Dolor….

en lo más profundo. Sabía que me dolería. Volver a verlo. Algo me remueve en las entrañas. A veces pienso que es un lujo haber sentido algo así por alguien, por algo. Pero no por eso duele menos. Saber que él existe me hace feliz, pero me pone triste. Verlo. Sentirlo. Volver a abrazarnos, ahora como dos amigos. Rellenar nuevamente ese hueco que dejó al marcharse. Saber que no volverá, que nada volverá a ser como antes. Y que me diga que tuvo momentos en que pensó cogerme de la mano y pedirme que me fuera a vivir con él. Pero no lo hizo. Él es así. Sentirse en lo más alto y sentirse el más mierda. Y algo me duele dentro cuando me explica que hay días que llega a casa para esconderse en lo más oscuro a contar losetas…. días en que las soledades pesan demasiado.. aunque reconoce que sí, que está “liado” con una rubia… :)… me cuenta que hay mucha soledad, y que la mayoría de mujeres que conoce se agarran a cualquier cosa. Cosa es él, me dice. Que ni soy guapo, ni simpático, ni inteligente… Que sabrá él de cómo se le ve desde fuera… Un siete. José me dijo hace tiempo que era un 7. Un siete de libro. “No te cuidará”. Y no, nunca lo hizo. Tampoco lo pretendí. Me quiere. Me dice. Siempre me quiso. Y que soy una tonta. Que podíamos habernos visto antes y más y mejor. Pero le digo que yo no pude. Porque yo me enamoré de él, y él no lo hizo de mí. “¿Qué es enamorarse y cómo sabes cómo me enamoro yo?”. Sonrío. Tiene razón. Siempre se lo hace venir para que parezca que tiene razón.

Sabía que diez minutos más tarde de dejarlo en cualquier lugar me mandaría un mensajito dándome las gracias por algo… Y asi ha sido. Que le ha hecho mucha ilusión volver a verme, que no pase mucho tiempo hasta volver a vernos….

Vuelvo con lágrimas en los ojos. Por todo.

Volver….

…. a casa después de tres días no tiene nada de positivo… sobretodo si no quieres volver. Llevo un tiempo así. Sin querer volver. Mi madre se ha ido un mes a Sevilla y eso me da un respiro. Así que aproveché este fin de semana que Trini me invitó a una casa que tienen en la Ametlla de Mar. Es un sitio precioso que ya conocía (me trae buenos y malos recuerdos a la vez). Está bien echar unas risas, las tetas al sol, un poco de playa (no mucha), corretear con Maria (y Alex) por los parques de la Ametlla, leer el periódico en una terraza, estirar los pies descalzos en la silla de enfrente…. Cenar tranquilos a la luz de un farolillo en compañía de nuevos amigos.  Tomar un “quintet” de aperitivo mirando el Mediterráneo… aish.. la vida sencilla…..¡cómo la echo de menos!! (también me he traído algunos piropos, que siempre está bien…. pero es lo que tiene tener una niña guapa, que siempre hay alguno que te dice: es guapa como su madre, o tiene los ojos tan bonitos como su madre :) …. y mira, a estas alturas se agradece, que una anda mu necesitá de mimos :) )

Supongo que todo eso hace que una no quiera volver. Eso, y que es lunes. Y mañana no tengo ganas de ir al trabajo. Ni de ver a Juan (aunque apenas nos quedan dos días juntos). O quizás sí, quizás sí tengo ganas de verlo….

He quedado con Estrellita para comer… algún día de esta semana. Me lleva al “chunka“… que es como llama al japonés que hay cerca de la plaza de la Catedral. Eso tiene que antes de que empiece la puta dieta hiperproteica que comienzo el jueves :(. Porque me he propuesto adelgazar diez quilets….:)

La morriña…

… me pudo hoy. Así que a mis alumnos del nuevo curso de alfabetización les puse como ejercicio que organizaran un viaje a Galicia. Así practican a navegar por internet y organizar los favoritos. Y yo aproveché para hablarles de San Andrés de Teixido, del Festival do Mundo Celta de Ortigueira, de la fábrica de cerámica de Sargadelos, que buscasen los horarios de las mareas para visitar la playa de As Catedrais, el precio de un kilo de percebes en el puerto de Cariño…. tengo ganas de norte. Y de ver a mi padre.

A veces….

…necesito escuchar su voz al otro lado. Me pregunto hasta cuando esas debilidades. Él, que siempre supo escuchar me llama diez minutos más tarde: “¿Qué pasha, niñaaaa?. bueno.. ahora va y me salta el contestador. Te llamo luego. Dame un toque. Besituuuu”. Sólo eso y es capaz de calmar el desasosiego interior. Siempre lo tuvo fácil.  Saber que existe en algún lugar, aunque no sea junto a mí, me deja tranquila. Y sonrío cuando lo escucho berreando en mi contestador: una y otra vez. Creo que es el único hombre que no me canso de escuchar: una y otra vez.  No creo que sea bueno. Me hace reír. Mucho. Porque quizás tenemos el mismo tipo de humor. Me hizo llorar. Mucho. Porque nunca creímos en el mismo tipo de vida. Y sin embargo me sigue emocionando…. Aún no sé cómo voy a hacerlo. Olvidarlo, lo que es olvidarlo, aún no he podido.

Otro…

…fracaso más.  O debería decir otra experiencia…. :(.

Si Estrellita lo hubiera conocido, lo hubiera bautizado como “el hombre sepia”. Él siempre utiliza ese adjetivo (sepia) para referirse a gente con la que no te vas a divertir. Lo hace con su padrastro, por ejemplo. Siempre me decía “… es un sepia, pero quiere mogollón a mi madre”. Yo intentaba hacerle ver que quizás era lo que su madre necesitaba. Pero lo cierto es que la sepia no tiene mucho sabor. Quizás por eso siempre se sirve con mucho ajo y perejil….

Cuando a veces le decía a Trini “no me hace reir….pero me da mucha paz”, ella se reía y me decía “..cuando todo pase, nos quedaremos con esa idea: el tipo que me da mucha paz… pero….¿para qué quieres que te dé mucha paz si tú lo que necesitas es guerra?”. Ya no me da ni tan solo mucha paz. Empieza a darme dolores de cabeza, y yo no estoy para más dolores.  Cuando le digo que no siento que se esté currando nada desde hace unas semanas, y que no vale invocar al cielo diciendo “ojalá que esto nos dure” sino que hay que trabajar las relaciones cada día…. me contesta algo como: ” es que me cuesta mucho separar la cosas y verte como una pareja en vez de como una compañera de trabajo….. o es que Maria te absorbe mucho tiempo”…. Si le digo que son excusas porque sólo son circunstancias, porque de aquí a diez días (por ejemplo) él dejará de trabajar con nosotros, y que de todas formas los sentimientos deberían estar por encima de eso, entonces me dice que no son circunstancias, y que siempre tendré el mismo problema con Maria (¿problema?), y que todas las madres les pasa lo mismo con sus parejas… (¿?). Eso se contradice con algunas propuestas, pero es lo de menos. Ya no creo en las promesas, ni en las propuestas, ni en los projectos comunes. Sé que hay momentos en que la situación del otro puede abrumarnos, pero si no hay empatía, ni intención de echarle un cable al otro… ¿para qué andarnos con tonterías?. Al menos esta vez no llegué a enamorarme, y aunque me da mucha tristeza, de momento nada ha hecho crack en el interior.

Quiero ser caracola.

La Mina

Paso todos los días por allí, de camino al centro donde doy el curso. Siempre me pregunté por aquellos pisos amarillos junto a la ronda litoral, cerca del mar. Es la Mina, un barrio famoso en Barcelona desde la época del chabolismo. Ahora se mezclan esos pisos llenos de ropa colgada con los edificios nuevos a medio construir, que en la época del constructivismo masivo varios especuladores se encargaron de comenzar. Ayer había un caballo a la puerta del bar Soraya. Me lo miro de lejos, porque me parece lejano, pero me pregunto qué tipo de suerte se reparte para que a unos le toque nacer en determinados lugares del mundo. Eso ya condiciona la vida.

Hubiera

….tenido hijos con él. Tres. Hasta bromeábamos con los nombres cuando aún podíamos bromear entre nosotros: “noms de la terra: Montserrat si es nena i Tibidabo si és nen”…. Más en serio empezamos a escoger: Oriol i Laia, que también son autóctonos, y no tienen traducción. Nunca llegaron. Nuestros caminos se separaron. Hubo un día que le dije que no quería verlo más, que el mundo era suficientemente grande para no volver a vernos. Vivimos a cuatro km el uno del otro, pero hasta ahora parece que hayamos respetado ese extraño acuerdo. En seis años no hemos vuelto a coincidir.

De vez en cuando, rebusco en alguna página de política local, donde sé que él aún publica artículos. O en la web del colegio donde sé que trabaja. Todavía conserva ropa que yo le regalé. Y parece que el tiempo apenas lo haya cambiado. Él también tiene una hija. Se llama Laia.