Tú, que siempre me haces pensar

Ayer me hiciste pensar. Tú, que siempre me haces pensar. Yo no pasé una “crisis de los 40″. No tuve necesidad de comprar un descapotable, ni de hacer el “viaje de mi vida”. Maria tenía unos tres años, así que no me dio tiempo. Sí recuerdo los 30 y no sé porqué lo recuerdo como algo negativo. El innombrable me preparó una fiesta sorpresa y me vinieron a recoger al instituto donde estaba entonces trabajando con un enorme ramo de rosas. Igual en ese momento aún me quería. Tampoco lo recuerdo. A veces, siento que he perdido la caja donde guardaba los recuerdos buenos con él.

Luego estuve haciendo repaso de cómo se quitaba la camiseta y cómo orinaba, si de pie o sentado. Acepto tu tesis que son dos buenos argumentos para enamorarse de un hombre. Sólo he conocido a uno que se quite la camiseta desde la nuca y que mee sentado. Da la sensación que son justo los que no tienen que demostrar nada (aunque lo demuestren todo). Me enamoré de él y aún sigo enrocada en una historia que no existe pero no me deja avanzar. Los amores más poderosos surgen de nuestra propia cabeza, aunque en realidad la vida debe demostrarse con hechos y no con palabras. Él es un hombre lleno de palabras. Al menos conmigo. Y sí, tienes razón en algo. (Confieso que he entrado en el feis para encontrar la frase exacta). Yo escribí algo que había leído en algún sitio, o alguien me había dicho: “Cuando te permites lo que te mereces, atraes lo que necesitas..” y tú me contestaste: “aquello que la vida me trae, es lo que puedo tomar”. Dijiste algo bonito también, sobre mí. Eres sin duda una de las mujeres que traes a mi vida lo que necesito en este momento, las palabras que tengo que escuchar y las reflexiones (y decisiones) que tengo que sentir. Te echaba de menos.

Y estos días la rutina puede conmigo. Exámenes, corregir, cerrar los cursos, decidir si quiero (o no) continuar en el IOC el próximo curso. En realidad querría: dormir más, comer menos, hacer más ejercicio, ir más a la playa y a la montaña, escuchar más música, leer más, querer más….

La vida debería ser más fácil.

Esta canción me emociona terriblemente…..especialmente cuando sube, a partir del minuto 2:52. Ese trocito, deberían subirlo al cielo de las melodías.

Internet. Las redes sociales. Las otras cosas.

Como muchos de nosotros creo que pierdo mucho tiempo buscando cosas inútiles en internet. Desde pisos que nunca voy a alquilar/comprar, a textos que nunca voy a leer, a ropa que nunca me voy a poner…. Navego sin rumbo concreto. Y empiezas mirando una cosita y acabas en vete a saber dónde. Leyendo, en el mejor de los casos, algo interesante.

Pero el otro día llega una propuesta, desde el otro lado del mundo. Un amigo cuelga en su muro de Facebook: “My 30 days with no Facebook in my life start… now!!”. En privado llega la propuesta de hacer lo mismo. Es algo así como un reto. Yo, sinceramente, no creo que sea capaz, pero voy a intentarlo. Últimamente ando curioseando en los muros de mis ex. Así descubro que uno de ellos ha tenido dos hijos y se dedica a la fotografía. El inombrable está en plena campaña política, como imaginaba, pero ha acabado discutiendo con un amigo del alma (si es que tiene, alma, me refiero). O el padre de Maria está mucho más montañero que nunca.  No sé si hacerles llegar a todos ellos un resumen de la privacidad en las redes sociales… o simplemente (mucho más sencillo) dejar de curiosear donde ya no toca, porque en realidad no me parece sano y no me está sentando bien.

Estoy convencida que esa media horita que antes le dedicaba al placer de picotear aquí y allá, mirando fotos, leyendo artículos que unos y otros escribían, o mirando los comentarios de los amigos que cada uno conserva, voy a poder dedicarla a cosas mucho más productivas. De momento, en la mesilla de luz (palabra adoptada de Zoe) se me acumulan algunos libros interesantes. A saber:







Eso, y un montón de otras cosas que tiene la vida real….

Cristina Gayarre

Descubrí su obra aquél verano en la Casa de la Cultura de San Lorenzo del Escorial. Así, como por casualidad, acabamos viendo una exposición suya.  A Maria le encantó una de sus litografías e incluso le hice una foto delante de ella. También había muestras de gubias y linóleos y yo me acordé del tórculo de Rabel. La litografía se llamaba Sembrando y según la propia Cristina “… es un grabado que representaSembrando a una mujer creando luz en su vida, y esa luz que da luego le  vuelve…” Debe ser por eso que nos gustó a las dos. Le propuse que sería mi regalo de cumpleaños, aunque llegado su cumpleaños prefirió muñecas y libros, y me pareció más propia de su edad. Así que me la he regalado yo para el mío.

Ha llegado hace unos días, y ando pensando cómo emmarcarla.

Me fascinan sus mujeres porque las mujeres somos fascinantes.

Los lugares en que fuimos felices

Uno regresa a los lugares donde fuimos felices. Quizás por eso vuelve uno a los lugares de la niñez, esos que te devuelven a la ternura, al calor de la madre, a los paisajes donde sucedieron los abrazos, allí donde te dieron el primer beso, la primera mirada de amor (…) Uno regresa a los sitios que nos hicieron sentir bien, esperando que vuelvan a suceder los hechos que nos hicieron sentir bien.  Yo regreso a Galicia todos los veranos. No sólo porque vuelva a ver a mi padre y a mi familia paterna, sino también porque me devuelve el cielo y el mar de mi infancia. E intento regresar a Madrid, una vez al año, porque ha sido el lugar donde me he sentido más libre, haciendo en cada momento lo que quería hacer y no lo que tenía que hacer. Lo que cambia la vida una perífrasis. Siempre me he preguntado como funciona la memoria. Qué somos capaces de guardar. Porque hay lugares donde he sido feliz pero también he sido muy infeliz y a esos no, a esos no quiero volver. Tanto que cuando he ido a recoger a Carlitos alguna vez a Badia, lo he esperado dentro del coche, sólo porque no quiero volver a pisar la ciudad que más dolor trajo a mi vida.

Siento ahora que ando en “tierra quemada”. Estos son mis últimos cartuchos y no quiero que me quede esa sensación con esta ciudad.  Quizás deba construir memorias para Sabadell, que me ha traído muchas cosas buenas: aquí nació mi hija y aquí la estoy criando, en una especie de semitribu urbana…., pero que también despierta desasosiego continuo. No puede sorprenderme ya. A mí me gustan las ciudades que siempre guardan rincones. Quizás por eso Madrid me parece sorprendente. O ayer, que estuvimos en Badalona, y descubrí rinconcitos, plazas, algún bar, un restaurante espectacular (Caruso Rusticante)…. y sin siquiera tocar la playa, me hizo pensar que cualquier lugar puede ser más hermoso que el sitio donde ahora vivo.

En Sabadell, eso sí, he descubierto gente maravillosa. Sobretodo mujeres. Las que me acompañan cada día con mis neuras como Aida o Bea o Trini o Rosa. Siempre hay mujeres por descubrir y el otro día me volvió a sorprender otra.

Pero los lugares, lo físico, el entorno…. esta ciudad no, esta ciudad no acompaña.

Atlas de Islas Remotas, la medicina china y la otra.

islas“Este atlas no es, por lo tanto, un manual de geografía, sino un proyecto poético; y parto de la siguiente premisa: una vez que resulta posible viajar alrededor de todo el globo terráqueo, solo nos queda un reto: permanecer en casa y descubrirlo desde allí” Judith Schalansky.

Es una fiesta especial Sant Jordi: nos regalamos libros y rosas y nos felicitamos el día unos a otros. El Atlas es un libro hermoso: con una encuadernación cuidada y lleno de historias y datos de islas “en las que nunca estuvimos y a las que nunca iremos”. Quizás porque yo de niña tenía también pasión por los atlas y los globos terráqueos, que cualquier libro que habla de mapas me llama la atención. Pero además, este está lleno de poesía, y de historias, y de datos: la distancia más cercana a tierra firme, el número de habitantes (algunas están deshabitadas), una breve historia en forma de linia de tiempo de los descubrimientos y hechos importantes sucedidos en cada una de las islas y un mapa geográfico de las mismas. No podía ser más bonito.

Y, en este extraño descubrimiento que resulta el compartir, Dawn me diagnostica con su medicina. Yo la llevo en el coche a la clase de Feng Shui y le ayudo con la informática y ella me trata como paciente. Lleva más de 20 años ejerciendo, y se nota. Me fascina la gente que se dedica a su oficio con pasión. Me toma el pulso, me mira la lengua, me llena de agujas, me sonríe. Tienes tanta rabia dentro…., exclama.  El hígado, el corazón. Le cuento que tengo roto el corazón, que estoy vacía por dentro. Vamos a trabajar esa rabia en el hígado, la ansiedad para tu hambre y tú tienes que reconquistarlo, me dice. O no, le contesto. Me receta Natrum muriaticum. Mientras leo sobre mi medicamento constitucional no dejo de llorar. Todo lo que leo ya lo sabía: me lo había contado Alicia, hace algún tiempo.

También el cardiólogo habla de roturas del corazón. Válvula aórtice bicúspide y aneurisma de aorta ascendente. Es hereditario. Puestos a recibir herencias, preferiría un barco.