Balances

Uno no puede hacer balance cada doce meses en su vida. Me niego. De hecho, incluso me niego a hacer balance en lo que preveo será como máximo la mitad de mi vida. Pero parece que el entorno nos obligue.

El saldo del 2013 me sale negativo. O muy bien tendrían que ir estas seis horitas que le quedan. Quizás irme a Australia ahora mismo (igual eso lo arreglaría, siempre que me fuera hacia el oeste y le ganara horas a la vida, y no se me ocurriera volver por el otro lado….). ¿Qué pasaría si siempre estuviéramos viajando hacia el oeste?. Recuerdo habérmelo preguntado la primera vez que leí “La vuelta al mundo en 80 días”, con ese final brillante en que el protagonista le gana al tiempo con ingenio (o no).

En algún lugar he leído que hay que acabar el año haciendo lo que más te guste, porque es el augurio de que es lo que más vas a hacer este nuevo año. Así que hoy quiero escribir. Y así lo hago. También ha influido un mensaje que me llegó esta mañana, como un regalo. Alguien que no conozco (y no me conoce) me dice que escribo como los ángeles. Yo no sé cómo escriben los ángeles, pero qué bonito suena y qué bien si lo que voy escribiendo va calando en algún lugar. No sé muy bien porqué escribo. A veces sólo es denunciar algo que has leído/visto. Otras, es vomitar lo que llevas dentro y no te sale de otra manera. No tengo conciencia de la primera vez que escribí, aunque aún recuerdo los veranos en que mi tía nos hacía escribir una redacción al día, como ejercicio extra para las vacaciones. Luego nos hacía copiar las faltas de ortografía, como buena (y clásica) maestra de escuela. Entre eso, y todo lo leído y todo lo aprendido, y todos los daños recibidos… hay días que no tendrían sentido si no los escribiera. Como una extraña meditación, se ordenan las ideas en palabras. Una detrás de otra. Aunque a veces, como hoy, las ideas salgan desordenadas y a trompicones.

Ayer, mientras estaba en el parque con Maria y Alex, se me acercó una mujer con una bolsa con ropa. Me la ofreció. Me explicó que era de su hija, que estaba limpiando los armarios, y que estaba nueva y que iba a llevarla a Cáritas, pero que igual a mí me podría servir. Le dije que sí, porque tampoco hubiera sabido/podido decir que no. Resultaron ser un par de jerseys bonitos, casi nuevos, que le han encantado a Maria. Luego, en la tienda de la Nespresso, cuando fui a comprar café me regalaron un paquete. Me preguntan si había hecho una encuesta, si me habían llamado por teléfono…. y la verdad es que no. Pensé en mi prima, que trabaja allí, que igual me había incluído en alguna promoción…. El caso es que han sido pequeños regalos sorpresa con los que he acabado el año.

La otra ha sido la exposición de Marga Clark, que he ido a ver hoy. Un lujo para la memoria. Locus Naked es un hermoso discurso entre dos ciudades: Nueva York y Roma. Pero a mí, lo que siempre me ha fascinado de Marga Clark es esa capacidad para integrar un texto con una imagen. Como buena poeta que es.

Y Estrellita me hace un encargo para su casita de Badalona. Quiere que le teje un “dondeestánlasllaves” como el que le dejé en Madriz, de color turquesa y curry. Qué digo yo qué color es curry y él va y me envía una muestra Pantone. Es así de profesional. En el chino debajo de casa encuentro justo un rollo de trapillo de esos dos colores. No ha quedado tan consistente como el que le dejé en la calle Relatores para los mandos de la tele, pero queda curioso. Es el precio de que me deje el pisito algún que otro fin de semana, y en el fondo me hace ilusión que me lo pida. También me dice que nos “hagamos los encontradizos tipo jueves en Barcelona”, pero no, no me voy a hacer cómo que me encuentro nada.

Hoy estuve en Barcelona, perdiéndome entre callejas. He disfrutado mucho paseando por lugares que ya había estado hace más de veinte años. He recorrido un gótico que se me hace lejano, pero no. He visitado las columnas romanas del Templo de Augusto. La plaza Sant Felip Neri. El arquebisbado (curiosamente hoy se podía entrar en plazas que en otros momentos no se puede). El museo Frederic Marés. La calle Carabassa. Y entonces me viene esa canción a la cabeza: qué bonita es Barcelona, en invierno y en verano. ¿o era Badalona?

Mi wishlist FNAC 2013

Soy de las que aparcan a la primera. En la conferencia de Emili Duró (una mezcla de Chiquito de la Calzada y Jordi Pujol), hablando sobre el Optimismo, habla justamente de todos aquellos que tienen una flor en el culo porque aparcan a la primera. Sin embargo, con otro tipo de suerte (sea que te toque la lotería o un novio) no he tenido tanta.

Gracias a Cuaderno de Retales,  me entero del concurso de la FNAC. Veamos si este año es diferente y me empieza a tocar algo. He aquí mi lista de deseos (que no debe sobrepasar los 2013 euriquis)

Y con esto, me planto en 1989 €, aproximadamente.

Aquí dejo patentes mis necesidades tecnológicas.

 

De cumpleaños y calendarios

Joan Manuel Serrat cumple hoy 70 años. A mí siempre me hizo gracia que se llamase Joan Manuel,  y no Juan Manuel, ni Joan Manel…. Como quien no quiere la cosa, hoy hace cincuenta años que tiene veinte años.

Mi primo tiene la extraña manía de utilizar el calendario republicano francés en las entradas en su blog. A mí me encanta, aunque reconozco que he tenido que darle un par de vueltas a la wikipedia para entenderlo.  Los días, en vez de dedicarlos a un santo o a una virgen, se asocian a una planta o a un mineral. Los días acabados en 5 se hace a un animal y los que acaban en 0 se dedican a una herramienta.

Hoy es 7 de Nivôse, día dedicado a la tierra vegetal.

Después de cinco días mirando el Mediterráneo, vuelvo a casa. Y me empiezan a doler, otra vez, las cervicales. Llámame maniática.

 

 

I have a dream

Hubo una revuelta. Un grupo de encapuchados entró en el edificio, flanqueado por dos leones. Empezaron a disparar al techo. Mataron al presidente, a la vicepresidenta. Leyeron un comunicado. Hablaban de recuperar la moral. Hablaban de democracia, de empoderar a los ciudadanos y a la sociedad. Hablaron de un escarmiento público. De que ellos, así, también tendrían miedo. Que no bastaba la cárcel para los corruptos.  Se llevaron a varios diputados. Ninguno de ellos fue escogido al azar. Los policías miraron hacia otro lado. Nadie los detuvo. Fuera nadie los esperaba. Metieron a los diputados, no más de diez, en furgonetas, con las manos atadas a la espalda. Uno de ellos lloraba. Otro se hizo pis encima. No había televisiones, pero grabaron con móviles toda la acción. Colgaron el video en internet. Pararon la furgoneta en un camino. Junto al arcén había varios agujeros. Los políticos temblaban. Uno de ellos imploró. Les ofreció varios pisos en Madrid, y un dinero que tenía en Suiza. Los pusieron mirando los agujeros abiertos y les dispararon en la cabeza. Cayeron uno a uno. Los taparon con tierra. Alguien gritó, con lágrimas en los ojos:  “Que los busquen y los desentierren sus hijos, sin subvenciones”… La historia se repetía. Siempre pierden los muertos, y los vivos de esos muertos.

Hubo varios días de confusión. El vídeo circuló por la red. Acababa con una advertencia: “Si volvéis a hacerlo, volveremos a hacerlo. Tú puedes ser el próximo”. De uno y otro lado fueron ardiendo corazones

Los políticos se bajaron los sueldos. A cambio de sus vidas, decidieron eliminar todos sus privilegios. Alguno dejó la política y regresó a la empresa privada, alegando que no sentía con fuerzas para continuar por el bien común. Aplicaron modelos más austeros de gestión personal, buscando ejemplos en países nórdicos, como Suecia. Aumentaron el número de médicos y profesores. Bajaron las tasas universitarias. Aumentaron los impuestos a los que más tenían. Aumentaron el número de inspectores fiscales que permitió reducir y en poco tiempo eliminar, el fraude fiscal de las grandes fortunas. Se abolió la monarquía y se redujo ese gasto de los impuestos colectivos.  Se les obligó a devolver el patrimonio nacional.  Se permitieron estados federales y se independizaron las comunidades autónomas que así lo solicitaron, aunque al poco tiempo, y viendo lo bien que funcionaba, solicitaron volverse a anexionar, entendiendo que la colectividad se vería enriquecida cuanto más juntos permanecieran. Se sancionaron las multinacionales que se habían beneficiado durante años de recursos locales y de beneficios fiscales y habían decidido trasladar sus plantas a otros países. Se castigaron y multaron a los bancos que habían engañado a sus clientes. Se negaron a pagar la deuda pública, y a cambio, renegociaron posibles inversiones. Se facilitó a las empresas de energías renovables establecerse. Se fomentaron las cooperativas y las redes sociales. Se expropiaron pisos vacíos , que los bancos se habían apropiado y se reconvirtieron en alquileres sociales. Se permitieron movimientos asamblearios, foros abiertos en la calle, donde la gente discutía sobre lo que querían para sus ciudades y pueblos. Se buscaron representantes en las asambleas que llevasen esas propuestas a los congresos locales. Poco a poco se eliminaron los partidos, y los representantes fueron básicamente individuos o colectividades, grupos de personas participativas, implicadas y preocupadas por el bien común. Honestas, compasivas, responsables, generosas y solidarias.

Fue muy difícil. Y se tardó varias décadas. Pero hoy nadie rebusca en la basura para encontrar comida. Tenemos una tasa de paro de menor del 5%. La educación y la sanidad es pública y de todos, que no gratis.  Tenemos escuelas de calidad, hospitales de calidad, espacios urbanos de calidad. Existen plazas públicas en residencias de ancianos para todos aquellos que lo desean, y estamos buscando la manera que nuestra población, envejecida, tenga alternativas. Se ofrecen pisos tutelados que comparten entre ellos y con nuevos inmigrantes y con estudiantes  y con servicios mínimos. Se fomenta la cultura libre, se respetan todas las lenguas, todas las historias, los movimientos culturales, la música en la calle…. Intentamos vivir en armonía. La codicia de vez en cuando se apodera de alguien. Quiere medrar y ocupar un escaño, aprovechar que tiene poder de decisión para ayudar a alguna empresa amiga. Entonces unos encapuchados aparecen por su casa. Van vestidos de blanco y se hacen llamar los mensajeros. El codicioso cierra la puerta y deja en poco tiempo su participación en política. Parece que aprendieron la lección. La política vuelve a resolver los problemas de la convivencia colectiva, aunque sabemos que sólo es un ciclo en el fluir del universo.

Aún no tiene veinte años

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La miro, mientras crece. Con sus piernas largas y delgadas, bailando dentro de unas mallas.

La miro. Su mirada verde. La sonrisa puesta.

Y se me parte el alma, egoísta, pensando que un día tendrá veinte años y se marchará. Porque así debe ser.

Intento disfrutar cada momento a su lado. Sé que si me los pierdo, nunca podré recuperarlos. Incluso cuando me enfado: siempre acabamos explicándonos la una a la otra qué hicimos mal.

A mí me gusta la niña en la que se está convirtiendo.

A pesar del dolor que siento en el pecho cada vez que pienso que un día la puedo perder.

Nunca se quiere tanto como a un hijo. Y como he querido así, siento que nunca voy a querer igual .

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Fotos de Edgar Marques, en San Lorenzo del Escorial, Agosto 2013

No hay nada que hacer

No hay nada que hacer. La codicia lo arrasará todo.

No importa que una familia entera muera, desnutrida o intoxicada por comer restos en mal estado.

No importa que las colas en Cáritas sean cada vez mayores.

No importa que 2.300 personas pierdan el derecho a la asistencia sanitaria cada día. Cada día.

No importa que el 16% de jubilados no pueda pagar sus tratamientos farmacológicos.

No importa que (hasta el mes de septiembre) haya una lista de 14 suicidios relacionados con desahucios.

No importa que el 18% de las familias de este país no puedan pagar la calefacción este invierno.

Eso sí. Los eurodiputados viajan en primera. No sea que se les necrose la polla por cruzar las piernas durante tres horas hasta Bruselas.

De cervicales

Busco una explicación holística al dolor de cervicales. En los tiempos de la universidad, solía ir a los exámenes con collarín, hasta el punto que los profesores me conocían por “la chica del collarín”, y había alguno que había preguntado por mí en algún examen al que no me presenté. Ya entonces, alguien me decía que los problemas con las cervicales tenían que ver con la inseguridad personal, y con la sensación de que no somos capaces de hacer algo (en aquella época supongo que enfrentarme a unos exámenes).

Sentada, tiesa y cuando me acabo de tomar un Espidifen (que siempre ha sido aliado con las inflamaciones) me pregunto qué limitaciones, de las muchas que veo ahora, es la que me provoca este dolor.

También debe haber influido que ayer (por fin) volví a nadar. La sensación de fluidez nuevamente, el silencio (extraño) que una tiene dentro del agua, la cadencia con la que combinar los gestos de la cabeza para respirar. Volverme a sentir fluida, aunque al final (por ser el principio) sólo fueran veinte piscinas. Las endorfinas vuelven a hacer efecto.

De literatura y dientes

Cuando leo a Lorenzo Silva me doy cuenta que me gustaría escribir como él. De hecho, me preocupa que en realidad lo que querría es ser él.
“Es intenso sentir que uno pertenece a un lugar. Es intenso sentir que un lugar es extraño. Y la intensidad tiene su importancia. Sólo con ella se puede, y seguramente se debe, hacer literatura.La literatura es el dominio de la memoria, por un lado, y el descubrimiento y la aventura, por otro.”

En la consulta del dentista suenan los Secretos. Dice Urquijo, una y otra vez: “Gracias por elegirme“. Y yo descubro, casi por casualidad, la literatura de Lorenzo Silva.

Los pesebres y la economía del bien común.

pesebreDe niña, cuando llegaban estas fechas, iba con mi padre al bosque a buscar musgo. No puedo evitar recordar esa tarde  (a veces eran dos), en que mi madre colocaba una mesa en el comedor, que se iba llenando de piedras, ramitas, hojas secas, un río de papel de plata, unas montañas pintadas sobre papel de estraza…  Mi padre, que trabajaba, entre otras cosas, limpiando de maleza los bosques y despejando las zonas por donde las lineas eléctricas atravesaban, siempre traía un pequeño abeto/pino… o lo que esa tarde hubiera caído para decorarlo. Ese era mi árbol de navidad. Ahora, que hago lo propio con mi hija, que hemos cambiado el musgo de la montaña por musgo artificial, y el árbol es de plástico… no puedo evitar poner la misma emoción, cuando veo en sus ojos los míos, o lo que mi padre (y mi madre) debían ver en los míos en aquella época. Me sorprende que todo se repite. Que la vida es un ciclo. Que cada vida es un ciclo. Y vivimos más o menos las mismas cosas, y de igual manera.

Suena el último disco de David Ford, que es un enorme descubrimiento.

Y leo, asombrada, una nueva teoría económica que, al menos, me produce una sonrisa: la economía del bien común. Leo con escepticismo, con todo el escepticismo de quien no se cree ni siquiera la labor samaritana del banco de alimentos. No nos queda nada en lo que creer. Salvo el café con leche por la mañana. Y si puede ser, que no sea en la Plaza Mayor.