Lo intrascendental

Me pasa que miro demasiado alrededor. Y el problema no es mirar, sino oír. Y en realidad creo que no es oír, sino más bien escuchar. Y lo grave es que escucho básicamente tonterías. Y entonces vuelvo otra vez a sentirme un caracol.

Pero de vez en cuando, muy de vez en cuando, aparece alguien que te hace girar la cabeza o hacer un gesto afirmativo y una sonrisa se instala en el corazón. Hoy me ha pasado con una de las madres de los niños que van con Maria a las clases de música. Sí, Maria va a clases de música. Mea culpa. Pero es que en el Casal del barrio organizaron un grupo para niños de dos años de iniciación musical donde básicamente cantan y bailan. Y a Maria le encanta. No es tocar el piano ni el violín, que es lo que a mí me hubiera gustado hacer… así que acallo la conciencia diciéndome que es algo más “light”, que no es una de esas historias que una no hizo y acaba volcando en un hijo :D. Maria va a clases de música. La monitora no debe tener más de veinte años. Un día trae una guitarra, otro panderetas… y un montón de Cd’s con coreografías… y Maria sale (como los otros niños) cantando xip-xap o imitando la lluvia o cantando una de esas canciones infantiles tipo “el gegant del pi” que yo nunca aprendí (ni aprenderé). Pero lo peor son las madres. No las soporto. No hay más conversación que la comida de sus hijos, el nombre de sus hijos, las vacaciones de sus hijos…. y eso cuando no hablan de sus parejas (y aquí yo no tengo tema… aunque para lo que explican, mejor no tener tema). Así que acabo haciéndome el caracol, o me voy al bar de enfrente, porque tres cuartos de hora no dan para mucho más. Pero hoy me sorprende la madre de Alex (acabamos siendo la madre de algún niño siempre, porque parece que ya no tenemos nombre), que me la encuentro (autista también) leyendo el periódico y me dice: “no soporto estas conversaciones de madres”.. mirando (algo despectivamente) a un grupito de madres que se suelen sentar en el banco de enfrente a esperar a sus hijos y criticar a sus maridos. Sonrío. Y una extraña complicidad se establece entre una mujer que hasta ahora ha sido una auténtica desconocida y yo. Lo mejor es que cuando se va me llama flor.

 

6 comentarios en “Lo intrascendental

  1. Bien.
    Eso te hará no sentirte marciana.
    Conozco esa sensación, y también me convierto en caracol.
    Huyo buscando cualquier refugio lejos de esa marabunta.
    No me considero superior a ellos, ni inferior, pero si diferente, y no puedo estar a su lado.

    Besos.

  2. Ja! No sabes las veces que la culpa me hizo sentir mal por tener esos pensamientos de bicho raro.
    Muy bueno que a María le gusten sus tres cuartos de hora de música.
    Buen día, Fá!

  3. Coli-flor… :-)

    Lo del piano me pasó a mí con mi padre… O sea, que tu tranquila que aquí está la tía de Maria para recordarlo si ella no quisiera seguir con el piano.

    Muchos besos de quererte. Ganas de veros pronto.

  4. Me suena de mucho ese tipo de conversaciones.
    Cuando ruge la marabunta, como dice TS, yo no puedo escapar, tengo que poner mi sonrisa más dulce y escuchar pacientemente hasta que acaben de vitorear las excelencias y cualidades de sus hijos.
    Supongo que allá , many years ago, yo en alguna ocasión me habré comportado como ellos :P

    Besos.

  5. Me sumo a la caravana de huida.

    Lo malo es que a veces no puedo y un mostrador me tiene presa y torturada ante el monotema de las mamás entregadas.
    Mira a mí me parece bien que los nenes sean el centro de SU mundo, ya se les pasará, eso es como un sarampión, pero imponérselo a los demás ya me parece el colmo del ego.
    Es como si se acabase la vida fuera de la maternidad.
    Espero no haber sido yo así y que no me acuerde jeje.
    Un beso.
    Ah, por cierto, me dió un rollo raro lo de los vuelcos (o no) de nuestras aficiones en los hijos.
    10 años de clases de música me tuve que tragar por deseos ajenos a mi voluntad.
    Cuando lo dejé, a mi madre le salieron calenturas en la boca del disgusto.
    Entonces fue una satisfacción decir adiós a mi calvario.
    Hoy me arrepiento de haberlo dejado.
    Quiero decirte con eso, que le coja el gusto, que no vea obligación.
    Un beso

  6. Lo intrascendental tiene su momento. La gran masa (en la que por supuesto me incluyo), así en sano y con levadura, tiene un punto de pureza que nunca me aportó toda la cream intelectual y poderosa. Claro que conversar tan sólo acerca de los hijos, es como conversar tan sólo acerca de la guerra de los Boers o del principio de incertidumbre de Schrodinger-Heisemberg.

    Siempre me gustó escuchar a la gente. Siempre me gustó reenfocarles la conversación desde mi punto de vista. Y raro es el que no te mira con profundidad y trata de salirse por un momento de su hábito y su tópico.

    En el fondo creo que siempre he tratado ser uno más, pero nunca tuve claro si aquel era Quijote o Sancho.

    A propósito después de tres años en el conservatorio no distingo una cacerola chocando contra el suelo de la novena sinfonía. Tiempo perdido, o tiempo invertido en decir que no.

    SALUD

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