Mientras la primavera tarda en llegar

Leo a Fernando y sus cuchillas me desgarran el corazón. Con la precisión de un cirujano, que es capaz de separar e identificar las células podridas de las que no lo son. Me duele que eso que él quisiera que fueran sueños para unos, sean realidades para otros. Y lo peor de todo, es que nunca van a aprender a rectificar. Aunque quizá, casi mejor que no rectifiquen. Suerte de las hemerotecas, para que algún día salgan a la luz las verdades, las de verdad. La verdad de las palabras. Y esperemos que la historia sea capaz de poner a cada uno en su sitio. Y sí, que caigan las cuchillas, la de los muros pero también de alguna guillotina.

Supongo que estos días estoy especialmente sensible con la realidad que vivimos. Y desearía que todo hubiese sido un mal sueño. Una pesadilla infantil. Y mañana, al despertar, todas las esperanzas continuasen en el cajón de la mesita de luz (¡qué bonita palabra, Zoe!) de mis abuelos.

 

 

La sociedad podrida (I)

Vivo en una sociedad podrida. A veces son pequeños detalles. Un niño se deja olvidado un patinete en un parque público. Un hombre lo mira de reojo y, cuando parece que nadie lo ve, se lo lleva. Es un síntoma. Leve quizás. Una piensa en la cara que debe poner el niño que horas más tarde regrese al parque para recoger su patinete olvidado y ya no lo encuentre. No me canso de decirle a Maria cuando encontramos algo en la calle que lo deje, que no es suyo, que quizás la persona que lo perdió regresará a buscarlo y le gustará encontrarlo. A veces son cosas más grandes. Porque las sociedades se organizaron para buscar el bien común. Pero yo vivo en una sociedad podrida, donde la codicia de unos pocos está mermando las esperanzas de la colectividad.

Hoy me crucé con una manifestación de los trabajadores de Johnson Controls. Se llevan la empresa de Sabadell. Las multinacionales juegan a la deslocalización, así que cuando una localización no les resulta lo suficientemente rentable, la cierran y se la llevan a otro sitio. A pesar de los beneficios fiscales de los que en su día se beneficiaron. Vivo en una sociedad podrida, que permite que se lucren de forma escandalosa grandes empresas mientras se dejan a 125 familias en la calle.

La Generalitat reparte 700.000 euros en dietas a sus altos cargos. Mucho dinero para un sobresueldo. Vivo en una sociedad podrida que permite que un»Conseller» (pongamos el de Territori i Sostenibilitat, un departamento seguramente  con gran responsabilidad) cobre complementos de siete empresas públicas, por ir a reuniones que están dentro de sus responsabilidades, y bien podrían estar pagadas con su sueldo base de 100.000 euros brutos anuales. Sí, he dicho 100.000 euros brutos anuales . Hay familias enteras que sobreviven con 400 euros mensuales. Digo sobrevivir porque en muchos casos eso no es vida o, al menos, no es como la vida del señor Conseller. Este año, los funcionarios catalanes tampoco cobraremos una de las dos pagas extras (ya nos pagaron sólo la mitad en verano). Parece ser que tienen que pagar las dietas. Una podría entender el esfuerzo si se viese algún tipo de esfuerzo en la clase política. Pero parece ser que las políticas de austeridad sólo se aplican a aquellos que pagan impuestos. Esto también es síntoma de vivir en una sociedad podrida.

Jengibre y cardamomo

Hoy compré jengibre y cardamomo. Hay una sencilla receta de té yogui que hace tiempo no me tomo y que sustituí por unas cómodas bolsitas de té blanco. Pero el yogui relaja, Y va bien para el frío. Y para los dolores menstruales.

Y por la mañana me descubrí hablando mal de un compañero. No todo lo mal que me hubiera gustado, pero sí lo suficientemente mal como para reconocer que no debería haberlo hecho. Me da rabia que algunos personajes den credibilidad a aquello de «qué bien viven los profesores». Aunque he de reconocer que sí, que algunos viven muy bien, o al menos mejor que otros.

Por la tarde fuimos a la Floresta. Queríamos conocer un proyecto educativo alternativo, basado en pedagogía Waldorf en secundaria. Tretzevents. Es realmente decepcionante la falta de motivación de los adolescentes en los institutos. Lo hablaba el otro día con quien será el nuevo director del centro donde trabajo ahora. Pero es que es decepcionante la falta de esperanza en esta sociedad.

En Islandia, unas fotógrafas han llevado a cabo un proyecto divertido: fotografían a sus congéneres con cualquier cosa en la cabeza a modo de sombrero. Cuando digo cualquier cosa, me refiero a cualquier cosa.

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Eyes as Big as Plates # Agnes II © Riitta Ikonen & Karoline Hjorth

El olor del invierno.

Hay ahora un olor característico en esta parte de la ciudad. Algunas casas, de esas que llaman inglesas, aún conservan la chimenea que en otros tiempos sirvió de calefacción. A veces, por la mañana, cuando voy a llevar a Maria al cole y vamos caminando, puedo oler la madera quemándose. Este es el olor del invierno.

 

Proyecto Habitación

Una habitación vacía, mirando al mar. Un escritorio junto a una ventana que se inunda de luz cada mañana. Una lámpara de mesa, con una tulipa clara. Una fotografía digna de ser publicada (al menos) en Proyecto Escritorio. Una estantería austera, con los libros escogidos. Una máquina de escribir, antigua, una Underwood, con un repiqueteo de lluvia. Un cuaderno de campo, de tapas amarillas y negras. Un bolígrafo metálico. Una taza de té blanco, humeante. Una bandeja de papeles a un lado. Una papelera bajo la mesa.

Suena un piano. Es en la casa de al lado. La ventana está abierta y las notas se enganchan en las cortinas. Caen, como gotas, resbalando hasta el suelo de madera. Y saltan hasta mis pies, que no pueden evitar moverse, sin dejar de tocar el talón el suelo. Todavía recuerdan el movimiento sobre los pedales del viejo piano. Mis calcetines blancos tienen la planta gris. Hay una araña que baja desde una viga. Sobre la viga, la pizarra deja pasar el aire y lo convierte en viento.

Un teléfono en una mesa auxiliar, sobre un kilim traído de Turquía.  Un perro de lanas duerme a mi lado. Más que perro parece oveja.  Suena su voz al otro lado. Tiene veinte años y aún me llama mamá. Desde aquí siento sus manos frías y veo sus ojos verdes

Se chove, que chova!

De gallegos y supermercados

No entiendo mucho de supermercados pero, desde que tengo uso de razón (en lo que a supermercados toca) me he fijado que en cada «zona» encuentras algunos nombres propios que no hay en otras. Por ejemplo, en Catalunya tenemos Caprabo (por mucho que Eroski haya querido cambiarle el nombre) o Condis, en Madrid encuentras los Usera. Y en Galicia está Gadis. Empezaron una campaña «Vivamos como galegos» que, al igual que otros anuncios (tipo Freixenet, o Estrella Damm, o incluso el anuncio de la Loteria de Navidad), se espera año tras año. La de este año es divertida, especialmente hoy, que es un día de mucha lluvia aquí.

Eso sí, como la lluvia de Galicia… no hay nada.

De mujeres

Aida es doula (Gurumaji). Es la madre de Nora, una niña nueva en la clase de Maria. La descubro, como un regalo, en cada tarde que compartimos juntas, en las puntadas de la bufanda que voy haciendo para el invierno, en cada sonrisa que compartimos al llegar a recoger a las crías…. De nuestras conversaciones, ella como doula y  yo como madre y mujer «escuchadora» me quedo cada vez con más momentos. Los guardo con papel de seda en la memoria, como se guardan las palabras de las personas sabias que una se va encontrando en el camino, aunque sean más jóvenes, y más inexpertas en otros aspectos.

Ana (Gutiérrez) ha regresado de Suiza. Se fue a ganar dinero, pero nos echamos de menos. Viene 20 días de vacaciones y se vuelve por cuatro meses más. El 23 tenemos una cena de mujeres. Dieciocho. Me dice que estos días quiere verme por su casa, como una hermana más que soy (y me siento). La familia escogida se va haciendo grande día a día. LIMG-20131010-WA0004es digo que tengo ganas de tener otro hijo. Que estos días, hablando con Aida y con dos niños que han venido al mundo (el segundo hijo de Rosa, y el tercero de Mari) vuelvo a abrazar bebés. Y eso te despierta algo en los ovarios. Las Gutiérrez dicen que ellas me ayudarán en todo, que cuente con ellas. Sólo lo siento. De momento, no lo veo factible. Pero cuando empiezas a sentir, empiezas a crear

De restaurantes

Casa Miralles era uno de esos restaurantes fetiches en Sabadell. Llevé a Estrellita allí, una de las primeras veces que vino aquí. Un argentino, bien decorado, llevado por una arquitecta (argentina) que nos enseñó toda la casa (a chasquido de sus dedos) y nos explicó los «grandes misterios» de la casa (una carta de póker pegada al techo que un mago dejó un día pegada o sobre las fiestas locas de Sabiola en el comedor interior y privado…). Me decía que él mataría por una casa así. Como la venden/alquilan, no puedo evitar enviarle un mensajito para decirle si se acordaba de ese sitio. Me contesta, en modo «cariñoso»: «claro que me acuerdo, tontina…. ¿montamos un restaurante?». Es su manera de distraer: captando toda la atención. Es todo un crack.

La mujer habitada. Gioconda Belli

«Rompo este huevo y nace la mujer y nace el hombre. Y juntos vivirán y morirán. Pero nace nuevamente. Nacerán y volverán a morir y otra vez nacerán. Y nunca dejarán de nacer, porque la muerte es mentira.»

Eduardo Galeano

 
Herria isilerazi nahi izan zuten,
bitza kendu,
mintzaira eragotzi.
eta iroultza sortu zen.
emakumea isilerazi nahi izan zuten,
mutu bíhurtu, enoratu, baztertu,
eta orduan HITZA jaio zen, Emakume hitza,
iraultza, bici-iturri.
Laura Mintegi

En su día, pedí a la editorial que me tradujese el poema de Laura Mintegui. No la recuerdo bien… Era algo así (se acepta que la completéis…)

Quisieron prohibir la palabra,

….

y el verbo nació,

la palabra mujer, revolución

fuente de vida

 

La mujer habitada. Gioconda Belli

 

La muñeca de trapo y las grandes verdades

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De niñas, mi prima y yo compartíamos algunas muñecas. Cuando digo compartíamos me refiero a que cada una tenía la suya, pero iguales. A veces cambiaba el tono del pelo o el vestido. También pasaba con nuestros vestidos, que solían ser similares, con diferentes tonos. Fue lo más cercano a tener una hermana.

Una de esas muñecas se llamaba Paquita, y un retrato suyo cuelga en el comedor de mi tía Remedios, que fue el regalo de boda de un pintor, ya fallecido. Espero que no se pierda (el cuadro). Paquita era una muñeca de trapo con largas trenzas amarillas. Digo amarillas porque a «aquello» no se le podía llamar rubia. Conservo un montón de muñecas (Maria ahora juega con muchas de ellas), pero Paquita, misteriosamente, desapareció.

Los seis años de Maria le han traído nuevos juguetes. Ahora le ha dado por unos muñequitos llamados familia Sylvanian. Le regalé (entre otras cosas) un set de una madre y un hijo con una bicicleta. Tuvimos una conversación interesante que fue más o menos así:

– Para otra vez, mamá, quiero que me regales una familia entera.

– ¿Una familia entera? ¿Qué quiere decir una familia entera?

– Pues una familia normal, con el padre, la madre y los hijos.

– Ah… ¿eso es una familia normal?… Entonces, ¿tú y yo no somos normales?

Luego estuvimos hablando de los padres, de su padre, de si quería o no un padre, de si quería conocer a su padre, de si quería que hablase con su padre para que fuese a temporadas con él… Me dice que no, que ella lo que quiere es vivir siempre conmigo (a lo que yo le respondo que espero que no, que no será siempre) y que soy la madre más mejor del mundo mundial.

Al final, por mucho que una intente normalizar una situación, y a pesar que lo vivimos (creo) con absoluta normalidad, hay en esta vida «grandes verdades». A saber:

1. Las familias normales incluyen un padre, una madre, un niño y una niña.

2. Si además tienen perro son más felices.

2. Las chicas (y las madres) son bonitas, delgadas y cariñosas.

3. Los chicos (y los padres) son altos, fuertes y divertidos.

Yo, a veces, no sé de qué sirve llevarla a un colegio «jipi».

Como el valle… no hay nada

A pesar del sueño, me despierto a las seis.

Regresar a una casa que cada vez siento que me aprisiona más.Y más si una está recién llegada de uno de los valles más bonitos de los que he disfrutado últimamente. Puede ser que «com el Vallès no hi ha res«, pero hace falta salvar las distancias, i Joan Oliver nació en 1899. El Vallès está tan deteriorado, que seguramente de haberse escrito ahora, ese poema no hubiese existido. (Aunque echaba de menos ese café matutino y madrugador con sabor a vainilla, rememorando Madrid)

BIELSA1Como estoy tan zumbada, en vez de corregir los 50 exámenes que tengo pendientes me pongo a mirar los precios de las casas en el Valle de Pineta. Es lo que tiene soñar con otra vida.

Un poco más abajo, alguien me hace un guiño y me propone una aventura. Embarcarte en un «negocio», sin ni siquiera saber de qué ni con quién me parece una auténtica locura. Pero ¿quién dijo fácil? y sobretodo ¿quién lo quiere fácil?. A veces, sólo se necesita un empujoncito, mirar en la misma dirección y aunar energías similares. Sonrío. De momento sólo sonrío. Pero ese run-run interior empieza a dar vueltas, centrifugando ideas a su paso.

Estos días hemos estado en la casa de Pedro y Fina. Basta decir que la casa era preciosa, con un par de apartamentos adosados que les sirven para tener ese pequeño ingreso extra. BIELSA4Con el tiempo del que se dispone cuando uno está tranquilo y de vacaciones, me siento a tomar un yogurt en la valla que da al valle. Pedro se sienta conmigo y me explica detalles de su vida. Qué curiosos son los acentos, yo, que siempre presumo de no tener acento de nada y sin embargo ¡me parece tan cercano y tan sencillo y tan hermoso ese acento maño…..!. Tere se sorprende de lo encantadora que resulto, a pesar de la timidez. Yo reconozco que ha sido un trabajo de años. Entonces recuerdo que el padre de Maria siempre me decía que no soy consciente de lo encantadora que puedo llegar a ser. Debe ser bueno, aunque yo a veces tengo claro que soy borde. Muy borde. Pero incluso cuando nos para la Guardia Civil, camino a Ainsa, y un tipo desagradable nos pide la documentación del coche. Como todo está en regla (y lo sé), y lo único que temo es que descubra las piedras que le habíamos «robado» al río Cinca, le sonrío cuando me explica no sé qué tontería de la doblez en la etiqueta de la ITV y le doy las gracias por la explicación. Tere me dice que ella no es tan correcta, y que le jode que le paren sin motivo aparente, y que te traten como si fueses culpable de algo. A veces tenemos visiones muy diferentes de las cosas, pero me pasa con la mayoría de mis amigos, y la mayoría de mi gente (y de la gente). Pedro tiene dos hijas y un sobrino que le preocupan. Una de sus hijas porque no le gusta estudiar, ni trabajar. Y un sobrino porque se lió con una fulana que le ha dejado colgado con dos hijos pequeños y se ha ido con otro.  Lo que da de sí un yogurt.