Cosas

Dormirme con música armenia. Porque coexisten los países visitados con los soñados. La música del corazón.

Reencontrarme con un amigo, que dejó de ser amigo básicamente porque prefirió ser amigo de otro, para mirarlo a los ojos, preguntarle por su mujer y que me diga que hace dos meses que se separó. Lo lleva bien, me dice nervioso, a punto de cumplir 50 años.

Ejercitar los músculos del ojo, allí donde habita el alma. Recuperar la voz. Explicarle a Isabel que llevo una semana conectada con la niñez. “¿Has escuchado tu voz?. Grábala. Es una voz de niña”. Salir convertida otra vez en mujer, habiendo descubierto en el juego de la mandíbula toda la agresividad contenida.

Reconocer en los ojos de otro mi reflejo. El otro lee a Ibsen. Lleva un abrigo largo. Tiene barba de dos días y el pelo canoso. Fuma ducados. Fue guapo. Sigue siéndolo.

Sentir frío. Disfrazarme de invierno.

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