Me espera sentado en un banco, al sol, en la plaza donde están “las candelas”. Es una plaza céntrica, pequeña, con una iglesia. Hace unos meses fui a mirar un piso allí. Creo que es el barrio donde me gustaría vivir, aunque sea el barrio de Estrellita. Yo me pregunto qué extraña conexión me une a un tipo que práctiamente acabo de conocer. Llevamos unas semanas con el juego del café pendiente….que se ha convertido en una comida. Le llego por el hombro. Y me doy cuenta que siempre me gustaron los hombres altos. Y es delgado, mucho más que yo. Así que también me doy cuenta que me gustaban los hombre delgados (pero eso fue antes de conocer a Estrellita, que ni es alto ni delgado y encima la tiene pequeña :p). Él habla tranquilo, y tiene una sonrisa limpia, de buena persona. Me propone un plan alternativo, porque el cielo está nublado y la Candela es demasiado pequeña. Yo se lo agradezco, porque la Candela es uno de esos restaurantes donde Estrellita prometió llevarme alguna vez y como tantas promesas no lo hizo nunca. Pero lo dejamos pendiente. Así que acabamos en el Económic (que no tiene nada que ver con el Económico de la calle Argumosa…donde he comido los mejores huevos rotos del mundo, ni es económico, aunque lo fuese en su día). Cocina fina y un buen postre. Elige el vino. No es pedante, a pesar que tiene una vida más interesante (mucho más) de lo que tenía Estrellita. Una vida más sufrida, más apagada. Me explica que viene desde la bajaestima, que anda subiendo, y que cuando yo le digo que siempre me ha sorprendido ese punto de humildad que demuestra no es humildad realmente. Hablamos de viajes, de proyectos, de pasado, de los padres que se hacen mayores, de los cambios, de las crisis (personales)… Sé que podría enamorarme de esa sonrisa limpia. Pero yo sigo enganchada en aquella socarrona y llena de risas que me inundaba.

10 comentarios en “

  1. Cuando era joven me seducía la belleza, algo depués la inteligencia…ahora sólo encuentro amor en la bondad. es lo que mas perdura, tenlo en cuenta.
    besotes

    1. Tienes toda la razón, Al… Al final, lo único que cuenta, es como a los niños: que seamos buenos. Lo demás es un añadido.

  2. ayyyy, eso de quedarse enganchada donde a una no le quieren bien, lo vamos a tener que revisssarrrr. :-P

    ¿Te acuerdas?
    Vamos a repetir “sien veses”:

    “saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio… ”

    Besos de querete, hermana.

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