Yo confieso

Llegar a casa tiene ese momento de reconocimiento del olor propio. Será que he encontrado una tiendita detrás de casa donde venden el incienso que más me gusta  y es tan difícil de encontrar. Pongo a Rene, de fondo. Salento. Que resulta que es la región de Italia que ocupa justo el tacón de la famosa bota. He dejado el periódico a medias. Hoy, que era martes, le pregunto al kioskero por el suplemento (del domingo). Se ríe y me dice: “ya pasa, ya….”. Suelo comprar el diario sólo los domingos. Y leerlo en alguna terraza acompañada de un café. Que Maria tenga casi cuatro años favorece que una vaya recuperando de a poco su vida. Aunque todo es lento. Muy lento. También se une el tema madre, aún no resuelto. Y poca resolución tiene. Ahora ando buscando otra residencia porque la “echan” de la que está. Convivir con una demencia frontotemporal es complicado, y más si las personas que la acompañan tampoco están preparadas. Pero en este país últimamente hay tantas necesidades, que ésta parece la menos urgente.

Yo confieso: menos mal que nos queda la literatura. Y René Aubry.

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