Isabel y la Antigimnasia

Me recibe en una sala blanca pero cálida. Voy descubriendo pequeños detalles durante la entrevista: un certificado cuidadosamente enmarcado en la pared, una flor a la entrada, luces en el suelo. La moqueta de la sala es impresionante, suave, de color blanco ¿huevo?. Está descalza, y yo me descalzo también, de forma voluntaria. A medida que la miro, me parece más hermosa, más elástica, más elegante en los movimientos. Debe ser esa, seguramente, la actitud que uno tiene cuando habita su cuerpo, la primera (y última) casa que nos pertenece.

No estaba preparada para sus preguntas, así que acabo llorando. Cuántas lágrimas últimamente, todas necesarias. Me pregunta por el parto, el mío. Yo apenas recuerdo lo que he inventado desde los recuerdos de los demás. Un parto largo pero natural. No me dieron el pecho, no gateé, no caminé hasta los tres años, estuve inmovilizada unos meses en el hospital, con la cadera enyesada, no me moví durante meses….. Cuántos noes al inicio de tu vida, Fátima, me dice con voz suave. Todos esos noes, quedan impreganados en el cuerpo, porque el cuerpo tiene memoria. Es posible que toquemos ciertos resortes cuando iniciemos algunos movimientos, y me pregunta si estoy preparada para eso. No lo sé, la verdad es que no lo sé. No esperaba tus preguntas, fíjate sólo con una pregunta todo lo que has conseguido.

Habla de verbalizar. Hay que verbalizar lo que el cuerpo te pide.  Nos emplazamos para septiembre, en unas sesiones individuales. Y que luego me incorpore a un grupo de trabajo. Será por ciclos, de 11 ó 12 sesiones. Nos despedimos con un abrazo, sabiendo que volveremos a vernos.

De repente, tengo la sensación que todo lo que pasa a mi alrededor es necesario, que se está moviendo algo que empieza a tomar forma. Incluso el reencuentro con Estrellita y la constelación que me ha permitido convertir la rabia de la enfermedad de mi madre en ternura y risa. Conocer a ciertas personas este año. Acercarme más a otras que ya conocía. Y entonces, cae por casualidad la antigimnasia entre mis manos.

4 comentarios en “Isabel y la Antigimnasia

    1. Sí, Alberto. Y cerrar las heridas, con puntos de sutura lo suficientemente bien hechos como para que las cicatrices no resulten dolorosas.

  1. el miedo es, llega siempre desde una ruta conocida, habita, memoria del cuerpo, teme lo apenas vislumbrado, Crece, espina, de buena mañana, tu dolor, cuando los mirlos aún (…), pues siempre está ahí, agazapado en la partícula, te entumece las alas, corazón y rozadura, venidero, si no cantas

    Ánimo…

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