Brecha

Imagenfoto: Masao Yamamoto

 

Necesito encontrar la brecha. Un hueco en la pared. Por donde comenzar la destrucción. Necesito destruir el muro que puse entre yo y algo que no es yo. Necesito, desde la necesidad, encontrar el agujero por el que darle la vuelta a todo. Y ponerlo del derecho. O del revés. Necesito (y no es deseo, es necesidad, sí Fernando, ineludible), un ladrillo mal puesto en la pared. O una escalera por la que bajar al mar. Y nadar. Mar abierto. Hasta que las fuerzas no den para más. No hay retorno. No hay donde apoyarse cuando llegues al final de tus fuerzas. Sólo olas.  Estibar. Lo mínimo. Vaciar lo suficiente el alma para poder nadar sin retorno. Necesito la inmensidad del mar. El sentimiento ínfimo en que se convierte un ser ante la presencia del infinito azul.  Y luego la nada. No sentir. No amar. No odiar. No desear. ¿Y si la nada calma la ansiedad?¿Calma el hambre?. La escasez. Sufrir. Sentir el no sentido de la vida. Del mal gobierno. Sentir que el esfuerzo vale la pena. O no vale nada. Necesito un martillo. Una guillotina. Una maza con que destruir la piedra del camino. Un grito. Un llanto infinito. Un sollozo calmado. Y luego el silencio. Y tierra. Y mar. Y tierra otra vez.. Y arena blanca. Y un brote que germina. Y una luz sobre él, que lo hará crecer y se convertirá en arbusto. Y luego en árbol. Y luego en tierra otra vez. Necesito cerrar el ciclo, abrir camino, encontrar la luz.

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