por la COVID-19 (aunque estamos en la cepa 20, y parece que entramos en breve en la 21….). Lo releo y me da la risa. Hay una opción: “Del 23 de diciembre al 6 de enero de 2021, ambos incluidos, desplazamientos de entrada y salida de Cataluña a lugares de residencia habitual de familiares o personas allegadas”. Lo de personas allegadas no está claro. Tampoco tengo claro si podremos desayunar en Zaragoza, comer en Burgos o dormir en León, ni siquiera si podremos entrar en León, o si necesito también un certificado autoresponsable para cruzar la Península. O uno para cada comunidad que atraviese.

Estos días estoy leyendo a Arsuaga. Me gustaría hacerlo de un tirón, pero confieso que no puedo, como antes, quedarme hasta las tantas leyendo o pasar la tarde en un sillón…. tengo que buscar huecos entre hacer comidas, lavadoras, comprar y tomar decisiones… (que también necesitan su tiempo), así que a ratos me desconecto, pero confieso que el libro que han escrito él y Millás me está apasionando. La vida contada por un sapiens a un neandertal. Y descubro al sapiens paleontólogo en algún que otro escrito y en entrevistas y me fascinan sus reflexiones. Puedo subrayar y subscribir alguna de sus frases. A saber:

“A lo más que puedes aspirar en la vida, si no eres vasco es a ser celta”

“Hay muy pocos biólogos creyentes, pero los físicos y los matemáticos no dejan de preguntarse que hostias pasa. ¿Qué pasa para que funcione todo con la precisión de una máquina, con un lenguaje que se puede representar con ecuaciones muy simples?”

“La Historia tiene pautas, progresa de acuerdo con determinados patrones que se repiten. Mark Twain decía que la Historia no se repite, pero rima. Es un modo literario de decirlo”.

Pero en realidad, casi cualquier cosa que leo de él, me hace esbozar una sonrisa. Como alguien que te saca al exterior una verdad absoluta que tú sentías en la piel pero no te atrevías a expresar con palabras. Qué fascinante pueden ser las palabras. (Y la tortilla de patatas)

Lo que tiembla

Leo en algún sitio “yo valoro lo que tiembla” (Efi Cubero) y me doy cuenta que yo también. Lo que tiembla tiene que ver con la emoción (de dar o recibir un regalo, de dar o recibir amor, de dar o recibir un abrazo a tus hijas, de dar o recibir una buena/mala noticia….). A pesar de mi formación, analítica y organizada, yo soy emocional y caótica. Así que muchas veces, más de las que me gustaría, tiemblo por dentro. Mi mente analítica me dice que evite el temblor. Pero las entrañas me rugen y me empujan a seguir sintiendo, porque, me digo, eso es la vida. Aunque en algún momento me falte el aire.

Breathe. Just breathe and take it easy.

Dos horas y diez minutos más tarde me encuentro en el cruce de Passeig Sant Joan con Casp. Mal aparcada, en una esquina imposible, un tipo me acerca un libro por la ventanilla. Cosas del Wallapop y de mi afición por acumular libros que luego no encuentro momento para leer. Pero pienso: “Llegará un tiempo, en que pueda sentarme junto a la ventana a leer….”. Así que me hago con un ejemplar de Sapiens, en inglés (aunque es una gilipollez, porque fue escrito originalmente en hebreo) pero, me digo a mí misma y a Guillermo (que es el tío que me lo vende) que así practico, que tengo el inglés oxidado y me da mucha rabia ir perdiéndolo. Guillermo se lía (a pesar que estoy mal aparcada) y me hace una lista de apps, páginas web, recursos para aprender inglés… También me habla de otros libros de antropología, como Orígens, que él estudió alemán en la EOI cinco años y que su novia vive ahora en Austria. Todo así, en cinco minutos. Como si tuviese la necesidad de vomitarle al otro su vida entera. En otro momento, le hubiera dicho de irnos a tomar un café, porque lo veo tan solo, tan majo y con tantas ganas de conversación.. pero tengo ganas de llegar a casa y quitarme ese temblor interior.

Lloro bajito en el coche. Lo justo para volver a respirar. Yo era de grandes llantos, pero ya no. Winter is for lovers, dice la guitarra de Ben Harper. Creéte sólo la mitad. Porque el mundo es una gran mentira, y sólo los justos dicen la verdad. Aún me sorprende viajar por una ciudad en que todo el mundo va con mascarilla y pienso en la absurdidad de este momento de la historia y en los intereses escondidos de una vacuna universal. Sigo pensando que es más útil hacernos antes un test serológico y descartar esa persona para ponerle la vacuna, entre otras cosas porque es más barato y resulta innecesario gastar una vacuna en alguien que ya tiene los anticuerpos (¿no era esa la finalidad de las vacunas?).

Close your eyes. Put your head on my shoulder and sleep. Mañana me gustaría despertarme en London, o en Vancouver.
Close your eyes,
when you open them dear I’ll be near
by your side

De canciones y músicas

Estrellita me envía una versión de Jardin d’Hivern que fue una de nuestras músicas compartidas y descubiertas. Y entonces me vienen a la cabeza todas las músicas que nos descubrimos en aquel tiempo. Y también me viene al a cabeza aquel tiempo, así, sin música.

Años más tarde, descubrí con el poeta que podíamos compartir los espacios y las músicas de otra manera, enredándonos entre palabras. Y aún retumban nuestras voces en las esquinas de este espacio semiabandonado: Despacio y comunes. Él decía que las palabras me adoraban aunque yo siempre lo dudé.

No concibo la vida sin música. Podría recorrer el camino emocional en el tiempo según las músicas que me han acompañado. A mí me sirven últimamente para huir de la tristeza en que me instala la rutina, así que descubro que ahora escucho más música comercial y trivial, que también guardan algunas sorpresas. Desde pop ligero español, con grupos indies que comparto con mi hija mayor (me emociona especialmente sentir que tengo una hija pequeña, ahora ya oficialmente) a música latina más comercial, a canciones “bonitas” de cantautores actuales a pequeñas joyas del jazz.

Ecléctica, últimamente viajo con:

Otro grupo enorme son esos trocitos de series o películas, con música o danza incorporada que te transportan a la alegría. Me quedo con: (y quizás en este orden)

De matemáticos y otros animales

Los matemáticos escribimos siempre sobre otros matemáticos. Hay una cierta admiración entre nosotros, no se puede evitar. Así que si alguien menciona a Hardy (Godfrey Harold) a Claudi Alsina o a Pitágoras (por citar a tres divulgadores matemáticos de diferentes tiempos) tú sientes en el interior que formas parte de ese grupo extraño de animales a los que nos gustan (nos apasionan) las matemáticas, aunque no ejerzas como divulgadora o no seas una gran comunicadora.

Una de esas charlitas que les meto a mis alumnos algún día tonto es la de Eduardo Saenz de Cabezón: las matemáticas nos hacen más libres. Sobretodo cuando llevan varios días preguntándome para qué sirven las matemáticas. Pero si navegas un poco encuentras unas cuantas conferencias interesantes. Algunas que os recomiendo:

Por qué las matemáticas son sexis, de Cédric Villani. Villani, además de haber sido un matemático que ha ganado una medalla Fields es también diputado en la Asamblea Nacional Francesa. Es un tío curioso, que suele llevar un lazo en vez de corbata y un broche de araña en la solapa. Es sabido que las arañas construyen su tela con precisión matemática. Una mira a Villani y descubre que los matemáticos también pueden ser sexis (ser francés también dará puntos, supongo).

La descripción de cómo Mohamed Jebara descubrió los números imaginarios (This company pays kids to do their mathematical homework) tampoco tiene desperdicio.

Las pelis también sirven para divulgar y hacerlos a ellos (a los matemáticos) y a ellas (las matemáticas) más cercanas. El hombre que conocía el infinito (buscad un enlace mejor, donde disfrutéis de la relación entre Hardy y Ramunujan) o The Imitation Game, que nos acerca a la vida de Alan Turing (además de una genial interpretación Benedict Cumberbatch, al que adoro)

También me fascinan los profes de picar piedra (ahí me incluyo yo, aunque dentro de todo este grupo, en el escalón más bajito). Los que se rompen los cuernos día a día para llevar actividades a sus aulas y hacerles entender la abstración a los alumnos (sean del curso que sean). Grandes maestros son (han sido y lo serán siempre) Anton Aubanell (y sus pompas de jabón) o Maria Antonia Canals que se dedicó más a las matemáticas en primaria, o Miquel Albertí (con el que tuve la suerte de compartir un trocito de curso pasado). Miquel tiene sobretodo una narración de las matemáticas que hace que sus clases sean únicas.

Aunque si a mí me emocionaba escuchar a alguien sobre aprender/enseñar, era Sir Ken Robinson. Murió este pasado agosto, pero dejó un legado sobre qué quiere decir enseñar y cómo hacerlo de forma creativa y apasionada. Imprescindible (entre otras) su charla “Enseñar es un arte”.

Lopapeysa

Cuando llega el frío tengo unas ganas inmensas de tejer. No sé si es por las veces que hemos visto en las películas la imagen bucólica junto a una chimenea pero me imagino pasar el invierno tejiendo junto a la ventana mientras fuera hace un frío terrible.

Y si hay algo que tengo ganas de hacer desde hace tiempo es un Lopapeysa, un jersey típico de Islandia, así que me pongo a buscar modelos, patrones, lanas…. y voilà.

Dejo aquí los enlaces.

Video 1 donde explica cómo calcular la lana que necesitas y cómo tejerlo

Fair isle knitting Pinterest

Lanas islandesas.

Lana Merino de Castilla

Lana Xisqueta del Pirineu

Manual de punto Fair Isle de Alice Starmore y su website

Los amigos que curan el alma

Puedo presumir de que todos mis amigos me curan el alma. Parece obvio, pero no lo es. Quizás por eso están tan escogidos y no tengo tantos. Conozco mucha gente, es cierto, porque a lo largo de la vida te vas encontrando, pero amigos de esos, amigos a los que de vez en cuando necesitas ver para que te calmen por dentro, de esos tengo muy pocos. Y si entre ellos hay uno es Jose (así, sin tilde).

Él es el que me recuerda siempre que somos seres de luz. Que somos energía. Que no importa que quieras una casa o un coche o tener hijos… que todo es provisional y poco trascendental. Medita, toma probióticos y le gusta The Cure. Es el tío más “óscuro” que he conocido, y a la vez el más luminoso. Siempre ha tenido mucho éxito entre las mujeres y sin embargo él prefiere los hombres. Recuerdo que mis amigas siempre me decían lo guapo que era (y sigue siendo) y a mí me hacía mucha gracia, porque aunque nunca le ha hecho ascos a nada, sabía que era bastante más difícil de lo que parecía.

No necesito que me cuente mucho, ni que me escuche mucho. Es de esas personas que sólo con su presencia me vale. Podemos estar leyendo juntos o escuchando música, sin hablar y sé que está ahí, escuchándome. Hablamos del alma, de energías, de visiones, del futuro… “El futuro es un aliado”, me dice. Y a mí me despierta algo dentro, como una gran verdad. “No sé porqué estamos preocupados, si todo lo que pasa es para estar mejor, en serio”. Y me lo creo. Porque lo ha visto en sus sueños.

Scoby

Me habla de las conexiones, de la gente que nos acompaña, de la necesidad de seguir aprendiendo… Apenas nos contamos las anécdotas de la rutina y de nuestra vida diaria. Con él no hace falta. A veces siento que estoy delante de un asceta, y aunque al final siempre hablamos de su último ligue, del trabajo, de Estrellita (él lo llama el Siete. Desde que lo conoció que me dijo: “cómo puedes enamorarte de un 7, tú!. Si es un siete de libro”)… en realidad podríamos despedirnos sin esas cosas mundanas.

Me regala un scoby, que es el hongo para hacer té kombucha. Yo creo que lo he matado, porque ahora no flota…. Siempre que vuelvo de su casa me dan ganas de ser más jipi. Comer mejor, aprender yoga, volver a meditar… esas cosas que a él le salen de forma natural. Menos mal que después se me pasan :-)

Aceitunas negras

Aquel año recorrimos Turquía. Ankara y la Capadoccia para luego irnos al sur. Luego bordeamos la costa hasta Estambul. Una de las ciudad al sur fue Antalya. Si buscas en internet, verás una ciudad turística con un casco antiguo precioso a orillas del Mediterraneo. En verano se llena de turistas alemanes borrachísimos, cual Lloret . Qué extraño respiro esta pandemia, que no nos deja respirar….

En Antalya paramos en una casa privada, en el centro. Siempre tuve curiosidad por “reencontrarla” (la casa). La dueña era matemática pero había estudiado arquitectura para hacerse la casa (o eso nos explicó, aunque con el tiempo lo dudé: tienen los turcos una extraña capacidad para decirte lo que quieres escuchar, que no es mentir, sino cumplir tus expectativas…). La casa tenía un patio oculto, que recuerdo enorme y lleno de columnas, como un claustro. Pero por curiosidad, rebusco entre mis libretas de los viajes, y que no toco desde hace muchos años y la encuentro: Ani Pansiyon. Y rebusco en las fotos en internet y nada es como recuerdo: ni las habitaciones, ni la enorme escalera, ni el patio salvaje lleno de plantas. Ahora está todo mucho más controlado, y tiene una piscina y una barbacoa…. Es posible que haya cambiado (fue el verano del año 2000) o que mis recuerdos hayan convertido la realidad en otra cosa. Lo que sin duda fue tal y como lo recuerdo, fue que en nuestro primer desayuno en aquella casa en que nos sirvieron (entre otras cosas) aceitunas negras y sandía. Desde entonces no me resulta extraño desayunar con aceitunas negras. Han de ser negras, eso sí, como las de la mamma Marisa.

Daruma

Un Daruma es un muñeco tradicional japonés sin brazos, ni piernas y normalmente sin ojos. Se dice que se utilizan como “amuletos” cuando quieres conseguir un objetivo. Al marcarte el objetivo le pintas el primer ojo y cuando lo cumples, el segundo. Se tienen que colocar en un lugar visible de la casa, para que tengas presente y focalices el objetivo a conseguir. Si no se logra el objetivo se debe conservar los Daruma de objetivos no logrados, para tener presente que no somos invencibles.

foto “anónima” en la red

Echo está en China, pero Estefanía, la chica que la substituye en el taller de cerámica en Eko Ceramics nos ha propuesto hacer un Daruma. Como idea me encanta. Y objetivos tengo unos cuantos….

Eso que llaman tristeza

Tiene que ver a veces con las canciones que escuchas….Como esta versión (más triste todavía que la original de Pablo Milanés): El breve espacio en que no estás, por Katie James y su guitarra. Con los libros que relees: Cementerio de pianos, de José Luis Peixoto (sí, está descatalogado). O incluso con las películas que vuelves a ver: Once.

En todo lo que últimamente toco, se respiran ausencias. Se respira tristeza. Y no sé si es cosa del post-confinamiento en el que aún estoy instalada, pero siento más que nunca algunas de esas ausencias. Así que voy a permitirme recordar algunas cosas.

“Well, you have suffered enough
And warred with yourself
It’s time that you won

Take this sinking boat and point it home
We’ve still got time
Raise your hopeful voice, you have a choice
You’ve made it now”

  • Algunas fotos de Maria niña. Más niña.

Captura

(c) Foto de Juan González/

  • Una entrevista aJosé Luis Peixoto, que es uno de mis escritores actuales favoritos. Su prosa es poesía, y su poesía es una ventana al abismo.
  • El olor a lluvia, a eucalipto y a yerba recién desbrozada.
  • El abrazo cálido que me falta de algunos amigos. De algunos de mis mejores amigos  a los que, extrañamente, no puedo llamar. Llámalo bloqueo emocional.

 

Captura

(c) foto de Koldo, puerta de Santiago de Compostela

Y la extraña sensación de que, a pesar de todo (de los años, de los daños…)  lo mejor está por llegar (y esto es un grito desde el fondo, a la esperanza)