El calendario, el amor, el osteópata y el olor de vainilla del té blanco.

A estas horas mi casa se impregna del olor de la vainilla del té blanco con el que me suelo dormir. Llevo días queriendo escribir algunas impresiones, algunas anécdotas y algunas emociones que me van llegando, pero el día se me acaba con la rutina diaria. Creo que es difícil para según quién, entender que a veces no tengo tiempo ni de contestar el teléfono. Y aunque sea telegrámico, no quiero que sigan pasando días y se me olvide alguna de las cosas que quería escribir.

De una ventana y una abuelilla. Paseaba con Maria por la calle Salut, en busca del coche perdido. Es una de esas calles llena de casas bajas (que no adosadas). De una ventana escucho una voz. Debía tener no menos de 70 años y llevaba en las manos un calendario con el mes de mayo y unos días tachados. Desde el otro lado me pide que le diga qué día es hoy. Ocho, le contesto. Me sonríe y lo tacha. Otro más, me dice. Es que no me acuerdo del día a que estamos, y no quiero preguntarle a mi cuñado. Le sonrío. No sé cómo explicarle todo lo que se me remueve dentro.

Del amor. Me mira a los ojos y me dice que me quiere, mucho, no sabes cuánto. Yo sé que es el Guadiana: a ratos estoy y a ratos mejor mañana. Yo lo miro y siento en lo más profundo que lo que en realidad quiero es cortarle las uñas de los pies cuando él no llegue. (Escrito ahora y releído, bien podría convertirme en su podóloga). Aida dice que eso tiene que ver con el amor. No es más que un sentimiento, pero me parece poderoso y ambicioso.

Jairo. Tiene un extraño aire a un indígena. A mí me pareció un indio andaluz (después me dirían que nació en Ecuador y que se crió en Almería). Alguien me dijo que era muy buen osteópata y pensé que sería buena idea hacerle una revisión a Maria. En un momento me mira y me dice: ¿tú cómo estás?. Sonrío y le miento: bien. Se ríe y me lo repite.  Acaba recetándome unas constelaciones familiares para mí, pero varias, que tienes cosas que trabajar. Le hablo de mi madre, de las hermanas de mi madre, del padre de mi hija, de las parejas que quedaron atrás…. Maria y Alex juegan. Ella está bien, pero tu trabajo la ayudará.

 

 

2 comentarios en “El calendario, el amor, el osteópata y el olor de vainilla del té blanco.

  1. cuando habla el cuerpo, el alma, lo vida, sobran los comentarios. Hace poquito, pero tan poquito que parece siempre, que caminamos juntas, es un placer, un aprendizaje y unas risas. Gracias por esta rendija a ti

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