Haciendo tiempo y limpieza

….encuentro cuentos antiguos en este disco duro (que en algún momento debería formatear). Esto de la nube permite esparcir palabras por el mundo. No sé si volveré a encontrarlas. De momento, dejo estas en este rincón, para releer o simplemente para descansar.

EL OLOR DE LOS SUEÑOS COMPARTIDOS

“T’enyoro…”. De repente me despierto. Tengo la cama completamente mojada y sólo recuerdo esas palabras: “T’enyoro”. Sólo es una pesadilla, pienso. Pero en realidad sé que es mucho más. “T’enyoro”. Es tu voz. Tu voz cálida, con un cierto acento argentino, la voz de la última vez que hablamos por teléfono.

Quemo incienso. Quiero recordar. Recordar el último día que compartí contigo, aquel domingo… Y el incienso es evocador. Me devuelve a la memoria cada uno de los momentos que viví contigo…Sigo aquí, escondida dentro de mi cama, evocando los distintos olores que me fueron acompañando aquel día, desde la mañana. El olor de tu piel sudorosa y todavía medio adormilada. El olor de tus ojos, cuando aún entre sueños me reconocen. El olor de tu sexo, húmedo y caliente. El olor de tus manos, esas manos de dedos redondeados que me recorren. El olor del alba, entornándose hacia el día. El olor de pan recién hecho y de los pastelitos calientes. El olor del chocolate. El olor de tus besos, dándome los buenos días. El olor de tu vos, y de tu sonrisa cálida y de tu despedida. El olor de la mañana clara. El olor de los churros recién amasados. El olor de la carretera húmeda y de los campos, aún escondidos entre la niebla del Vallés; el olor de mi casa… El olor a café recalentado en el microondas. El olor del sol, de la luz del sol dándome en la cara. El olor de las otras casas, todas las que he visitado. El olor del teléfono cuando es tu voz la que suena al otro lado; el olor de una viejita querida, el olor a cremas de Avon, que también llegaba a su casa… El olor de unos niños que juegan en una plaza, el olor de la arena caliente, el olor de las terrazas, al olor de tu camiseta a rayas, el olor de un pequeño restaurante uruguayo donde solías llevarme. El olor a comida, a tartas de chocolate, a cremas, a salsas picantes, a ensaladas de colores, a fresas y fresones, a flan recién hecho, a caramelo, a patata hervida, a crêpe de manzana ácida, el olor a café cortado; el olor de tu casa; el olor del papel de los libros, del papel sólo, de la tinta. El olor de los sueños compartidos. El olor de tu mirada, de tu risa, de tus preguntas ingenuas e ingeniosas…
El olor de una tarde de domingo…
Y nuevamente el incienso, evocando.
Y nuevamente el olor de tu piel y de tu abrazo.
Otra tarde de domingo.

Y entonces me duermo. Siento una risa de fondo y una música irreconocible. Todo es tan lejano… sólo tu voz diciéndome: “T’enyoro”. Y nuevamente una risa. Frenética, de mujer, rozando la histeria. Me hablas de “vos” pero pronuncias la “v” casi como una “f”. Nuevamente haces alarde de tu facilidad con los acentos… Me explicas que estás bien, que no me preocupe, que has encontrado un grupo de gente fantástica, que has aprendido a compartir, que en eso te inicié yo, que no sabes cuándo volverás, que no sufra, que salga, que haga nuevos amigos, que me conoces, que sabes que paso los días encerrada en casa pensando en ti, sintiéndome desgraciada, pero que no me lo merezco, que tú no lo mereces, que nos demos otra oportunidad a nosotros mismos, a nuestras vidas, que intentas rehacer la tuya, pero que “m’enyores…”. Siempre tan ambiguo. Te cuelgo el teléfono.

Despierto, pero no recuerdo nada de lo soñado. Tengo una noción lejana de que he tenido un sueño, de que he vuelto a soñarte, pero no lo recuerdo. Flota el incienso en el aire, aunque ya hace un rato que se quemó la varilla, así que enciendo otra… Estoy perezosa. Vuelvo a la cama y me pongo a leer. Se llama “La señora de las especies” el último libro que estoy leyendo, uno de ellos… Te gustaría. Ojalá me llamases ahora. Te lo recomendaría. Otra maestra. Otra intrépida maestra dispuesta a cambiar el mundo. Aunque sólo se trate del propio. Como siempre se hace elegir a la protagonista entre la vida propia o la Vida, la vida con mayúsculas, la vida dedicada a un trabajo. En este caso es un trabajo interno, un trabajo con las especies, un trabajo que te concede unos poderes… Es un libro especial, donde los chamanes mexicanos han sido convertidos en tenderos indios y los honguitos y las otras sustancias alucinógenas, que otorgaban todos los poderes, se han convertido en canela, jengibre, tilo, guindilla y raíz de loto, entre otras cosas…La maestra es una antigua princesa convertida en una vieja bruja después de toda una enseñanza en una isla paradisíaca… Algo parecido a nuestra historia… Bueno, básicamente a tu historia…
No me atrevo a volver al piso. Ni siquiera acabamos de colocar todos los muebles cuando decidiste marcharte. En realidad todavía no sé si fue una decisión tuya exactamente… Y luego tus cartas, repletas de ambigüedades… que si vuelvo, que si te echo de menos, que si por fin estoy haciendo algo importante con mi vida, que si he conocido a tal o cual. Y entonces esas malditas palabras: “T’enyoro”. Durante algun tiempo intenté olvidarlo todo. Los proyectos, las ilusiones, los sueños que habíamos compartidos. Intenté creer que por fin era independiente, que tendría más tiempo para mí, que podría aprovechar para conocer gente nueva, para acabar el doctorado que nunca empecé, para cambiar de trabajo, para volver a la Escuela Oficial de Idiomas y continuar con el alemán…Viajar más, reencontrar a los amigos olvidados, disfrutar más de cada momento, aprovechar cada oportunidad de sexo que apareciese… Todavía no he podido. Cada vez que intento hacer alguna de esas cosas me viene tu voz, evoco tu olor y ninguno de los que he conocido hasta ahora es comparable… Creo que nunca podré olvidarte… Y no te echo de menos. En realidad, a veces, te echo de más. En mi mente. En mi corazón. En mi memoria. En mis sueños.
Hoy volvía de cenar con unos amigos. Ya sé que pensarás que eso es todo una osadía viniendo de mí. Tan débil, tan dependiente de ti. Pero insistieron. Me invitaban ellos. Me venían a buscar a mi casa… Me recordaban tantas cosas. Me preguntaron si sabía algo de ti. Tuve que decir la verdad: que no he recibido noticias tuyas desde marzo, desde aquel atentado de la guerrilla en la zona donde estabas instalado. Ni una carta. Ni una llamada. Ni un telegrama. Esto último casi mejor así. No les conté que la última vez te colgué el teléfono. Ellos ni siquiera saben que fuiste tú el que decidiste marcharte. Que todo esto no es de mutuo acuerdo. Que yo tomo pastillas para dormir y para despertarme…Triste. Yo, que me quise comer el mundo para luego poder vomitarlo encima tuyo. Tú, que quisiste convencerme de la humildad de las personas para poder vestirme con tu compasión…
Volvía tarde. Debían ser casi las dos, porque cuando llegué a casa todos dormían ya. Sólo mi madre hizo un pequeño ruido desde su habitación, algo así como un susurro que se convertiría en un ronquido minutos más tarde, después de verme asomada a la puerta de su habitación. Aún no he cambiado el coche, aquél 127 que heredé de mi padre. He tenido algunas oportunidades. Un buen trabajo, un buen sueldo, un mínimo de seguridad….Pero tú sabes bien cuánto miedo me dan las letras, cuánto miedo pensar en comprometerte a no poder dejar el trabajo, a pagar un dinero cada mes, independientemente de los otros gastos que puedas haber tenido. Aún así, a pesar de la matrícula de mi coche, y de los años que supone esa matrícula, sigo cogiendo a 80 la curva que hay antes de llegar a mi casa. Bueno, la casa de mi madre…. Justo después de aquella curva hay una pequeña recta, y allí me encuentro un BMW con las luces de emergencia. Me asusto. Estoy sola, y casi me dan más miedo los coches grandes y azul marino que un coche pequeño verde turquesa…. Pero me detengo. Sonrío y pienso que a pesar de los tres millones que debe haberle costado esa preciosidad con ruedas, también se estropea, también necesita grúa, también requiere reparaciones… Lo siento, engominado, hoy te toca utilizar el móvil….

A veces me gustaría huir. Salir corriendo, como tú haces. Todavía no sé qué es ser más valiente, si marchar, empezar una nueva vida, o seguir aquí, en el lugar en que nos tocó nacer, persiguiendo de otro modo nuestros sueños. Discutimos continuamente sobre los sueños. Tú insistías, intentas convencerme de que nunca podrás hacerlos realidad en la sociedad que te ha tocado vivir, que te aburguesarás, que sabes que te arrepentirás dentro de unos años, cuando todavía te queden un par por pagar el piso, o cada vez que te llegue la letra del coche. Yo insisto, intento convencerte de que no tiene que ser necesariamente así, que podemos compartir nuestras vidas sin tener que imaginar una mejor, que no tenemos porqué tener coche, ni piso de propiedad, que no se trata de ser alternativo, ni de dar una imagen, sino que es también una cuestión de principios, que puedo entenderte perfectamente porque a mí también me aterran las responsabilidades, pero que es una opción, que hasta para marchar hay que tomar decisones, que hay que crecer, hay que…Pero te vas. Y yo me quedo aquí.
Y a veces tengo unas ganas terribles de huir. De ir en tu busca, emulando aquellos terribles dibujos animados de los Apeninos a los Andes…Pero, a veces, sólo algunas veces de todas las veces que pienso en la huída, también pienso en huir en la dirección contraria, como si eso cambiases las cosas y te convirtiese a ti en el abandonado… Ir al oeste, hacia Oriente. Buscar algun Rey Mago…
Margarita ha vuelto. Viene a casa ayer. Insiste en ver el piso. Yo no quiero. Me convence. Tampoco quiero oponerme mucho porque entonces quizás ella dejaría de insistir y sé que es algo a lo que me debo enfrentar….Subimos por la escalera. Le digo que lo prefiero así, llegar cansada al rellano, tener que respirar hondo antes de entrar, pero no porque no me atreva a entrar sino porque estoy cansada. La llave. Plateada, en un llavero con tu inicial… No sé si son tus llaves o son las mías. Introduzco la llave y la giro dentro de la cerradura. La puerta cede. Sin miedo. Entra sin miedo. Escucho una música de fondo (ya te dije que el piso tenía pinta de ser muy ruidoso…) . Tocar el universo. Las manos se me llenan de deseos…Y la cabeza. Y el corazón. Cada pequeña esquina retocada. Tú sentado en el sofá, lleno de papeles y sábanas viejas. Yo llena de pintura. Tú ríes. Yo río. Todos reímos. Tú y yo. Tú persiguiéndome por el pasillo. Yo tirando una silla. Tú estrujándome los senos. Yo dando vueltas alrededor de ese viejo sofá. Tú barnizando la mesa de caoba que heredaste de tus padres. Yo repasando los pomos de la puerta. Tú fregando los suelos. Yo colocando estanterías por todos sitios. Los libros. Mis libros. Nuestros libros. ¿Dónde vamos a meter tantos libros?. Pon estanterías, me dices. Mis ojos se quedan clavados en aquel candelabro. Fue el primer mueble de la casa. El candelabro y la alfombra de algas, sobre la que hicimos el amor aquel primero de enero. Una vida nueva, me dices. Juntos, siempre. Pero dos meses más tarde te vas. Te lo reprocho. Me convierto en una mujer de esas abandonadas, que se resisten a creer que el otro se ha ido, y que cuando se dan cuenta ya es tan tarde, que piensan que la culpa fue únicamente suya…
El mar. Vuelve a mis sueños. Como aquel verano en aquella pequeña isla. Vuelvo a aquel paraíso. Es temprano. El sol me da en la cara y me despierto. Todos duermen aún. Cojo mi cepillo de dientes y me lanzo al mar. Desnuda. Los peces pasan por mi lado sin detenerse. Me enjuago con agua marina. Me sumerjo en el agua transparente. Hay barcos allí al fondo. Y se oyen ronquidos. Sí, todavía dentro del agua los oigo. Y de repente nada. Sólo el agua que entra y sale de mi cuerpo, por todos los rincones. Me lleno de agua. Me vacío de agua. Casi al unísono con la respiración. Sólo agua. Sólo siento agua. Soy agua. Toco la arena del fondo con la nariz. Aparece una medusa. La esquivo. Es tan pequeña y tan frágil, y sin embargo esconde veneno…No me da miedo. Me repito. Como antes. Sé que si no te da miedo no te hará daño. Me repite mi padre continuamente. Lo que no tememos no puede hacernos daño. Es una ley universal. Cósmica.Sigo nadando. Llegaría hasta el fondo del mar. Bailaría con las estrellas. Gritaría tu nombre a todas las ostras aburridas que encontrase. Y entonces despierto. Estoy tumbada en la arena, con el sol de cara, envuelta en sudor. Mi cepillo de dientes ha desaparecido.

6 comentarios en “Haciendo tiempo y limpieza

  1. Gracias por compartirlo.
    Al acabar de leerlo me he quedado pensando en lo diferentes que somos tú y yo.
    Yo huyo de mi pasado constantemente, lo mato, lo olvido, y no quiero volver a él ni loco.
    Y tú en cambio vuelves constantemente.
    Y claro, el pasado ya no existe.
    Es sólo una ilusión.
    Pero bueno… cada uno es como es verdad?

    Besos niña.

    1. Pero tu pasado fue algún día tu presente. Si sólo es recordarlo, no creo que sea negativo. Mi problema es que lo guardo todo. Tengo el síndrome de Diógenes emocional :p

      Besos, Xavi!

  2. Yo tengo lo contrario que el síndrome de Diógenes.
    Es cierto eh…
    No guardo nada tampoco de cosas materiales.
    Pero nada eh, incluso libros que compro y leo y los doy a la biblioteca, excepto los que intuyo que releeré.
    Besos.

  3. He llegit això en un bloc i m’enrecorda’t de tu.

    “una vez te dije
    que moriríamos jóvenes
    y tú me dijiste
    que no te importaba morir conmigo
    pero que por favor no te soltara la mano
    y ahora tiemblo
    porque soy yo
    el que se está muriendo entre cañones”

    Petons i una abraçada càlida

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