La tristeza de mi país

No sé muy bien de fronteras. Cuando digo “mi país”, no tengo muy claro a qué me refiero. No le puedo poner nombre. Dice mi primo, en gallego, que “la vaca no es de donde nace, sino de donde pace”. Cuando uno ha vivido y comido y reído en muchos lugares en el mundo, las fronteras se ensanchan y los límites pierden sentido. Al final, el resumen, es que la gente quiere ser feliz. Y un país se siente si te hace feliz. Pero dice Lola que, aparte de las temporadas que ha venido a Catalunya en verano, en que la gente tiende a una felicidad de por sí, a ella lo que le transmite este país es tristeza. Yo tengo claro que no es Cádiz (aunque a mí, sinceramente, Andalucía no me trasmite felicidad en sí), y quizás tiene algo de razón cuando intento analizar la tristeza de mi país. No sé si tiene que ver son el telar. Hace años, Pau me explicó la teoría del telar. Estas ciudades industriales del Vallés han estado siempre acompañadas por el sonido constante y desagradable de los telares. Y ese chum-chum continuo, sólo puede producir gris tristeza. No sé si hay un gris tristeza, de la misma manera que hay un verde esperanza o un rojo pasión.

Pero hoy he intentado tener una “actitud madrileña” en todos los sitios donde he ido. En la panadería, que ya nos conoce, y nos contesta con alegría cuando llegamos Maria y yo y a pleno pulmón decimos, alto para que se escuche: “Buenos días”. Sólo nos ha contestado la panadera, el resto de clientes han emitido algunos gruñidos y aunque alguno nos ha mirado, la mayoría ha bajado la cabeza. Luego en el gimnasio he hecho lo mismo. Si te han visto más veces, o te conocen, suelen contestaste en el mismo tono, sino, bajan la cabeza y gruñen. El porqué gruñimos es todo un misterio, pero os aseguro que es contagioso. Yo me he sorprendido a mí misma escuchándome gruñir en el supermercado esta tarde.

Sigo sin querer estar aquí. Me imagino en otros sitios, otros cafés, otros libros, otros mercados y supermercados, otra luz y otros cielos. A pesar de lo que me gustan algunas tradiciones de este país nuestro, como “els diables” que han pasado esta tarde por la puerta de casa (mañana seguro nos despiertan “els trabucaires”). Y cuando digo país, estoy segura que sabes a qué me refiero.

3 comentarios en “La tristeza de mi país

  1. No creo que esa tristeza y los gruñidos sean exclusividad de Catalunya. Yo más bien pienso que tienen que ver con las grandes ciudades. Es verdad que aquí la gente desconocida suele ser más cerrada, desconfiada incluso, que en otras partes de España, pero en los pueblos se respira un ambiente muy diferente al de las ciudades. Yo he notado un cambio brutal en ese aspecto desde que me mudé de Badalona a Caldes de Montbui. Aquí no es que la gente vaya dándose abrazos por la calle, pero sí se nota un ambiente más distendido, más relajado que en la ruidosa, estresante y estresada ciudad.
    Pero es verdad que cuando uno se atreve a poner una nota de color (un simple buenos días) lo suelen mirar raro. Parece ser que las muestras de buen humor incomodan. Es triste.
    Un abrazo.

  2. Yo también creo que es cosa de las ciudades grandes-medianas, y de la gente que es muy cerrada y si tiene un mal día lo paga con los demás siendo borde y demás.

    Estoy seguro de que eso pasa en todos sitios por desgracia.

    Un abrazo y buen domingo.

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