Cosas de un domingo

Pueblos medievales

Leo un artículo-crónica sobre cinco pueblos medievales catalanes, bien conservados. Me sorprende que entre ellos no se hable de Siurana. Peratallada i Pals (ambos preciosos) siempre me parecieron aritificialmente conservados. Besalú creo que se merece de sobras estar entre esos cinco. El resto no los conozco. Me sorprende gratamente, que tenga tantas cosas aún (y tan cerca) por conocer…..

La Mola

Hoy con niños. Cinco. Y cuatro adultos. Una excursión de siete horas. Sin prisas y con pausas. Pero hemos echado unas risas, hemos hablado un poquito (poco) de trabajo y he compartido el día con gente especial que poquito a poco ha ido entrando en mi vida. Estoy contenta. Creo que he encontrado  (a pesar del miedo inicial) un rinconcito donde me encuentro bien.

Las nuevas tecnologías

Me sorprende que sirvan para crear mal entendidos en la comunicación. Parece que la gente se fie más de las tecnologías que de las personas. Si le digo a alguien que no vi un mensaje, que estuve toda la tarde sin móvil, me dice que había escrito en el facebook (de una amiga.. que no era ni común) y que había contestado un wasap a no sé qué hora. Yo nunca me fiaría de un servidor de wasap: te engañan con la hora. Así que si estáis pensando en dejar a vuestra novio/a que os ha dicho que a las cinco de la mañana estaba durmiendo pero resulta que a esa hora había enviado un mensaje de wasap (porque eso pone en su perfil): esperad un poco. Igual tenía razón. En cualquier caso, me parece demencial.

De pianos.

Lo abrí. Abrí la tapa. Repasé una partitura…. la última que tenía pendiente. Mañana tengo que ir a matricularme en el Conservatorio (y resolver muchas otras cosas… aunque en mi lista de «to do», con que tache dos ya me doy por satisfecha). Tengo ganas de volver a tocar (¿encontraremos un piano para Galicia???)

De momento… me conformo con escuchar(lo):  Chopin, Nocturno n8.

 

Hay días para borrar

Hoy podría ser uno.

Amanecí en casa de Trini (nos quedamos ayer hasta las tantas: charlando, bebiendo.. como en los mejores tiempos con las Gutierrez, pero sin una de las Gutiérrez, que se ha ido a Suiza a vivir ). Nos bebimos casi dos botellas de Albariño «a cara perro» (sin miedo a la reacción con la amoxicilina) y comimos casi medio kilo de pulpo…. Estos casi, casi siempre pasan factura. Esta mañana me desperté no muy tarde, pero remoloneamos en el desayuno…. Así que me salté el spinning (esta semana no fui ningún día…).

Como los sábados están básicamente dedicados a mi madre, tengo hipotecados los mediodías, incluído el posible enfado (que los hay a menudo, por diferentes chorradas). La chorrada puede ser que te pregunte cinco veces donde está el mando de la tele o que te diga medio llorando que ella no quiere salir a caminar o que de vuelta te esté interrogando sobre el dónde irás, con quién comerás, cuándo te vas a Galicia… No sé si la que vuelve a tener cinco años es ella o yo.

Por la tarde había quedado para ir a Can Gambús. En principio iban a ir varios amigos… pero poco a poco todos se han desdicho… así que me he quedado en casa escribiendo. Ando con la etimología de las palabras para escribir algo que me he puesto fecha tope el 10 de septiembre. Leo que el mejor diccionario etimológico es de Joan Corominas… así que ni corta ni perezosa he salido a buscarlo. De paso, hemos comprado un «libro de vacaciones» para Maria.. (del que ya ha acabado como 15 páginas….). Y unos zapatos (es que pensaba que eran rebajas).

Pues bien:

1. El diccionario no contiene la etimología de las palabras que necesito (se trata del Breve diccionario etimológico)….

2. Los zapatos (que me encantan) me hacen daño al caminar. Creo que es el diseño (extraño) que hace que te los claves en los tobillos

3. El libro de vacaciones de Maria me parece una mierda. Hemos estado como media hora decidiéndonos y al final me da la sensación que he hecho la peor elección.

4. Y encima ya se ha hecho tarde para ir a Can Gambús…. (la muela correspondiente me sigue dando por culo… así que casi mejor estar en casita….)

Y mañana he quedado para subir a la Mola… Y por la tarde-noche para cenar en el Wok de la Barceloneta. Aunque viendo cómo va el fin de semana igual mejor me quedo en casa.

Para rematar, había apalabrado alquilar el piso de mi madre. Tiene unas humedades del copón que no consigo resolver (es un problema del piso de arriba, pero no localizo al propietario). Hoy me llama el posible inquilino para decirme que se va a buscar otro piso (yo también lo hubiera hecho). Una de esas cositas más que me van a tener colapsada esta semana….

Así andamos…. Y menos mal que me he desahogado. Me voy a cenar. Sandía y Mel-i-mató. Espero que no esté caducada…No tengo ganas de cocinar.

Postdata. Ya tengo la ruta. Tengo ganas de conducir. Barcelona-Comillas (8h). Paseo, cena, descanso. Oler el Cantábrico. Comillas-Ortigueira (5h), Abrazo largo con mi padre. Tengo ganas de ver a mi padre. Más Cantábrico. Y que se me salten las lágrimas, allí donde el mar se junta con el océano.

Nazakora

ImagenMasao Yamamoto es un fotógrafo japonés. Trabaja con imágenes pequeñas y personalizadas. Más que fotografías, parece que retrate recuerdos. Son así de evocadoras sus imágenes. Tiene una serie (preciosa) que se llama Nazakora. Él lo define como el espacio entre el cielo y la tierra, el espacio donde los pájaros vuelan. ¿No es suficientemente evocador?

Me pregunto si guárdamos los recuerdos como imágenes o como palabras, hechos o sensaciones. Si serán en color o más bien tirando a sepia. Yo creo que los recuerdos acaban siendo sensaciones como imágenes de color sepia. En ese espacio donde vuelan los pájaros y donde podemos respirar.

Tengo sueño. Me falta serotonina y he perdido energía. Creo que es la llegada del calor, el verano (extraño). Acumulo libros que quiero leer, manualidades para el mes de agosto, exposiciones para ver en Madrid (aunque apenas esté una semana) y sobretodo, evoco el olor del Cantábrico. Cuanto más mayor me hago, más me afecta la morriña.

Suenan, lejanos, Magnetic Fields, y una canción preciosa que versionó Peter Gabriel unos años después: The book of love.

Cuando le conocí hacía poco que había finalizado

Cuando le conocí hacía poco que había finalizado una relación. Me explicó, muy por encima, que un día llegó a su casa (la de ella)  y se la encontró llorando, por una historia pasada, y él entendió que aquello que había entre ellos dos no era amor, que ella aún seguía pensando en otra persona. Y se acabó. Yo no quise indagar mucho, pero no me pareció un motivo suficiente. De hecho, me pareció bastante injusto e infantil por su parte. Recordé las veces que yo había llorado por amores pasados que no funcionaron, aún meses, o años después de haberse acabado. A veces, sin mucho motivo, a veces porque algo te lo hace recordar. Y eso no tiene que ver con poder iniciar una nueva vida junto a alguien. Vi a un niño inseguro, con miedo a perder lo que tiene delante.

Al poco tiempo, él ha regresado con ella. Me consta, aunque no me lo haya dicho directamente. No sé si por amor, por re-amor, por miedo a la soledad, por necesidad imperiosa de tener una pareja, porque la razón le pudo…. Espero (y deseo), de verdad, que sea por el primer (buen) motivo.

Ella es una mujer fuerte. No le tiembla la voz, ni el cuerpo,  ni el alma. Es una mujer generosa, cargada de semillas. Se enfrenta al destino con una valentía envidiable, como la mayoría de mujeres que se cruzaron en mi camino. De hecho, cuanto más conozco de ella, más atractiva me resulta, y más menudo me parece él.

Noche de Sant Joan

Hace frío. Demasiado frío para que empiece el verano. ¿Te he hablado de los solsticios? ¿Te he hablado de los cambios de estación?¿De la forma de la Tierra?¿De su distancia al Sol?¿Del Hemisferio Sur?

A ella le tiembla la voz cuando le cambias los planes. Pregunta continuamente, a veces lo mismo, a veces cosas nuevas. Tiene la mirada perdida, como una niña pequeña que no sabe si le van a decir la verdad. Cuando quiere algo lloriquea, en vez de pedirlo, o incluso exigirlo, como alguien de su edad. Me dice que no le grite, que sobretodo no le grite. Pero yo no le grito. Ya no. A veces me enfado, y le contesto mal. O le recuerdo que ya me ha preguntado algo cinco o seis veces. Pero no le grito.

Hoy no he visto hogueras. Ya no se hacen hogueras en los solares de los barrios. De niña, recuerdo recoger madera para hacer la hoguera más grande. Iba por barrios, pero cada barrio tenía sus calles. Nosotros la hacíamos en el solar entre la calle Diamante, y la Topacio… y la Zafiro. Vivía en un barrio donde las calles eras piedras preciosas….Quemábamos la hoguera a las 12 de la noche. Es el símbolo para quemar lo malo del año. Pero de niña, apenas tenía nada que quemar. Hoy lo quemaría todo.

Por inercia busco la dirección del correo electrónico de mi primo. Tengo un primo que vive en Nueva York. Podría irme a Nueva York. Dejarlo todo atrás. Olvidarme de todo. Arrastrar con Maria y ofrecerle una vida (otra vida) en un mundo nuevo. Igual de mierdoso que este… pero al menos aprenderíamos inglés. A veces se me va la olla. Lo sé.

El concierto bien. La compañía bien. Pero hacía frío. Así que he vuelto a casa. Ayer conseguí la película «Into the wild». Creo que voy a verla. Ceno Sushi, y un poco de ensaladilla rusa que me sobró. Menuda mierda de comidas me hago últimamente (estas dos semanas he dejado la dieta… estoy cansada). Echo de menos a Maria. Duermo en el sofá y me despierto a deshoras. A veces…. sólo a veces… pienso que estaría bien una custodia compartida. Y enviarla a Madrid dos veces al mes con su padre. Y un mes de vacaciones. Y así, si tuviera tiempo para mí… no sabría qué hacer con él. Como este fin de semana.

Quiero escribir. Pero hoy no me salen más palabras. Suena Peter Broderick. Y su piano. El mío tiene la tapa bajada desde hace semanas. Desde que se perdió el poeta. Y desde entonces… busco otro poeta, pero sé que está en mí.

La Mola y la comida japonesa

mola

Cada ciudad tiene su montaña. La de Terrassa (la del Vallés, yo diría) es, sin duda, la Mola. Además, es una de esas montañas «con premio». En la cima, hay una ermita, y parte de ella se ha convertido en un restaurante.

El sábado subí con un amigo. Para mí, con media pierna de titanio y esos kilos de más que no hay manera de quitarme de encima, cada montaña es un reto. Aunque no sea la primera vez que la subo. Y aunque sea a un «turó» (como diría Pere IV) de sólo 1104m. . Hicimos un «salve» (la cosa es: subimos, tocamos la pared y bajamos). Por la cañada, que es la cara «norte». Nos tomamos una cervecita arriba y bajamos. El camino espectacular. Sin frío, ni calor. Y apenas había gente (deben de estar todos en la playa). Me sorprendió Can Pobla. No lo recordaba.

En Madrid recuerdo haber hecho pocas excursiones. Pero me gustó subir a Peñalara (Ayer hablé con Lola… otra vez Madriz en la cabeza… otra vez deseando otra vida)2013-06-23 18.36.31

Y hoy me voy al Capella. Hay música brasileira. Y he hecho comida japonesa para llevar. Made at home, to take away. Pasando de coca, cava y petardos… y noche de Sant Joan. Hay luna llena. Vete a saber…..

 

 

 

Vivo….

… en el centro de una ciudad media y mediocre. No lo digo como algo peyorativo. Lo que es, es. Podría ser cosmopolita, bonita, urbana, modernilla, alternativa…. pero no lo es. Es burguesa y rancia. Los domingos, cortan al tráfico un eje principal que engloba varias calles: desde el principio de la Rambla hasta el final de la Via Massagué, que resulta es mi calle. Y pasean arriba y abajo señoras mudadas (siempre me ha hecho gracia esa expresión) de domingo, y niños repeinados. Ellas suelen ir bien peinadas, de peluquería. Van cogidas del brazo de un marido. Se saludan, bajito pero efusivamente, cuando se encuentran con algún conocido. También hay bicicletas, patines y patinetes.  Y aunque de vez en cuando ves algún jipi, jurarías que es un burgués disfrazado.

Trabajo en un barrio. Lo sé porque todo el mundo se saluda por la calle. La mayoría lo hacen a gritos. Hay un montón de mujeres jóvenes con niños demasiado mayores. Muchas llevan tatuajes, de flores, o corazones, o hadas. Suelen llevar el pelo teñido, o rubio o rojizo. En cualquier caso, se nota que es teñido. Sus maridos (jóvenes como ellas) en esta época suelen llevar camisetas tipo imperio. Fuman. Y tienen pajaros enjaulados que protegen con unas fundas de tela que han confeccionado sus madres. Muchos pasean la mañana sin mucho más oficio.

Cuando voy caminando, me doy cuenta que hay una franja que separa un mundo de otro. Un parque central en la ciudad. Cual frontera. A un lado, un mundo con pretensiones de ciudad moderna, con algunos edificios altos y acristalados (aunque la mayoría de las oficinas lucen vacías en estos tiempos). Al otro lado, bloques de pisos de ladrillo visto, con toldos verdes y ropa tendida en los balcones.

A ratos, me quedaría a vivir en el parque.

El tritón

En el patio de casa vive un tritón. Igual hay una familia, pero yo sólo he visto uno chiquitito, esta tarde, cuando he ido a meter la ropa de la lavadora (sí, la de esta mañana) en la secadora. Ahí estaba él, ahí debajo. Me ha mirado (todo lo que una mirada de tritón da de sí) y se ha metido por detrás de la lavadora. ¿Qué come un tritón?. Espero que no sea albahaca, ni menta… ni que se coma el helecho (que dicen es un símbolo de amor.. y el mío está precioso…)

Hoy J, disimuladamente, me pidió el teléfono. En realidad, nos dimos los teléfonos (no sé pa qué… si sé que no voy a llamarlo). En estos últimos tiempos le he cogido un poquito de fobia al teléfono. Será que llevo acumuladas horas con un auricular en la oreja, no me apetece escuchar otra voz que me enamore y luego no se corresponda con la mirada. Aunque bien visto, esto es un poco diferente…. porque ya nos hemos mirado hasta un par de veces.

De todas formas, sigo con mi plan. Con mi dieta, con la mirada puesta en Galicia, intentando resolver algunas cositas de mi madre que me tienen colapsada (en realidad son sólo tres, pero son bastante gordas), intentando acabar con dignidad el curso y especulando en cómo será el próximo. Y además, me han ofrecido hacer un par de webs este verano. Un extra no me va a venir mal y así me pongo las pilas con el diseño web.

En el Spotify suena The book of love, la versión original de The Magnetics Fields. Me la descubrió R (en realidad, me descubrió la versión de Peter Gabriel, que tampoco conocía). Como soy tan «gustavita», busqué el verdadero autor. Qué sorpresa. Es un disco magnífico y magnético, con una voz grave comparable a la de Stuart Ashton Staples (Tindersticks) o la de Neil Hannon (Divine Comedy)

Llueve. Va a llover tanto que parece que se hubiera acabado el verano. Qué bien.

Las ocho tocadas

Maria aún duerme. Se hace la remolona en la cama. Ya le preparé la ropa para vestirse, el desayuno, el almuerzo para el cole, puse una lavadora y recogí la vajilla del lavavajillas. Tomo café, sentada delante del ordenador. No tengo prisa, pero quería llegar pronto al trabajo. Ya no podré. Hoy voy caminando. Me he adelgazado otro kilo (lo dice mi báscula). Me he hecho un bocadillo de queso fresco, y tomate, y albahaca, y un chorrito de aceite. He destrozado el queso fresco. Se deshace todo. Maria se da la vuelta. La vuelvo a llamar, intentando despertarla. Bosteza. Remolonea en la cama. Ayer fuimos a la piscina. Está cansada. Yo también. Yo más. Hice spinning, después de una semana sin ir al gimnasio. Suena la lavadora. Y las teclas del teclado. El resto es silencio. El café está bueno. Es de cápsulas. Rosabaya. Paseo distraída por algún blog. Toro no escribió nada nuevo. Leo cosas de F. que había leído en el blog de R. No sé si se copian o se repiten. Me gusta (mucho) como escribe F. Dicen que va a llover. Que va a llover mucho. Si se acabase hoy mismo el verano, tampoco me importaría. Ni si se acabase el mundo (estamos en ello). Tengo aún medio paquete de folios de 110g/m2. ¿Qué voy a hacer con esos folios tan gruesos?. Son las ocho tocadas. Aunque ahora no se tocan las campanas. El tañer de las campanas ¿o es tañido?. Me gusta esa palabra. Ese verbo. Tañir. Y teñir. También me gusta teñir. Qué cosas las palabras con ñ. Encuentro en un blog, veinteseis palabras con ñ: “aceña”, “acuñar”, “alheña”, “aliño”, “amañar”, “añada”, “añafea”, “añejo”, “bañado”, “cañizo”, “ceñido”, “cizaña”, “cucaña”, “cuñado”, “cureña”, “dañado”, “diseño”, “doña”, “dueña”, “empeño”, “engaño”, “escaño”, “estaño”, “fañar”, “zuñir”, “señal”. Faltan muñeca y otoño y tañir y teñir.

En aquel lugar

Hubo un tiempo y un lugar en que todo fluía más y mejor. En que las relaciones se daban más naturales. En que la vida me parecía que flotaba. Conocías gente un día que sabías que nunca más volverías a ver, y disfrutaba del encuentro como si se tratase de una amigo para toda la vida. Las mañanas eran tranquilas, a pesar de ir de un sitio para otro, haciendo cursos aquí y allá. Dos días en un edificio de cristal, mirando los pseudorascacielos de entrada a la ciudad. Quince días cruzando de punta a punta con el metro y caminando diez minutos hasta llegar a un centro social donde quince abuelos en Aluche me esperaban impacientes, un mes dando clases entre exposiciones y libros en la Casa Encendida, entrando por la puerta lateral…. Me daba tiempo de comer en casa todos los días, incluso aunque alguien te hubiera ofrecido tomar el aperitivo al salir del trabajo. Las tardes, las tardes eran tranquilas. Caminaba hasta la escuela media hora cada día. Recorría con la mirada los escaparates más inverosímiles. Siempre me quedaba enganchada en la tienda de muelles en la Ronda de Atocha. Recorría con el dedo algunos edificios, aunque eso significase llegar con el dedo negro a clase. Me miraba (siempre) en el techo del Reina Sofía. Cruzaba el semáforo por donde no tocaba. Me asombraba el ir y venir del mundo en la Estación de Atocha, y la cantidad de taxis que en la hora en que llegaba el AVE se acumulaban en el parking de la estación. Perdía la mirada en el infinito, siguiendo la trayectoria de las vías. Me regalaba dos minutos antes de entrar, en algún café o en la puerta de la escuela.

Volver siempre me costaba un poco más. Pero según la clase (el ponente) salía contenta, habiendo aprendido algo, sorprendida por la cantidad de cosas que aún podía aprender. Y maravillada por la vida que estaba viviendo.

Echo de menos Madrid. Y cuando leo cosas sobre Madrid más. Y cuando veo fotos, y cuando alguien me habla de Madrid. Echo de menos Madrid, y la vida que tenía allí.