Recuperar

Una de las cosas bonitas de esta ciudad son algunas personas. Rosa, por ejemplo, y su marido Juan. Dos soles. Y Bea. Y Jordi (aunque lo trate menos). Y Frank. Y Núria. Y Raquel. Y Mari y Pere…. Y seguro que me olvido gente. Todos son madres y padres de compañeros de Maria. Es un lujo que merodeen por mi vida. Ayudando(nos)  siempre. Y acompañándonos unos a otros. No sé qué haría sin ellos…. Y aunque ni siquiera me leen (tengo muy pocos amigos “reales” que me lean), está bien recordarlos… aunque sea sólo nombrarlos.  Y entonces me viene a la cabeza aquello de los amigos… de quiénes son tus amigos…. quiénes te han acompañado durante la vida. Y algunos han ido cambiando… claro, porque también han ido cambiando las circunstancias… Y de repente, sólo de repente, reaparece alguno.

Yo tuve un buen amigo… el segundo año que di clases de informática. Había tenido una mala experiencia el año anterior… tanto como para pensar dejar la docencia (no fueron los alumnos, no….). Y entonces acabé en la Ferreria, con Lluís y Carles. Carles había estudiado conmigo, pero apenas nos conocíamos. Aquel año fue un descubrimiento. Cableamos juntos el instituto, montamos servidores, me ayudó y me enseñó muchas de las cosas que ahora sé. Descubrí en él un hombre resolutivo, de los pocos con los que me he cruzado. En ese momento yo vivía con Albert, pero creo que ya estábamos empezando a dejar de querernos. Tenía la sensación que Albert sólo complicaba las cosas… y Carles resolvía. Compartíamos risas, y a ratos, cuando estábamos dando clases en dos aulas contiguas, dejábamos la puerta abierta y acabábamos charlando apoyados en el quicio de la puerta. Cualquiera que hubiera pasado por allí, pensaría que éramos dos novios, y sin embargo, nunca lo sentí así. Me invitó a conocer a su novia, a ir a su casa cuando se mudaron a Castellar, salíamos a cenar los tres (Lluís, él y yo) casi una vez al mes, y acabábamos a risas cuando Lluís, después de la cena, estiraba los pies, cruzaba los brazos y acababa medio roncando en el restaurante de turno. Lo dejábamos dormir y reíamos.

Igual quedó algo de aquello. Hoy me lo he cruzado. Más bien él se cruzó conmigo… me ha dado un susto de muerte con la moto. Nos hemos reído como antes. Hemos hablado de los hijos, de la vida, de cómo pasan los años, de Madrid, de los institutos donde ambos hemos estado, de los compañeros, de las directoras, de su mujer… . Tiene más canas. Estamos más gordos (ambos). Pero todavía conservamos la mirada y la complicidad. Hemos quedado en llamarnos… en quedar en Septiembre para cenar juntos. Nos apetece mucho. Sé que no lo haremos.

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