Y volver

copasLlegamos a media tarde. Sin prisa. Habíamos comido a tres horas de Madrid, a pesar que le prometí a Maria comer en San Lorenzo del Albaricoque. Se me humedecieron los ojos al divisar el skyline de esta ciudad (aunque no tanto como cuando dejé a mi viejito diciéndome adiós desde la puerta de casa con la perra al lado). Parecía que Luna sabía que nos marchábamos, porque ladró más que de costumbre. Y aparcamos junto enfrente de casa, esta casa “compartida” (aunque pague otro), que Maria ya ha hecho casi suya. Tiene Estrellita ese punto generoso. Nos deja su casa sin condiciones y es tan fácil que, sin duda, una se siente en casa. Además, está llena de detalles que hacen todo más agradable. Tiene pocas cosas (aunque parece que este año se haya llenado algo más), pero son las justas. Una tostadora, una cafetera y un exprimidor eléctrico. Algunas cacerolas, pocos cubiertos (Maria dice que brillan mucho y yo le digo que es que se usan poco….), varios abrebotellas, algun incienso, algunas plantas…. De platos y copas apenas tiene dos iguales. Muchos cuchillos y palillos (una casa donde haya chopsticks siempre da puntos: nosotras tenemos una “cubertería” de palillos traídos de todos los rincones de la China). Tónica de cardamomo y chocolates variados que hacen las delicias de Maria (el chocolate y la tónica).

A las ocho quedé con Xavi. Con ese nombre intuí que era catalán por lo menos. Me había puesto en contacto con alguien que alquila una plaza de parking para un coche grande en la Calle Atocha y le propuse que me lo alquilara durante el resto del mes por la mitad de precio. Aceptó sin dudarlo (creo que no lo negocié muy bien, pero el precio me pareció razonable a diferencia de los parkings públicos o a riesgo de no encontrar aparcamiento fuera de la zona azul). Normalmente lo aparcaba en Embajadores, pero aquí lo tengo más cerca y apenas me cuesta ocho euros al día. Xavi era el antiguo “inquilino” de la plaza y tenía que pasarme el mando del garaje, así que quedamos después de su trabajo. La sorpresa fue cuando vio en la rueda de mi coche que lo había comprado en Sant Quirze del Vallés…. porque él es de Sant Quirze. Casi nos explicamos la vida y como vive aquí al lado hemos quedado en llamarnos para hacer una cerveza. Su pareja está montando una cooperativa para editar materiales educativos. También me parece interesante. Es curiosa esta ciudad donde todo el mundo es bienvenido, a pesar de los políticos que la gobiernan (aunque esto ha acabado siendo pandémico)

Desayunamos tostadas con tomate en el bar de la esquina. Aunque se llena de turistas, la verdad es que en la Rollerie yo no me siento turista. Leo tranquilamente el periódico mientras Maria juega con la tostada. Y es que así se me hace fácil sentirme un poquito de aquí.

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