La sociedad podrida (I)

Vivo en una sociedad podrida. A veces son pequeños detalles. Un niño se deja olvidado un patinete en un parque público. Un hombre lo mira de reojo y, cuando parece que nadie lo ve, se lo lleva. Es un síntoma. Leve quizás. Una piensa en la cara que debe poner el niño que horas más tarde regrese al parque para recoger su patinete olvidado y ya no lo encuentre. No me canso de decirle a Maria cuando encontramos algo en la calle que lo deje, que no es suyo, que quizás la persona que lo perdió regresará a buscarlo y le gustará encontrarlo. A veces son cosas más grandes. Porque las sociedades se organizaron para buscar el bien común. Pero yo vivo en una sociedad podrida, donde la codicia de unos pocos está mermando las esperanzas de la colectividad.

Hoy me crucé con una manifestación de los trabajadores de Johnson Controls. Se llevan la empresa de Sabadell. Las multinacionales juegan a la deslocalización, así que cuando una localización no les resulta lo suficientemente rentable, la cierran y se la llevan a otro sitio. A pesar de los beneficios fiscales de los que en su día se beneficiaron. Vivo en una sociedad podrida, que permite que se lucren de forma escandalosa grandes empresas mientras se dejan a 125 familias en la calle.

La Generalitat reparte 700.000 euros en dietas a sus altos cargos. Mucho dinero para un sobresueldo. Vivo en una sociedad podrida que permite que un”Conseller” (pongamos el de Territori i Sostenibilitat, un departamento seguramente  con gran responsabilidad) cobre complementos de siete empresas públicas, por ir a reuniones que están dentro de sus responsabilidades, y bien podrían estar pagadas con su sueldo base de 100.000 euros brutos anuales. Sí, he dicho 100.000 euros brutos anuales . Hay familias enteras que sobreviven con 400 euros mensuales. Digo sobrevivir porque en muchos casos eso no es vida o, al menos, no es como la vida del señor Conseller. Este año, los funcionarios catalanes tampoco cobraremos una de las dos pagas extras (ya nos pagaron sólo la mitad en verano). Parece ser que tienen que pagar las dietas. Una podría entender el esfuerzo si se viese algún tipo de esfuerzo en la clase política. Pero parece ser que las políticas de austeridad sólo se aplican a aquellos que pagan impuestos. Esto también es síntoma de vivir en una sociedad podrida.