I have a dream

Hubo una revuelta. Un grupo de encapuchados entró en el edificio, flanqueado por dos leones. Empezaron a disparar al techo. Mataron al presidente, a la vicepresidenta. Leyeron un comunicado. Hablaban de recuperar la moral. Hablaban de democracia, de empoderar a los ciudadanos y a la sociedad. Hablaron de un escarmiento público. De que ellos, así, también tendrían miedo. Que no bastaba la cárcel para los corruptos.  Se llevaron a varios diputados. Ninguno de ellos fue escogido al azar. Los policías miraron hacia otro lado. Nadie los detuvo. Fuera nadie los esperaba. Metieron a los diputados, no más de diez, en furgonetas, con las manos atadas a la espalda. Uno de ellos lloraba. Otro se hizo pis encima. No había televisiones, pero grabaron con móviles toda la acción. Colgaron el video en internet. Pararon la furgoneta en un camino. Junto al arcén había varios agujeros. Los políticos temblaban. Uno de ellos imploró. Les ofreció varios pisos en Madrid, y un dinero que tenía en Suiza. Los pusieron mirando los agujeros abiertos y les dispararon en la cabeza. Cayeron uno a uno. Los taparon con tierra. Alguien gritó, con lágrimas en los ojos:  “Que los busquen y los desentierren sus hijos, sin subvenciones”… La historia se repetía. Siempre pierden los muertos, y los vivos de esos muertos.

Hubo varios días de confusión. El vídeo circuló por la red. Acababa con una advertencia: “Si volvéis a hacerlo, volveremos a hacerlo. Tú puedes ser el próximo”. De uno y otro lado fueron ardiendo corazones

Los políticos se bajaron los sueldos. A cambio de sus vidas, decidieron eliminar todos sus privilegios. Alguno dejó la política y regresó a la empresa privada, alegando que no sentía con fuerzas para continuar por el bien común. Aplicaron modelos más austeros de gestión personal, buscando ejemplos en países nórdicos, como Suecia. Aumentaron el número de médicos y profesores. Bajaron las tasas universitarias. Aumentaron los impuestos a los que más tenían. Aumentaron el número de inspectores fiscales que permitió reducir y en poco tiempo eliminar, el fraude fiscal de las grandes fortunas. Se abolió la monarquía y se redujo ese gasto de los impuestos colectivos.  Se les obligó a devolver el patrimonio nacional.  Se permitieron estados federales y se independizaron las comunidades autónomas que así lo solicitaron, aunque al poco tiempo, y viendo lo bien que funcionaba, solicitaron volverse a anexionar, entendiendo que la colectividad se vería enriquecida cuanto más juntos permanecieran. Se sancionaron las multinacionales que se habían beneficiado durante años de recursos locales y de beneficios fiscales y habían decidido trasladar sus plantas a otros países. Se castigaron y multaron a los bancos que habían engañado a sus clientes. Se negaron a pagar la deuda pública, y a cambio, renegociaron posibles inversiones. Se facilitó a las empresas de energías renovables establecerse. Se fomentaron las cooperativas y las redes sociales. Se expropiaron pisos vacíos , que los bancos se habían apropiado y se reconvirtieron en alquileres sociales. Se permitieron movimientos asamblearios, foros abiertos en la calle, donde la gente discutía sobre lo que querían para sus ciudades y pueblos. Se buscaron representantes en las asambleas que llevasen esas propuestas a los congresos locales. Poco a poco se eliminaron los partidos, y los representantes fueron básicamente individuos o colectividades, grupos de personas participativas, implicadas y preocupadas por el bien común. Honestas, compasivas, responsables, generosas y solidarias.

Fue muy difícil. Y se tardó varias décadas. Pero hoy nadie rebusca en la basura para encontrar comida. Tenemos una tasa de paro de menor del 5%. La educación y la sanidad es pública y de todos, que no gratis.  Tenemos escuelas de calidad, hospitales de calidad, espacios urbanos de calidad. Existen plazas públicas en residencias de ancianos para todos aquellos que lo desean, y estamos buscando la manera que nuestra población, envejecida, tenga alternativas. Se ofrecen pisos tutelados que comparten entre ellos y con nuevos inmigrantes y con estudiantes  y con servicios mínimos. Se fomenta la cultura libre, se respetan todas las lenguas, todas las historias, los movimientos culturales, la música en la calle…. Intentamos vivir en armonía. La codicia de vez en cuando se apodera de alguien. Quiere medrar y ocupar un escaño, aprovechar que tiene poder de decisión para ayudar a alguna empresa amiga. Entonces unos encapuchados aparecen por su casa. Van vestidos de blanco y se hacen llamar los mensajeros. El codicioso cierra la puerta y deja en poco tiempo su participación en política. Parece que aprendieron la lección. La política vuelve a resolver los problemas de la convivencia colectiva, aunque sabemos que sólo es un ciclo en el fluir del universo.

8 comentarios en “I have a dream

  1. Alguien me dijo hace mucho, mucho tiempo (más o menos en el 2006) que la cosa iba de mal en peor, que no nos dabamos cuenta, pero que así era; y que si seguiamos perdiendo el control de esa forma al final la única posibilidad sería la revolución armada. Qué triste.

  2. Puede que sea un ingenuo pero sigo confiando en el sentido común del ser humano. Lo que se consigue con violencia o miedo, suele ser alienante y de corto recorrido, venga de donde venga. Tenemos que tener la suficiente memoria como para aplicarla cada cuatro años

  3. Que bien escribes Fátima, casi creí que era verdad lo que contabas o será que quiero que lo sea y parece tan fácil tal como lo cuentas que siento que es posible… Un abrazo y feliz año!

    1. Yo creo que podría ser el sueño de muchos, sí.
      Besos, Maru… y feliz año!!!
      (Gracias, niña… y qué bien que me leas :), me hace feliz que mis amigos me lean )

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