El I Ching y el puente de Mostar.

ImagenAndo releyendo el I Ching. Tengo una edición preciosa que me regalaron Agnés y Xavi para mi cumpleaños (de hace siete años). Encuentro una bolsita de plástico dentro del libro que contiene tres dólares. Me pregunto qué hacen ahí esos tres dólares.  Lo leo a trompicones, saltando de aquí allá. Como leo la poesía o los libros de cuentos o los de fotografía, o incluso algunos ensayos. Nunca respeté el orden. Leo desordenado. Y veo desordenado.

Leo en algún sitio una frase, que me viene al pelo: “Cuídate de los que saben escribir, pues tienen el poder de enamorarte sin siquiera tocarte….”. Hace tiempo me enamoré de Carmen Martín Gaite. Qué decepción descubrir que era una viejita bohemia de pelo blanco y gorro de lana. Me cuesta mucho desprenderme de las emociones, de las vivencias, de los recuerdos. Deberían inventar una pastillita o un protocolo para formatear la memoria humana.

Y mientras, y a colación de algo que rueda en mi cabeza, me viene la imagen del puente de Mostar. Recuerdo que Gervasio Sánchez en su clase nos hizo un comentario al respecto (que no recuerdo bien), sobre algo que vivió en primera persona. Es un puente significativo. No sólo arquitectónicamente, sinó por el enorme significado que tiene. El puente que une dos mundos. Y sí, qué difícil fue construir el puente, y qué fácil resultó destruirlo. En un lado del puente se conserva una piedra (del antiguo puente) con una inscripción: “don’t forget 93”. Yo creo que hubiera dejado un puente colgante en su lugar: la menor manera de no olvidar la fragilidad de la historia.

Mi primo me recomienda un libro de Ivo Andric. Sólo tengo el primer capítulo: Un puente sobre el Drina.

 

“El porvernir es tan irrevocable

Como el rígido ayer. No hay una cosa

Que no sea una letra silenciosa

De la eterna escritura indescifrable

Cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja.

De su casa ya ha vuelto. Nuestra vida

Es la senda futura y recorrida

El rigor ha tejido la madeja.

No te arredres. La ergástula es oscura.

La firme trama es de incesante hierro,

Pero en algún recodo de tu encierro

Puede haber una luz, una hendidura.

El camino es fatal como la flecha.

Pero en las grietas está Dios, que acecha”

Jorge Luis Borges

(Para una versión del I King)

 

El piano durmiente

 

4 comentarios en “El I Ching y el puente de Mostar.

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