Calafat

Las Gutierrez tienen una casa en Calafat. Es una casa de vacaciones, familiar, que sus padres construyeron con esfuerzo a base de gastar fines de semana e ir ahorrando. Primero una habitación, luego otra. La casa es bonita y en cualquier caso, ni se nota que se hiciese “a trozos”.  De planta única y con un enorme jardín. El peral y el albaricoque ya están florecidos. Y en el hibiscus ya asoman algunas flores, aunque no acaban de despuntar. Han podado el ficus enorme, la buganvilla del porche, el jazmín y el laurel.  Caminando se llega a la playa de la Almadrava, que es bastante virgen y bonita, aunque tinga vistas a la central de Vandellós.

Estamos aquí unos días. Yo, que soy la Gutiérrez adoptada. Me hacen hueco poniendo colchones aquí y allá. Aquí todos caben. Es asombroso las casas donde caben todos, se respira en el ambiente. Y no todas son así.

Estos días ellas andan pintando y limpiando. Han hecho obras para alquilarla este verano.  Son creativas para buscar soluciones, y saben que podrán mantenerla todo el año con lo que saquen durante el verano. Trini venía el martes y se iba el domingo. Ana venía el viernes y se iba el siguiente sábado. Y como yo no quería venir todas las semanas, pensaron (siempre piensan en mí) que yo me viniera el viernes con Ana y me volviese el domingo con Trini.

Cuando llegamos, en el porche están Trini, su hermano Kike su madre y sus tíos (que viven en la casa de al lado), con la cerveza de la una. Es un gusto que te reciban como una más. Me siento una privilegiada. Trini dice que me ha echado de menos. Está cansada. Se nota. Kike me dice que qué guapa estoy, joía. Yo le digo que lo que estoy es gorda (que es algo que estos días me da alguna vuelta en la cabeza, a pesar de haber elaborado un plan que sé que voy a conseguir hacer). Y su tío comenta que gordos estamos todos, pero que yo lo que estoy es guapa. Y entonces no le doy más vueltas y me río. La risa que todo lo cura. Y la música que todo lo cura. Se ponen a cantar. Explican anécdotas de cuando eran niños. A mí me fascina, porque tengo una familia pequeña y ellos eran cinco hermanos. Y cinco hermanos tienen muchas historias que contar. Cantamos la nana favorita de Maria, que fue la nana de todos ellos, y que Trini me enseñó. Se me queda pegada en la cabeza todo el día. “Duerme, duerme negrito… que tu madre está en el campo”

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