La kettle

Mi kettle viejaUna de las cosas que adopté en Londres fue una kettle. Me acompañó a Madrid y después hasta aquí. Se mudó a “la casa grande y vieja” (como la llamaba Maria) y volvió a este pisito de soltera cuando volvimos a él. Un día dejó de funcionar. La desmonté con todo el cariño que pude hacia un objeto que (con la tontería) hacía más de siete años que me acompañaba. Una pieza de plástico activaba el resorte que permitía encenderla. Y luego saltaba cuando la temperatura superaba los 100ºC y el agua hervía. Pero el plástico había dado de sí y si conseguías encenderla, no conseguías apagarla. La guardé en un cajón, esperando que se me ocurriese qué hacer con ella, pero con el convencimiento que no podía tirarla. Este síndrome de Diógenes que me acompaña consigue que al final no sepa ni dónde colocar las cosas.

Todos los objetos tienen una historia. En casa hay dos fuentes de loza que compramos hace muchos años en Morella. Los hacía una alfarera del pueblo. Los decoraba a mano. Se nota porque los dibujos no tienen la precisión de las máquinas. Eso los hace perfectos. Unos candelabros  con forma de hojas que me regaló una amiga (la mejor de la adolescencia) hace también muchos años. Unas copas de color azul, con el pie verde, hechas a mano. Alguno de esos objetos tienen tantas historias, conservan tantas conversaciones, pasaron por tantas manos, vivieron tantos besos… que hasta hacen daño.

kettlenuevaUn rey mago tardío me ha enviado una nueva kettle. La pedí en la lista del FNAC que publiqué hace días. Aún no tiene historia, pero intuyo que la tendrá. De momento ha conseguido que hiciera limpieza en la cocina y me desprendiera de objetos inútiles, aunque anduviesen cargados de sentimientos.

Así se ha ido llenando una nueva caja de objetos de la cocina. Maria ha escrito en ella, con letra de niña de seis años: “Cosas de la cocina de Fátima y Maria”. Al lado, yo he escrito una lista con el contenido.

  • Babycook
  • Tazas
  • Escurrecubiertos cerámica
  • Tetera china
  • Azucarero….

y podría seguir.

Sigo llenando cajas. Sigo haciendo espacio. Y aún así, siguen quedando historias.

 

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