Nacer

Que un niño venga al mundo (aunque sea a éste) siempre es una alegría.

Estos días he tenido la suerte de vivir varios nacimientos, de amigas y primas. Cinco en concreto. Pero si ha habido uno emocionante, por el sitio, por las formas, y seguramente por la vivencia compartida, ha sido el de Miquel. Su madre (y su padre), totalmente concienciados, decidieron que naciera en Migjorn, que es una casa de partos (en la web no se ve ni la mitad de bonita que es). Rodeada de las agujas de Montserrat y acompañados por mujeres que llevan un cuarto de siglo trayendo niños al mundo.  Miquel nació de tres empujones, mientras su padre abrazada a su madre (no sólo literalmente), mientras ella estaba prácticamente de pie. No pude evitar que se me saltaran las lágrimas cuando lo vi, enganchado a Rosa, y todavía con las rojeces de haber sido “expulsado” (aunque fuese con cariño) del cuerpo. Aún desnudo (no sé qué manía tenemos en los hospitales de vestirlos enseguida, como si hubiese que hacerlo autónomo inmediatamente y  la piel con piel de la madre no fuese absolutamente imprescindible) y abrazado con desesperación al sustento.

Una sabe que hay momentos que representan puntos de inflexión en tu vida. La mayoría de veces yo los he reconocido a posteriori. Pero tengo la extraña impresión, que la visita a Migjorn va a representar un punto de inflexión en mi vida. Y ojalá no me equivoque.

4 comentarios en “Nacer

  1. Ver nacer una vida es un privilegio que se da en contadas ocasiones.
    Has tenido mucha suerte.
    Precioso y emotivo Fa

  2. Fomentar el apego temprano, tener un parto lo más natural posible, influye en el desarrollo del niño, sin lugar a dudas. A mi hija mayor la parí en una clínica, pero igual fue un parto especial: fue en una habitación y no en quirófano, elegí la música, se bajó la luz y se aumentó la temperatura para que la bebé no sufriese mucho al entrar a este mundo, permaneció sobre mí un buen rato mientras latía su cordón umbilical y después de cortarse éste su padre le dio un baño de inmersión en una bañera que habíamos preparado para ella. Así también se trabajó el apego temprano con su padre. Recuerdo ese parto (tres empujones, y porque me reí en el segundo) como una experiencia maravillosa. Tendría una docena de hijos así. En cambio, mi segundo parto fue por cesárea: eran mellizas y venían de pie. No siempre se puede.
    Perdona, me embalé con mi comentario. Fue un gusto pasar por aquí.
    Un abrazo

    1. Qué bonita la experiencia, Alis!. Mi parto fue similar al tuyo (sin bañera, pero muy respetuoso en el hospital… con música y luz tenue e indirecta…. y a empujones… al final, uno tiene la sensación de llegar a la vida a empujones!. Yo también lo recuerdo como la mejor experiencia personal. Y sí, con estas amigas recientes he tenido (y estoy teniendo) mucha suerte.

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