Noviembre

Noviembre es mi mes favorito. Quizás porque nació mi hija (justo hoy es su sietecumpleaños), porque antes no era así. Antes prefería abril. (Ojalá me regales tulipanes en el mes de abril.) Pero este está siendo un mes complicado (¿quién lo quiere fácil?), lleno de emociones que van y vienen.

Primero Estrellita ha vuelto a desaparecer. Él es así. De repente se enfurruña por algo que dice que escribí y le sentó mal. No acierto a entender qué escribí que le sentó mal, pero creo que ha decidido hacer mutis por el foro. Para mí sólo son “las cosas que me pasan cuando te veo”. De cualquier manera, no puedo evitar sentir, y él me hace vibrar de otra manera. Pero respeto su decisión y estoy en modo: “cuando vengas abro la puerta, con ilusión, y cuando te vayas no hagas mucho ruido al cerrarla”.

El lunes me quitaron la muela del juicio. Un trozo que quedó dentro, cuando la inútil de la dentista de mi CAP de un tirón se quedó sólo con al mitad. En el hospital tardaron tres minutos en arreglar el desaguisado, aunque llevo dos días de antibiótico. Regresé por la carretera de la Arrabassada, donde está la casa donde viví de niña. Paré el coche y estuve curioseando por los alrededores. Estuve tentada de entrar (había una puerta lateral abierta), pero no me atreví. Me limité a contemplar el molino que durante años llamé “mi” molino, los árboles que había plantado mi padre, el níspero donde mi tío tiró mi penúltimo chupete, el porche que había sido un gallinero y el espacio que ocupaba el huerto de mi padre reconvertido en un precioso jardín. Reconocí la mesa de mármol donde el Sr. Monsó y la Sra. Amanda tomaban café por las tardes. Yo subía gateando y jugaba con las piedras. Mi padre me regañaba y me decía que no quitase las piedras o saldrían malas hierbas. El Sr. Monsó entonces lo regañaba a él: “Sr. Manolo, deixi-la fer, que les herbes ja hi són”. Reconocer la niñez es una manera amable de envejecer.

Recordé a Matilda, la mujer que nos alquiló un apartamento en Tossa hace unos días, que había vivido en la misma calle, pero no acerté a adivinar qué casa me decía que había sido suya.

Y el martes me quedé sin voz. La afonía tiene sentido justo ahora. O eso me parece.

“Este problema se presenta después de un choque afectivo que sacude la sensibilidad de la persona, quien luego se fuerza demasiado para hablar, aun cuando no exprese todo lo que su corazón desearía decir. Este excesivo esfuerzo crea angustia y deja un vacío. Finalmente, los sonidos acaban por extinguirse.

Más que creer que debes apagarte y dejar de hablar, sería sensato que revisaras lo que tu corazón quiere decir realmente y permitirte no hablar más que para decir palabras verdaderas, expresadas con amor. No es necesario que te fuerces a hablar para verte bien o para ser aceptado y querido”

Así que ando por casa, hablando con un hilillo de voz. Maria dice que estoy muy graciosa.

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También ha sido bonito el reencuentro con Joselito. Me habló de los registros acásicos y flipé. Él, tan preocupado porque no le da tiempo en una vida de hacer todo lo que quiere hacer, se ha quedado más relajado sabiendo que en otros tiempos fue un gran músico. Tengo la sensación de haber retrocedido en el tiempo 20 años, cuando hablábamos de si sería posible o no otras vidas, intentábamos desdoblarnos, hacíamos talleres con chamanes y probábamos alucinógenos. Cuando le miro a los ojos veo siempre el indígena que me acompaña. Pero si hay algo bonito que me recordó esta semana es que hacemos las preguntas en el momento en que estamos preparados para escuchar las respuestas.

Ando perdiendo peso, así casi sin querer. No hago dieta y he dejado el spinning. Sólo la antigym que me salva. Las sesiones de dos horas están siendo cada día más efectivas (básicamente para la emoción). Después de revivir mi parto, me pregunto qué me queda por hacer… Lo que está claro es que toda esta semana me está conectando a la infancia. Busqué fotos de niña y descubrí (con desagrado) que no sé dónde las tengo.

Y en Feng Shui esta semana incidieron sobre la prosperidad. Hay algo ahí que siento que tengo que hacer, ahora que mi casa ha ido tomando forma (y yo conciencia). Ya tenemos mesa de comedor, que por fin pinté y monté. Todavía quedan muchas cosas por recolocar y vaciar, pero creo que vuelvo a respirar en esta casa, a pesar de sus carencias. He ido construyendo varios rincones agradables y hasta la mesa donde escribo, que me montó el patriarca de la familia Fidel a cambio de un cafelito ha quedado preciosa. Utilicé las patas de una antigua máquina de escribir.

Y sé (lo sé) que ando preparando esta casa para despegar de ella.

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