Las enfermedades emocionales, la fuente, la vida y el tigre que llevamos dentro

Duermo lo suficiente. Lo sé porque me despierto con energía, aunque últimamente me duelen las lumbares. En esta nueva fase jipi, busco el significado de la enfermedad desde la emoción, cuando no encuentro la explicación (y solución) tradicional. En mi caso, las lumbares creo que tienen que ver más con el esfuerzo físico que ando haciendo estos días (moviendo cajas, mesas, estanterías…) que con la información que me da el diccionario emocional. El dolor de las tres primeras cervicales, tiene que ver con la autoestima respecto a las capacidades intelectuales. Yo recuerdo que en época de exámenes en la facultad siempre tenía contracturas en las cervicales, hasta el punto de llegar a ir con collarín a algún examen. Incluso un profesor llegó a preguntar en clase dónde estaba la chica del collarín. Pero las lumbares son otro miedo, al sustento. Y quizás sí, quizás vuelvo a tener la sensación que no soy capaz de sustentar a los míos, como si ese trabajo sólo me correspondiese a mí (eso también me conecta con la responsabilidad, pero es otro tema)

Suena la fuente. Creo que demasiado rápida. Tengo que afinar el borbotón de agua y suavizarlo entre las piedras. También forma parte de este aprendizaje que ando haciendo ahora. Ayer la segunda clase de Feng Shui, me vuelve a traer sentido común. Me gustó especialmente porque hablaron del vacío. Y tocaron varias teclas en las que yo ando ahora, haciendo espacio en mi vida. Especialmente el tema de los hilos emocionales que nos unen a las cosas, cómo se construye el apego. Llevo años ejerciendo el sano ejercicio de regalar objetos que me gustan mucho, como si eso pudiera salvarme del apego por las cosas. Pero he empezado a vender cosas que tenía “recogidas” por casa. En esta buena costumbre de desprenderse, no vale un garaje. Un garaje sólo pospone el momento en que tengamos que tomar decisiones. Así que ahora, directamente, cuando hay algo que no quiero, va a ebay o a segundamano.

Y hoy, después de la clase de antigimnasia, siento que he subido otro peldaño más. Si es que hay algún sitio donde subir. Me salió el enfado. Quizás tanto, que cuando llegué a casa de Aida a recoger a Maria, se dio cuenta que estaba enfadada. No sé porqué, pero en cada movimiento que Isabel nos proponía, salía toda la rabia dentro de mí. Dice que tiene que ver con el tigre que llevamos todos dentro. La tiranía. Y a moldear.Creo que definitivamente ha llegado el momento del cambio. Tanto es así que ando haciendo números para tomar la decisión del próximo año pedir sólo media jornada y tener tiempo para dedicarme a “esa otra cosa” que aún está por ver. Me siento feliz, porque en mi interior siento que las decisiones que ando tomando son las correctas, a pesar que quedan muchos flecos en el camino. También ando sacando tiempo para “esos flecos”. En eso andamos.

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