Cosas sencillas de un jueves

Esta mañana fui finalmente a pagar una reserva para una casa de turismo rural. Necesito un fin de semana para mí. Así que mi tía se queda con mi hija, y yo me voy a escapar a Mas Salin que debe ser la única casa de turismo rural en que no se puede hacer la reserva por transferencia o con tarjeta vía web. Así que tenía que encontrar un ratito para hacer un ingreso por ventanilla. En mi afán por llevarlo todo organizado, le entrego al cajero un papelito con el número de cuenta donde hacer el ingreso, la persona a la que hay que hacérselo, el importe y un mapa de cómo llegar (esto era más para mí que para él, pero iba todo impreso). Me pregunta que dónde está. Lejos de molestarme (sé que a alguna de mis amigas le parecería una grosería), sonrío y le comento que está por el Priorat, cerca del pantano de Siurana, que no conozco. Me sonríe y me dice que es una zona muy bonita, cerca de Prades. Después del ingreso me dice: “ara, xiqueta, tens una obligació”… Yo me lo quedo mirando con cara de no entender a qué se refiere. me guiña el ojo y me dice en un tono suave: “Passar-t’ho molt bé”. Por un momento pensé que era un ángel disfrazado de cajero de la Caixa. 

Y aunque el detalle de la mañana me ha alegrado el día (pensar en ese fin de semana también me lo alegra), hablar esta tarde con la maestra de Maria me acaba de poner de buen humor. Me recuerda que aunque Maria parece una niña tranquilita… tiene mucho genio. Le explico que le dan “ataques” como a mi abuela. Rabietas no controladas cuando no se sale con la suya. En mi familia decían que a mi abuela le daban “ataques de huevos”. No he sabido explicárselo así a su maestra…. pero creo que le ha quedado claro que en los comportamientos de los niños hay un componente genético que podemos suavizar, pero no eliminar. También hablamos del colecho. Y le explico que sé que poco a poco Maria dormirá sola, igual que dejó la teta sola. Este verano, una noche me dijo: “mamá, hoy no quiero dormir con teta”. Y así se acabó amamantarla, antes de que cumpliese cinco años.  A mí me gusta dormir con ella… porque no me gusta dormir sola ¿a quién le gusta dormir solo?

Mientras yo hablaba con su maestra, Maria se ha ido con Lluís y su padre a la “placeta” junto al cole. Cuando he llegado estaban Nuria, Joan y Frank y ya iban por la segunda cerveza.. Yo me he añadido con un café con leche. El grupo se ha ido agrandando con más padres y madres que han ido llegando. A veces (muy pocas veces) siento que pertenezco a este lugar. La mayoría de las veces me parece que estoy de paso. Aunque ese “de paso” se haya convertido en algo de seis años. Como una extraña premonición, el otro día de una ventolera se cayó el tejado del patio. No hubo más daño que desmoronarse el canalón de la recogida del agua. El padre de Lluís lo arregló a cambio de un cafelito (que se convirtió en una cena improvisada con su mujer, su hijo y mi hija). Pero el otro día se cayó una estantería (esas estanterías del Ikea en las que te recomiendan guardar la llave allen para apretarla de vez en cuando… pues resulta que cuando no lo haces llega un día en que la estantería cede hacia un lado y todo se desmorona lentamente. Esperaba el fin de semana para quitar todos los libros, apretar la estantería y volverlos a poner… aunque me ando pensando si no sería mejor meter todos los libros en cajas de cartón para una posible mudanza, porque hoy se ha caído también el perchero de la entrada. Qué desastre para un jueves.

Releo a Italo Calvino y sus amores difíciles. Historias sobre la dificultad de comunicación entre personas que podrían comenzar una relación amorosa.  Y así se suceden las historias de un soldado, de un bandido.. de un fotógrafo, de un viajero… de un poeta. De un poeta. De un poeta

“-¿Has oído algo?- preguntó ella

– Silencio- dijo él- Las islas tienen un silencio que se oye

En realidad todo silencio consiste en la red de menudos ruidos que lo envuelve: el silencio de la isla se diferenciaba del silencio del tranquilo mar circundante porque estaba recorrido por murmullos vegetales, cantos de pájaros o un brusco rumor de alas.”

Italo Calvino, Los amores difíciles.

Suena Ludovico, el piano que todo lo puede.

Un comentario en “Cosas sencillas de un jueves

  1. Qué hermoso eso de Calvino! Me toca por eso de la isla, que ya sabes de dónde vengo yo.
    Buen fin de semana, Fá! Y amarra todo, pa’que no se caiga más nada. :)
    Beso grande.

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