Los pesebres y la economía del bien común.

pesebreDe niña, cuando llegaban estas fechas, iba con mi padre al bosque a buscar musgo. No puedo evitar recordar esa tarde  (a veces eran dos), en que mi madre colocaba una mesa en el comedor, que se iba llenando de piedras, ramitas, hojas secas, un río de papel de plata, unas montañas pintadas sobre papel de estraza…  Mi padre, que trabajaba, entre otras cosas, limpiando de maleza los bosques y despejando las zonas por donde las lineas eléctricas atravesaban, siempre traía un pequeño abeto/pino… o lo que esa tarde hubiera caído para decorarlo. Ese era mi árbol de navidad. Ahora, que hago lo propio con mi hija, que hemos cambiado el musgo de la montaña por musgo artificial, y el árbol es de plástico… no puedo evitar poner la misma emoción, cuando veo en sus ojos los míos, o lo que mi padre (y mi madre) debían ver en los míos en aquella época. Me sorprende que todo se repite. Que la vida es un ciclo. Que cada vida es un ciclo. Y vivimos más o menos las mismas cosas, y de igual manera.

Suena el último disco de David Ford, que es un enorme descubrimiento.

Y leo, asombrada, una nueva teoría económica que, al menos, me produce una sonrisa: la economía del bien común. Leo con escepticismo, con todo el escepticismo de quien no se cree ni siquiera la labor samaritana del banco de alimentos. No nos queda nada en lo que creer. Salvo el café con leche por la mañana. Y si puede ser, que no sea en la Plaza Mayor.

 

3 comentarios en “Los pesebres y la economía del bien común.

  1. A mucha gente, esta época del año nos produce sentimientos encontrados y deseamos que el reloj se acelere. Son días de nostalgias y melancolía con algún flash de sonrisas.
    Claro que en tu caso.. tienes el comodín de tu hija y ella te hará olvidar esos ratos difíciles si se producen
    También es la época de los buenos propósitos, aunque no entiendo por qué hay que poner fechas a los buenos propósitos y siempre hay que creer en algo… aunque sea utópico
    Que nada nos quite la ilusión de creer
    Besos Fa

  2. Qué buenos recuerdos. Mi hermano y yo hacíamos lo mismo con mi padre. Íbamos a buscar el musgo y algún trozo de corcho al bosque y lo pasábamos bomba montando el belén. De momento no he recuperado la tradición y nos conformamos con el árbol de plástico decorado. Un abrazo!

  3. Sí, por favor, que no sea en la Plaza Mayor. Pero siempre te quedará tu casa (eso espero). Mi abuela, con alzheimer decía: “Tengo mi casa y mi buena paga ¡y no tengo por qué aguantar esto! (qué tiempos…)

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