Lo masculino

Yo le perdoné, ya hace tiempo. Pero él no. Él le odia, creyendo que así me quiere más a mí. O es su manera de demostrármelo. Así que, si le hablo del Innombrable, él lo insulta y me dice que no vuelva a nombrarlo en esta casa, como si por no decir las cosas doliesen menos. No sabe cómo necesito expulsar del cuerpo todos los dolores, incluso los que ya no están.

De casualidad, me enteré que su padre había muerto. Todos los padres mueren algún día. Y algunos hijos tienen la suerte de enterrarlos y llorarlos. Lloré por él. Por lo que significó en su día y porque fue parte de mi familia, y yo de la suya. Porque fue el que más se puso a mi lado en los momentos más duros de aquella separación que nadie supo resolver para bien. Me pregunté por dentro cómo debió morir. Si sufrió. Si fue rápido o después de una larga enfermedad. Si fue por una enfermedad o sólo la vejez. Como si la vejez no se convirtiese a veces en una enfermedad. Me pregunté por su mujer. Por la soledad de una mujer que vivió junto a un hombre que en algunos momentos llegué a pensar que la maltrataba. Yo, que compartí muchos domingos con ellos, e inclusó llegué a presenciar como él lanzaba un tenedor por la ventana de un quinto piso después de un grito a destiempo. Y recordé un momento extraño en mi vida, cuando ella se rompió los dos brazos cayéndose por la escalera, y era yo quien le limpiaba el culo después de ir al baño. Yo, que siempre me sentí la más lejana y ajena en aquella familia (extraña y ajena). Pensé si ella, la nueva ella, sería capaz de hacerlo y cómo le limpiaría las lágrimas ahora, si es que se las limpia.

Y hoy, después de asar sardinas y beber albariño con la familia propia, mi padre me dice que mañana lleva a Genoneva a la peluquería, y si quiero que lleve a Maria. Yo me pregunto si alguna vez llevó a mi madre a la peluquería. Si la llevó alguna vez a algún sitio. Y entonces recuerdo que hace unos días traje unos marcos para una foto de mis abuelos. Dos marcos para una foto. Así que estuvimos buscando fotos para el otro marco. Él sacó una caja de fotos que guardaba. Sólo había fotos de sus excompañeros de trabajo. Ni mi madre ni yo estamos en su caja de fotos, al menos no en aquella. Tampoco había más fotos. Ni de amigos, ni de viajes, ni del resto de su familia. Y entonces descubrí su soledad, esa que él aún no ha descubierto, y no quise ponerla delante del espejo. Bromeé con las fotos y dejé el marco guardado, con la idea de poner alguna foto nuestra, de él, de Maria y mía, que nos hagamos este verano. No tengo claro si voy a poder curar tantas heridas. Me refiero a las mías. Las suyas, evidentemente, que las cure él.

Y entonces recuerdo a Feliciano, cuando me decía que tenía un problema con la masculinidad y en realidad no tenía nada que ver con Estrellita.

3 comentarios en “Lo masculino

  1. Narrar la vida propia. Tal y como escribes, siempre dan ganas de conocer toda la historia; ir hacia atrás un poco más; con esa mezcla de curiosidad y dolor que da abrir según qué cajones… El privilegio de leerte.

    (Creo que te gustarían las dos novelas de Anne Michaels)

    1. El privilegio es que me lean. Que lo hagas tú y además te llegue lo suficiente como para querer seguir leyendo. Tú, que escribes desde las entrañas.
      Buscaré esos dos libros.
      Gracias, Raúl.

  2. Me apunto las novelas, también yo.

    Hemos estado en Vicedo. Tú andas por tierras de bruma, también, no?

    Si te acercas a la ciudad departamental, y te apetece, nos vemos las caras :-)

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