Mompou

Descubro a Mompou en una exposición que organiza el Espai Unnim. El comisario de la exposición es Adolf Pla, un músico local, intérprete de Mompou, y yo me pregunto por qué no voy más a menudo a curiosear en las (pocas) galerías y salas de exposiciones de esta ciudad, burguesa y pequeña pero con intenciones, con la misma devoción que me recorría los museos y las salas de Madrid cuando vivía allí.

De Mompou me ha gustado especialmente la interpretación del vacío y del silencio y un  puñado de frases bien escogidas que el autor dijo en algún momento.

Mompou

 

Luego hemos pasado por el Librerio de la Plata. Hemos echado de menos a Cecilia, su voz y sus ojos claros. Hemos comprado los libros que no compramos en Sant Jordi (vamos retrasadas en las lecturas). Maria ha escogido “Ottolina va al colegio” y yo he encargado un libro de Anne Michaels que tengo pendiente desde hace tiempo. Ahora que he decidido volver a escribir de verdad. Lo dicen las estrellas.

“La inteligencia estará siempre sumergida en la duda entre dos verdades opuestas”.

“Recomenzar, con todo lo que ya sabemos”.

“No somos libres de pensar lo que queremos. Pensamos lo que sentimos”

F. Mompou

Echo de menos

Echo de menos tus ojos azules. No, no son tus ojos. Es tu mirada la que echo de menos. La mirada de la madre que todo lo puede y es capaz de empujarte hasta donde tú sola no eres capaz. Quizás por eso el domingo, a pesar del cansancio, fui a buscarte. Necesitaba mirar en el fondo de tus ojos y descubrir, como tantas veces, que sigues creyendo en mí y que sólo por eso vale la pena intentarlo.

Después lloré. Lloré recordando otros tiempos. Aquellos en los que entrabas cantando en la residencia y yo, pudorosa, te pedía que no lo hicieras. Tú te reías y me decías: “Si a mis viejos les gusta”. Y sí, todos te querían y sonreían. Aunque fuesen otras las que los llevaban al water o les daban de comer.

Echo de menos tu energía. Tus ganas de vivir, de viajar, de hacer.

Y me agobia enormemente que  continuamente me digas que me quieres, aunque siempre he sabido que era así, porque antes no me lo solías decir, y ahora es lo que más repites. Como un mantra, instalado en tu cabeza. A pesar de eso, prefiero que lo sigas diciendo. Quizás por eso entiendo tanto a Aida, cuando dice que echa de menos a su madre. Porque no sé dónde voy a mirar cuando tú ya no estés.

Mi destino se pone en pie

Estoy promiscua en la escritura.

Pero no es eso. No. Puedo escribir y hacer como que no me lees.  Pero no es eso.

Se acumulan las canciones en mi cabeza, mientras una resuena continuamente desde hace unos días en mi lista de Spotify. Cuando digo “una y otra vez” quiero decir eso. Que puedo escucharla diez veces seguidas y volverla a escuchar. Y cada vez que Joan Dausà dice “el meu destí es posa dempeus“, algo retumba dentro de mi corazón. Cuando digo dentro de mi corazón quiero decir eso. Como si me estuviera creciendo un grano en el epicardio.  Como si mi destino fuese a ponerse en este mismo instante en pie. ¿De dónde sacan los poetas esas metáforas? La metáfora viene del griego y significa más allá. Descubrí hace poco el arte de la etimología y no puedo evitar buscar los orígenes de las palabras que me repito. ¿Cómo puede “ponérsete” el destino en pie?. Porque llega y entonces te dice: “aquí estoy… a ver qué vas a hacer ahora conmigo”. Y añade indignado: “¡Idiota!”

Kasperle

El Innombrable me regaló un libro de Kasperle. Un día el Innombrable dejará de ser innombrable y no se nombrará más. Lo sé.  Juraría que fue el último regalo que me hizo, aunque no lo recuerdo bien. Sí recuerdo que me dijo: “Escribe, que tú lo haces bien”. He hecho una lista de momentos en que alguien me dijo: “Escribe, que tú lo haces bien”. Y aunque él ha salido el primero, no fue el primero, y la lista es larga.

Y uno escribe porque ha leído. Uno escribe mal o escribe bien o escribe para otro o escribe para uno porque necesita amar. Porque como dice Anne Michaels, lo intelectual va unido a lo sentimental. O igual lo dijo al revés, pero yo lo entendí así. Porque una lee, luego interpreta y entonces escribe. A veces piensa. A veces no. A veces se entiende. A veces no. A veces alguien te deja un comentario, o un me gusta. A veces no.

A veces el destino se pone en pie. Entonces hay que mirarlo de frente, sin miedo, tomarte un caramelo de menta, sonreirle y aceptarlo. Porque lo que es, es. Y no vas a poder evitarlo (todas las vidas).

 

 

Cuando te sueño

Tu madre nos hace foie con cebolla caramelizada. Puestos a soñar, qué mejor manjar. Tú le sueltas: “¡Anda, mama!” (así, sin tilde) y le arrebatas un enorme cuchillo y te pones a cortar cebolla como si fueras el mejor chef del mundo. Ella me mira, con aquella mirada de complicidad que sólo pueden tener dos mujeres enamoradas del mismo hombre, con aquella mirada que nos intercambiamos el primer día que nos conocimos, y me dice (otra vez), bajito: “Mi hijo es muy bueno, pero muy fanfarrón”. Yo sonrío, y tú miras al cielo. “Como su padre”. Añade. Y cierras los ojos, arqueas las cejas y mueves la cabeza, en ese gesto tan tuyo que quiere decir “No hay remedio”.

Y ya en la cama, Maria duerme a mi lado. Tú te quitas la camiseta, arrancándola por el cogote. Queda un sitio minúsculo entre la pared y mi vientre. Te pregunto si prefieres dormir en otra cama. “No”, me dices como otras veces, “prefiero dormir con vosotras”. Y te acurrucas junto a mí y nos dormimos abrazados.

Cuando te sueño te echo de menos.

 

De escribir (o no)

Sigo con el curso de FengShui, aunque ando algo bloqueada.

Hemos empezado la parte de Bazi (ya llevamos algunas sesiones). Es la parte que quizás menos me gusta, y menos “me creo” y , sin embargo retumba mucho en mi interior. Si no me lo creyese del todo, no me molestaría. Y sí, salgo molesta de las clases, de los comentarios de Natividad (mi maestra de Feng Shui) y de las interpretaciones de mi carta de pilares.

La carta de pilares viene a ser una especie de carta astrológica, pero va un poquito más allá, diseñando el mapa de ruta del alma. Sin entrar en adivinaciones. Yo, que siempre he puesto mucho énfasis en distinguir la astrología de la astronomía, me veo envuelta en una túnica que no tengo muy claro quiera vestir. La interpretación de las cartas es bonita, y forma parte del autoconocimiento. Si te dejas fluir, puedes darte cuenta que en algunos momentos alguien te intentó hacer ver que tu vida (profesional) debería haber ido por otro camino y tú no hiciste caso. Por eso, quizás, llegan de vez en cuando las crisis. Porque al final uno toma el camino “fácil”: haz una carrera con futuro, escoge un trabajo seguro, consigue un horario tranquilo, algo que puedas conciliar…. Y lo he hecho con todo el amor que he sabido ponerle, y he sido muy feliz en mis clases.

Ella no sabe lo que me ha afectado algo que me ha dicho: “Esta carta es la carta de un escritor”. Y entonces, vienen a mi memoria diferentes momentos de mi vida, como si alguien me hubiera ido avisando. Como aquella vez que una de mis profesoras de literatura, en el instituto, se enteró que iba a estudiar matemáticas y  me dijo, advirtiéndome: “Fátima, tú tienes que hacer una carrera de letras. Y dedicarte a escribir”. Dejé pasar ese ángel. Aunque llegaron otros, vestidos de diferente manera.

Siento que he ido esquivando la vida. La verdadera vida. Y lo que es, es.

Mohammed Wasim Moaz

Mohamed

Se llamaba Mohammed Wasim Moaz y era pediatra. Seguro que conocéis su historia, de dramático final, aunque no os suene su nombre.

Debería seguir siendo anónimo. Un médico anónimo en un hospital infantil de Aleppo, pero la guerra ha decidido convertirlo en un mártir del que deberíamos conocer su nombre. Para no olvidar.

Unos quieren mantener la vida, cuidando a los otros, mientras otros deciden acabar con ellas. Este mundo es así de absurdo.

 

Dear friends,

I am Dr Hatem, the director of the Children’s Hospital in Aleppo.

Last night, 27 staff and patients were killed in an airstrike on Al Quds Hospital nearby. My friend Dr Muhammad Waseem Maaz , the city’s most qualified paediatrician, was killed in the attack.

He used to work at our Children’s Hospital during the day and then he’d go to Al Quds Hospital to attend to emergencies overnight.

Dr Maaz and I used to spend six hours a day together. He was friendly, kind and he used to joke a lot with the whole staff. He was the loveliest doctor in our hospital.

I’m in Turkey now, and he was supposed to visit his family here after I returned to Aleppo. He hadn’t seen them in four months.

Dr Maaz stayed in Aleppo, the most dangerous city in the world, because of his devotion to his patients. Hospitals are often targeted by government and Russian air forces.

Days before Dr Maaz’s life was taken, an airstrike hit only 200 metres away from our hospital. When the bombing intensifies, the medical staff run down to the ground floor of the hospital carrying the babies’ incubators in order to protect them.

Like so many others, Dr Maaz was killed for saving lives. Today we remember Dr Maaz’s humanity and his bravery. Please share his story so others may know what medics in Aleppo and across Syria are facing.

The situation today is critical – Aleppo may soon come under siege. We need the world to be watching.

Thank you for keeping us in your thoughts,

Dr Hatem

Lugares donde siempre llueve

Duermo desordenado.

Me despierto a esa hora extraña en que no está claro si la ciudad se acaba de dormir o se está despertando. Se mezclan las vidas de algunos con los sueños de otros. Me siento en el taburete de Ikea que igual sirve para alcanzar el bote de harina que guardo en la parte más alta de la cocina como para tomar un café mirando el horizonte.

Ahora que tenemos horizonte.

Si me esfuerzo, desde aquí diviso la ciudad que me vió crecer, la torre de la iglesia junto a la que he vivido casi todos estos años desde que me separé, el instituto donde trabajo,  el hospital donde nació mi hija, el mercado donde compro la verdura… Y entonces caigo en la cuenta que, con suficiente distancia, mi vida cabe en la palma de mi mano. ¿No caben todas las vidas en la palma de una mano?. Excepto la de aquellos que ahora viven en Idomeini. Ellos, que anduvieron tantos pasos que ahora no sabrían recorrer el camino de vuelta. Ellos, que ya no saben mirar atrás porque atrás todo es terror, y guerra y hambre y no podemos buscar el dolor en nuestras propias manos.

Me hago un café, aún corriendo el riesgo de no volver a dormir. Pero es que si he sido capaz de levantarme, ir al lavabo, recoger los platos que anoche se quedaron por recoger, poner el lavavajillas y sentarme aquí a escribir, contemplando una ciudad que no siento mía pero a la que me voy adaptando, es que quizás no voy a dormir más.

Como el yonqui que repite continuamente “me estoy quitando”.

Miro a mi alrededor y todo está desordenado. Siento que he aterrizado con cosas y cajas sin haber hecho una limpieza de todos esos hilos emocionales que voy arrastrando. Y así no. Seguir requiere un esfuerzo. Vivir requiere un esfuerzo. Porque lo fácil sería dejarse, como he hecho estos años. Que el balanceo de la vida te lleve donde quiera. Y a lo mejor es el momento ahora de volver a tomar decisiones.Y le pido a mi cuerpo. Y pido por mi cuerpo. Llevo días que siento cosquilleo por dentro, y luego alguna extremidad se paraliza. Y me cuesta respirar. Y siento algo pegajoso en mis pulmones y pesadez en la cintura. Si escarbo, entre las uñas encuentro tierra de mis antepasados y en mi cabeza los sueños para mi futuro. Alguien me dice que esté atenta y alerta, porque la vida es un regalo y hay que saber abrirlo para no estropearlo.

Ven, siéntate junto a mí. Recostémonos uno junto al otro y miremos las formas caprichosas de las nubes. El cielo aún está oscuro pero puedo percibir como el viento se lleva los cumulonimbos hasta ese lugar que sólo tú y yo conocemos, ese lugar donde siempre llueve.