La ciudad triste

El FengShui me conecta con algo, que aún no sé muy bien que es. Cada clase refuerza algo que ya sé o que me ha pasado. A veces, son pequeñas tonterías, pero sólo se trata de estar atenta para darte cuenta que va más allá. Hoy, un compañero del curso me ha preguntado si era de Sabadell. El primer día nos presentamos todos y cada uno dijo de dónde venía. Él se quedó conmigo porque me dice que a pesar que hace muchos años que vive en Barcelona, nació en Sabadell. Me habla de la tristeza de esa ciudad (que ahora es mi ciudad adoptiva). Me cuenta que la quiere y la odia, que es la ciudad donde creció pero también donde se arruinó. Me habla de los telares, de la prosperidad de la ciudad en otro tiempo, de cuándo quedaba con los amigos, otros empresarios como él, en un bar de las Ramblas llamado El Musical y cada uno contaba sus historias en los negocios y como de repente todo eso ha ido desapareciendo y se acumulan las tristezas. Sí, a mí Sabadell me parece una ciudad triste, sobretodo triste, pero creo que sólo puedes sentirlo si no eres de Sabadell o has estado un tiempo fuera de Sabadell.

Después de un fin de semana intenso, de vivencias emocionales que voy a intentar convertir en recuerdos y evitar proyectar más allá, volver a la rutina me da cierta calma. Sigo con ese trabajo interior. Hoy, Natividad, nos ha hecho varias propuestas. A saber:

1. Escribir cartas a nuestros padres, porque no se puede proyectar una nueva familia (la propia, la que tú construirás, sea la que sea, aunque seas tú sola con un gato) en el área 7 si no has sanado la familia de la que provienes en el área 3. Y como antes no había “esas cosas raras” como las constelaciones, el trabajo personal que ellos hicieron y nos proponen fue escribir cartas y luego quemarlas. Los reproches iniciales que uno va sacando, se convertirán en poco tiempo en un cúmulo de benciones y agradecimientos.

2. Permitirte la prosperidad, porque el dinero es una herramienta para disfrutar de otras cosas e incluso ayudar a los demás. Sin quedarnos en el manido “tanto tienes, tanto vales”, nos explica que atraemos aquello que verdaderamente deseamos y nos permitimos (estaba por decirle que yo hace tiempo que deseo que me toque la lotería… ).

Y allá, en el fondo, se va quedando una mujer cariñosa que me ha traído otros tiempos a la cabeza. Me he sentido más a gusto que si fuera de verdad. Y me he reído tanto por dentro cuando me decía lo bonica que era, pero que no le hiciera mucho caso a su hijo que era un poco fanfarrón. A pesar que tiene delirio por él. Lo sé y me consta. Estrellita es así: se ama y se odia, aunque he de reconocer que yo, cada día, lo amo un poco más. Aunque a ratos me vuelva ese dolor en el estómago que no me permite comer (igual hasta me va bien un poco de ayuno)

Cuando se fue, me quedé hecha trizas. Me volví a sentir una mierda: que no era lo suficientemente bonita, ni lo suficientemente delgada, ni lo suficientemente divertida, ni lo suficientemente rubia, ni lo suficientemente… Ahora sé que no era eso. Aquello del “no eres tú, soy yo” tan socorrido. Que era un problema suyo lo sabían todos a mi alrededor. Todos menos yo. Ahora también lo sé yo.

2 comentarios en “La ciudad triste

  1. ” .. que no era lo suficientemente bonita, ni lo suficientemente delgada, ni lo suficientemente divertida, ni lo suficientemente rubia, ni lo suficientemente”… para que?
    En realidad me pareces lo suficientemente calida y cercana que es lo que se necesita de la gente…
    La ciudad triste… provengo de ciudades tristes que parecen reir a veces…acaso no se disfruta también la tristeza?… nuca estuviste en un sitio que te fue tan indiferente que no recuerdas si su nombre?…

    1. Alberto!… a lo mejor no quiero ser necesaria: quiero ser (bien) querida.
      Pues hay muchas ciudades que despiertan la nostalgia y la tristeza. Esas se disfrutan. Esta no es así. Esta es una ciudad pesada y gris. O al menos ahora la siento así. Ya sabes que mis debilidades van por otro lado :) (jo… mira que NY no está nada mal, ¿no?)

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