De momentos ajenos y de fuentes.

A veces, últimamente muchas veces, me siento ajena. Ajena de los lugares que comparto con gente ajena. Hoy, mientras Maria se balanceaba en un columpio en una plaza cercana a casa, me senté a tomar café a un puñado de metros. Me gusta ese espacio que a veces ponemos entre las dos, como en la lejanía, pero con la mirada encima. Yo en ella y ella en mí. De vez en cuando me mira, a ver si la miro. De vez en cuando yo la miro, a ver si detecta que la estoy mirando, como leona que protege al cachorro. Escucho conversaciones ajenas, y me parecen de otro planeta. No los entiendo. No sé de qué hablan. Pero lo peor, es que no me importa de qué hablan.

Estos días me vino a la cabeza una fuente. Hay un rincón en este patio diminuto en que (no sé por qué) se me metió que tenía que tener un caño de agua, algo de lo que surja el agua, y fluya y sobretodo suene. Me acerqué a Rubí a traer (y llevar) a mi madre y aproveché para acercarme a la Noguera (las fotos de la web no les hace justicia). Es un centro de jardinería que llevan bàsicamente dos hermanas. Son curiosas, y ya eran conocidas en Rubí de la época en que montaron una tienda de regalos (cuando aún no había “todo a cien”,  ni tiendas de regalos). Si no recuerdo mal, se llamaba el Sidral y era un “sidral” en toda regla. Pero siempre tenían gente, sobretodo jóvenes que buscaban regalos originales. Con los años (y el dinero que hicieron) compraron unos terreros en las afueras de Rubí y construyeron una nave que llenaron de plantas. Hoy es un auténtico invernadero donde puedes encontrar desde muebles de jardín hasta comida para todo tipo de mascotas, plantas de todo tipo y cómo no… fuentes. Así que ni corta ni perezosa fui a ver. Son caras, carísimas. Pero lo peor de todo es que son muy artificiales (aunque no lo parezcan). La mayoría están huecas y por detrás tienen una especie de puerta para poder acceder a la bomba de agua. Me parecieron horribles. Así que ando ideando cómo hacer una fuente aprovechando las piedras que trajimos de los Pirienos (del Valle de Pineta y de la Cerdanya). De momento nos hicimos con la bomba de agua y un cuenco de barro que hay que impermeabilizar (el material poroso haría que el agua se filtrase). La bomba permite llevar el agua hasta 50 cm arriba, pero mi idea no es hacer una cascada… prefiero un borbotón de agua que fluya y suene como el de un río. Y ahí andamos, Maria y yo, colocando las piedras de diferente manera, ideando algo para hacer que el cuenco (poroso) no pierda el agua y la bomba no se queme. Lo mejor de todo es que leo cositas sobre Feng-Shui y es sorprendente el significado que tiene, y el sitio donde lo he colocado. Al final Jose tendrá razón, cuando dice que tengo un talento por descubrir(me).

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