De niña…

.. una de las cosas materiales con las que soñaba era tener una enorme biblioteca. Me imaginaba un pasillo largo lleno de estanterías cerradas por cristales llenas de libros. Casi lo conseguí. Con las mudanzas, me he dado cuenta de lo poco útil que resultan tantos libros, porque se necesitan muchas cajas y muchas ganas para trasportarlos, así que se han ido perdiendo algunos por el camino. El otro día descubrí que aún tengo dos o tres cajas en el garaje de mi madre esperando a ser abiertas. Son libros que alguna vez compartí con Albert, aunque tuvimos la precaución (casi desde el principio) de ponerle nombre a cada uno para diferenciarlos. Así fue más fácil el reparto. En esta casa tengo quizás la mitad de la mitad de la mitad de aquellos originales y aún así no tengo claro si resistiría otro movimiento de cajas (que seguro lo habrá) o vendo el piso (cuando pueda) con todo incluido.

Se me vuelve a antojar una biblioteca. Un pasillo largo lleno de estanterías repletas de libros. Un patio donde plantar el limonero que Mariajo me regaló y que ahora anda en casa de una amiga común, a la espera de ser replantado. Una habitación de color lila donde colocar la mecedora que ahora duerme entre trastos.  Y una ventana mirando al mar, aunque sea de refilón.

Los 40

No se siente nada especial. Ya hace días que ando haciendo balance y aunque no hay saldo de momento, tampoco se siente una más vieja. Sólo es un día más. Aunque llevo tres días de celebraciones (más que un cumpleaños se me antoja una boda gitana).

Curiosamente me llaman amigos (y conocidos) con los que hace tiempo no tengo contacto. Me hace especialmente ilusión gente con la que compartí muchas cosas en Madrid y que luego han ido desapareciendo. Todos me dicen que piensan en mí. Y me lo creo. Es bonito que se acuerden de uno, pero sobretodo es bonito que te lo digan y que tú lo puedas sentir (en el oído y en el corazón). Luego hay gente que pensé que estarían en este aniversario y no han estado. Otros ni siquiera se han acordado: Estrellita. Me llega un mail suyo desde Argentina, donde está de vacaciones. Uno de esos mails colectivos explicando el periplo del viaje. Tiene una especial necesidad de explicar lo que hace en la vida este hombre. Como en un momento nos hace (a mí y a unos cuantos más) un resumen de su compañera de viaje: una señora mayor llamada María, argentina, pesada…. cuando él hubiera deseado (palabras textuales) un compañero de viaje agradable, delgadito y silencioso…. No he podido evitarlo y he enviado un mail (también colectivo) aprovechando que podía (aún no sé porqué) ver algunas direcciones ocultas (cosas de gmail, supongo)…Forma parte de eso que podría llamar “venganza”… aunque ahora me siento un poco absurda, porque en el fondo no es más que la rabia de que se haya olvidado de mi cumpleaños….

Muy interesante, amore…. aunque seguramente la señora Maria hubiera deseado al lado un tipo alto, guapo, con un pollote, simpático y discreto que no la criticase ante sus amigos… y fíjate la pobre: le tocaste tú….

La verdad es que ahora me arrepiento de haberlo enviado… Si es que soy gilipollas…

Estoy…

…haciendo un nuevo blog. No no me mudo. Ir cambiando continuamente me está creando una ansiedad permanente. Sólo es un blog para poder comprender, para no olvidar y quién sabe si para poder ayudar a otros en la misma situación. Sólo tengo un boceto…. AQUI. Pero no puedo escribir muy seguido, ni buscar enlaces y leer por ahí sin ponerme a llorar… Así que dosifico.

El resto de cosas ahora mismo ha perdido un poco de sentido. Es muy duro ver como tu madre se pierde entre las calles de una ciudad que conoce, o pregunta continuamente algo que le acabas de explicar o repite una y otra vez algo que se le queda trabado en algún rincón de la cabeza. Físicamente sigue siendo ella, pero dentro es como si estuviera habitándola otra persona, porque ella se está yendo. Nadie puede entenderlo. Las noches que lloro a escondidas para que Maria no lo note y cómo me desborda cualquier problema doméstico pensando que mi madre ya me lo hubiera resuelto pero yo no soy capaz. La echo de menos. La echo tanto de menos. Y aunque ella me repita continuamente que me quiere mucho, lo hace con ojos de niña y no de madre.