De paellas y caminos

Se marchó a media tarde, después de haber cocinado (y degustado) una paella. Esta vez no lloré, cuando le vi desaparecer tras los cipreses, los castaños y los amieiros que bordean el camino. Tampoco lloré después, y eso me sigue sorprendiendo. Ya no hay desasosiego en el corazón, ni estruendo en el interior, ni suspiros en el alma.
En su día no entendí que insistiera en venir, después de una boda que tenía en Santiago, a vernos un par de días y traernos las llaves del piso que nos deja en Madrid. Luego, cuando dio marcha atrás, alegando que no quería vómitos, ni revolcones en mi interior, fui yo la que le pedí que viniera. Sentía que tenía que dejarme sentir, y vivirlo, y ver lo que pasaba. A pesar que para mí era la invasión del espacio que siento más íntimo, en mi casa de Galicia, con mi padre, mis miedos y mi hija. Se ganó a mi padre en dos telediarios, aunque luego parece que haya sido un espejismo, porque mi padre ni siquiera se acuerda de su nombre. Como anécdota, también le quitó importancia a la paella, y me dijo que yo cocinaba mucho mejor (y debe ser verdad, porque la paella que sobró no se la comió, y nunca deja nada). Eso es amor de padre, aunque en el día a día seamos distantes y un poco huraños el uno con el otro.
Lo admiro. Quizás es de las personas que más admiro. A pesar que haya cosas que no comparto, ni entiendo (que su ideal de belleza femenina se acerque a Britney Spears, o que su logro mayor haya sido ligarse a una pivita de 30 años, rubia de ojos azules y metro ochenta….). Tuvimos nuestros ratitos de conversación emocional, compartiendo algunos miedos. Vi en sus ojos lo que unas semanas antes sentí en la constelación que hice por él. Y recordé dos frases clave (apenas recuerdo mucho más). “La amo, pero no a cualquier precio” y “Vengo a despedirme”. No sé si las vidas nos volverán a cruzar (sentimentalmente, me refiero), pero lo sentí así, todo lo sentí así. Sentí que nos queríamos pero que de alguna manera nos estábamos despidiendo, a pesar que él lo tome como un reencuentro, para mí es mucho más, casi es todo lo contrario, y aunque físicamente podamos volver a vernos, creo que he conseguido desterrarlo por completo de mi corazón.
Aunque le amo. Porque despierta cosas en mí que nadie ha sabido nunca despertar, y porque parece tan sencillo el día a día a su lado, él, tan resolutivo, donde todo es un “pimpam”. Me da la fuerza suficiente para tomar decisiones (aunque una amiga me recordó que las decisiones importantes de mi vida las he tomado yo, sin la ayuda de nadie). Pero tengo una lista de “to do” bien organizada y concreta de lo que tengo que empezar a gestionar este septiembre, empezando por mí misma, por mi cuerpo y por mi vida. Porque si en un momento dado hay que dinamitarlo todo y empezar de nuevo, no hay que tener miedo. Y porque voy a lograrlo. Todo lo que me proponga voy a logralo (bueno, lo de la lotería igual no). Sé que nos volveremos a encontrar, sin expectativas, con todo el amor por detrás y la amistad por delante. Así debe ser. Porque hasta ahora, nadie había sido suficiente para olvidarlo, y ahora, creo que puedo olvidarlo por sí solo. Caprichosa la memoria.
Es mi primer propósito recuperar la autoestima. Se fue minando con cada kilo de más que he ido acumulando estos años. Seguramente no bastará con eso, pero fijo que ayuda. Estoy en el camino.
Y en unos días regreso a Madrid. Sólo pensarlo me emociona. Puede parecer absurdo, pero forma parte de mí esa ciudad. Y me pierden sus calles (que supongo encontraré más sucias), sus gentes (algunos también forman parte de mí y se han convertido en amigos) e incluso la vida, que me parece más fácil allí. También Madrid forma parte de uno de esos propósitos, aunque no sea inmediato. Ahí andaremos.

7 comentarios en “De paellas y caminos

  1. Veo que has vencido al embrujo del acantilado y miras hacia el horizonte
    Y me alegro
    Te deseo que lo consigas
    Besos

  2. Te leo y me recuerdo a mi misma en otra época, otro momento, con otro embrujador…yo no lo vencí nunca, por más que pensé que “esa era la definitiva” Al final me derrotó él. Me sacó de su vida y ya. Nos queda un recuerdo especial, que ambos sabemos que está ahí, pero no hay amistad, solo buenos deseos que nos damos a través de terceros y una vez al año. Como mucho.
    Los embrujos, embrujan. Espero que en este caso el hechizo haya terminado de verdad.
    Me ha encantado la frase:

    Le amo, pero no a cualquier precio.

    Sí me gusta más con LE que con LA.

    Claro que puedes lograrlo. El truco está en querer lograrlo.
    ;-)

    1. A veces…en la vida se repiten las mismas historias. Sólo cambian los personajes. Sí, le amo, pero no a cualquier precio. Creo que voy a estar bien. Muy bien. Y quiero estarlo.

      Un abrazo!

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