De limpiezas y libretas.

Maria ha decidido no dormir conmigo. Me fascina, porque hace un par de semanas me dijo: “mamá: voy a dormir en mi habitación”. Y desde entonces duerme allí (con alguna pequeña intermitencia en que vino mi madre a dormir a casa y utilizó su habitación). Le cuento un cuento, le doy las buenas noches y se queda despierta en su habitación. El primer día le dije que si tenía miedo o si se despertaba a media noche podía venir a mi cama sin problemas. De la forma más natural posible me preguntó: “¿y por qué me voy a despertar a media noche?”. Y no, no lo ha hecho. A mí el colecho me ha parecido siempre la opción más natural (que no quiere decir que sea la mejor). He tenido que aguantar algunos comentarios estúpidos sobre la falta de autonomía, la mamitis, lo “mimada” que está… y al final se está haciendo mayor de una forma natural, tomando decisiones por ella misma y madurando a su ritmo, como siento que debe ser. Pero su habitación no es realmente su habitación. Se quedó con los muebles que allí había. Apenas retiré lo que era una mesa de despacho, pero dejé un sofá cama y estanterías, algunas aún con libros/cosas míos. Ella ocupó ese espacio con juguetes, peluches, una cocinita… y mil muñequitos pequeños que han ido llenando cajas y cajas. Estas navidades le propuse decorar su habitación. Pintarla del color que ella quisiera y cambiar algunas cosas. Buscar un armario, poner lámparas nueva para que pueda leer por la noche, quitar estanterías y libros y cosas mías y llevar allí su ropa, sus zapatos y sus cosas. Así que hemos empezado por vaciar, como siempre, como la buena consultora de feng-shui en que me estoy convirtiendo. Seleccionamos libros. Le pido que sólomente se quede con aquellos que aún no ha leído, o que aún puede leer (o releer) o con aquellos a los que le tiene cariño. El resto los ponemos en una bolsa para llevarlos al café Pampol, donde hace unas semanas perdieron/se rompieron todos los libros infantiles. Algunos directamente van a la basura (ya no se pueden aprovechar). Y encuentro entre sus libros una pequeña agenda que tiene casi ocho años. La utilicé cuando viví en Madrid, una pequeña Moleskine que incluye el mapa de Madrid, el plano del metro, algunos teléfonos de interés… y miles de anotaciones de un año entero.

libreta

Algunas citas de personajes conocidos:

  • “Muere lentamente quien evita una pasión y su remolino de emociones, aquellas que rescatan el brillo de los ojos y los corazones decaídos” P. Neruda
  • “Los niños adivinan qué personas los quieren; es un don natural que con el tiempo se pierde” Robert Koch (1834-1919)

Algunos consejos de algún profesor/conferenciante del curso:

Consejos de Javier Reverte, con quien tomé(amos) un café después de la conferencia y me firmó el libro que le regalé a mi tía por su cumpleaños.:

  • Recordad que el arte ataca a la emoción.
  • Contad algo sobre la dignidad en el estado del horror
  • Descubrid la soledad
  • Sed curiosos.

Unas notas sobre metafotografía, que pensé para el concurso nacional de fotografía Calzarte Ciudad de Elda (19 de febrero del 2007) y que nunca llegué a presentar

  • manoletinas en diferentes perspectivas, pegadas en las cajas y fotos de las cajas
  • fotos de fotos de zapatos en el suelo (picado)
  • cajas blancas y negras, con zapatos blancos en las cajas negras y al revés.
  • fotos de zapatos en polaroid, fotos de las fotos.
  • tacones, sólo tacones. Fotos de las fotos de tacones.
  • Zapatos de novia. Putas en el escaparate vestidas de novia. Distinguir una novia de una puta. ¿Se distinguen? Todas las novias son putas. Todas las putas son novias. Se me va la olla (esto también está escrito)

Una lista de películas de Man Ray

  • Le retour à la raison 1923
  • Emak Bakia 1926
  • L’etoile de mer 1928
  • Les mystères du château du clés, 1928
  • ….

Una lista de cosas  (algunas no sé qué significan)

  • paro
  • coche
  • Fuensanta
  • Patxi
  • Papá
  • llamar Fincas Gracia (aclarar %)
  • ASM Paloma (certificado empresa, entregar encuestas)
  • Tf de Mariajesús 91 327 8….

Repaso la libreta nuevamente. Me parece prescindible. La meto en la bolsa de los libros que tiraré mañana. Siento que me deshago de algunas cosas del pasado. La palabra deshago me trae la palabra desahogo. Como quien ensarta palabras en un collar. Un collar de palabras.

El metro de Estocolmo

El otro día Aida me explicaba una anécdota divertida sobre metros. Las protagonistas eran la novia de su padre y su suegra, y con ese cóctel ya podéis imaginar que la anécdota prometía. Tenía que ver con la confusión entre la definición de metro y los metros de las diferentes ciudades del mundo.

Yo voy poco en metro. Básicamente porque suelo ir a Barcelona en coche, sobretodo cuando la vuelta se hace complicada por horario o combinaciones de tren+metro. Pero me parece deprimente. Hay especialmente algunos intercambiadores de túneles oscuros, grises, largos y eternos. En la época en que lo utilicé más, siempre me preguntaba porqué se le daba tan poca importancia a un espacio tan público y tan concurrido. Podrían ser fantásticas galerías de arte, escaparates de moda, jardines artificiales. Podría llenarse de puestecillos de artesanía, de decorados, de obras de teatro mínimas, de músicos ambulantes, de grandes acuarios, de puestos de comida ambulante. Podría ser un mundo entero sumergido bajo una ciudad. Podría ser un espacio (a pesar de la falta de luz) lleno de magia y colores.

Así es el de Estocolmo. Y me da una envidia terrible.

El pequeño mundo en que vivimos y los puntos que no se conectan

Recibo una felicitación de navidad de alguien querido y añorado. Es un hermoso texto y una hermosa foto. La foto viene firmada por una mujer. La busco en internet. Me lleva a una mujer que es prima de un amigo. Él amigo primo es arquitecto, vive ahora en Hong-Kong, donde se ha casado y ha tenido una hija. Yo lo conocí hace años en Madrid pero todavía conservamos una esporádica y escueta correspondencia.

La fotógrafa es en realidad doula y pienso en Aida, que es el último regalo que me ha traído la vida. Me lleva hasta un blog donde se programan talleres para mujeres y meditaciones. la mayoría de ellos en San Lorenzo del Escorial, que es una de esas ciudades fetiches para mí, desde que la visitamos hace un par de años y Maria la rebautizó como “San Lorenzo del Albaricoque”. El blog no está actualizado. La última entrada es del 2013. Programan un viaje “espiritual” y esotérico a Avalon. Veo en él fotos que reconozco y me transportan a un viaje a Escocia con el primer madrileño del que me enamoré. Se llamaba Rubén, interpretaba a Chopin y ahora vive en Louisiana, junto al Misisipi.

Las manos de Rubén en mi piano me traen a la cabeza que el otro día me encontré con Angels en la puerta del conservatorio, cuando iba a llevar a Maria. Me hizo ilusión encontrarme con mi profesora de piano (y a ella también, me consta). Se jubila. Va a cuidar de su nieto. Me aconseja que Maria elija otro instrumento que no sea el piano. Demasiado difícil, demasiado solitario. Que empiece con un instrumento de viento o de cuerda, que pueda incorporarse a una pequeña orquesta o un grupo.

Al salir del conservatorio, camino del coche, un chico (muy guapo) me para. Me dice algo así como que me ha visto pasar varias veces y tenía que preguntármelo, que él se va a trabajar a Barcelona la semana siguiente y ya no me volvería a ver. Se llama Nicolás y fue alumno mío en La Roca. Fue mi primer interinaje en un centro público. Yo no le recordaba. Él me dice que estoy igual. Y físicamente no estoy igual, pero José me recordó el otro día que tengo la misma energía que cuando tenía 20 años. Recordé que una vez tuve 20 años y me sentía querida. Era feliz, pero no lo sabía. Ahora no lo soy, y sí lo sé.

Mañana es Nochebuena. Cenaré con mi madre, mi tía y mi hija. Me apetece mucho este encuentro con las mujeres de mi familia, las que tengo más cerca. He preparado con cariño especialmente los entremeses y el postre. Y los regalos. Me he hecho uno para mí. Una lámina de “El beso” de Klimt. Ha llegado esta mañana en una enorme caja que no he abierto pero ha sido la risa en correos. Cuando digo enorme, digo enorme. Deben de haber metido la lámina sin doblar y le han puesto algodones alrededor (las dimensiones son algo así como 90x50x30). No pesaba absolutamente nada, pero parecía que llevara un muerto dentro.

Estrellita me llama para felicitarme la Navidad. No sé si alegrarme por la anticipación o entristecerme porque no sea capaz de buscar otro momento más cercano. Va a cenar con sus padres, su hermano (con el que apenas se habla) y su sobrino. Lo echo de menos. Lo noto triste, pero sé que saldrá adelante. Es una sensación mía, y no tiene ni porqué ser real. Se va a NY a pasar el fin de año. Si llenas tu vida de cosas, apenas se notan las ausencias ni las soledades. Igual por eso la vida no me da más dinero. Me merezco un Mercedes pero en realidad no lo necesito. Y ahora dudo que pudiera pagarlo. De lo que tengo que llenar mi vida es de amor. Y en eso ando. Y ahora me parece más fácil que hace unos años. Si te quieres, te quieren. Es una ley simple.

La kinesióloga  Carolina Harboe me ha dado una dieta que me parece imposible. Me ha quitado el café, los lácteos y las harinas. Me ha dado una lista de recetas macrobióticas. Siento que no tengo tiempo de cocinar. Acabo haciéndome hamburguesas de tofu con avellanas. Dice que coma más semillas. Y bayas de goyi. A mí me suena ancestral, pero me cuesta mucho seguirla. Y un porridge, por la mañana, con avena y un poco de miel. Parece papilla pero está buena. Creo que me acostumbraré (era el desayuno habitual de los escoceses). Cuando como así, siento que me conecto más con la tierra, con lo antiguo y con lo mío. Siento que del ombligo me crecen raíces: soy árbol que se enraiza.

He perdido…

… el anillo que me trajiste este verano de Tailandia. Esta vez no lo tiré al mar. Todo lo contrario. Lo guardaba con especial esmero. Pero debe ser cosa de los destinos y los desamores. Como una señal más de las ausencias. Mi vida está más llena de ausencias que de presencias, me dijo Alicia con todo el cariño que pudo. Que me conformo con poco. Que tengo que “armar” lo mío. Ya es tiempo, no se puede perder una vida. Has escondido la llave para ser feliz. Búscala, me insiste. Amarse a sí mismo (por encima de todo) y anclar ese amor en el interior. No puedo aceptar la mediocridad. Siento morirme a veces. Pero me toca a mí. Mi mayor responsabilidad es ser feliz. Deja de ser responsable de lo que ya sabes cómo hacer. Tú te lo has prometido. Estás soportando demasiadas cosas…. No las sueltes… pero sosténlas desde el equilibrio. ¿Te queda clara la diferencia entre sostener y soportar? No permitas que te hagas invisible.

Me gusta mucho esta voz.

El viento acecha.

El viento acecha. Y retumban goterones de lluvia en un techo frágil que me aisla tibiamente del exterior. Me golpeo la barbilla y repito un mantra que mis ancestras me han regalado, en un intento, a ratos siento que estéril, de hacerme visible.

Me viene tu nombre. Constantemente. Continuamente. Y otros cielos. Los recuerdos me hablan de otra ciudad, y otras gentes. Y hasta parece otra vida.

Suena David Bowie, recordándonos que “we can be heroes”.  Huele a incienso. Cierro los ojos y veo tu alma. Te voy a comer el alma, me dice alguien cercano.Si tú quisieras, y yo me dejara. Pero cierro los ojos, y sólo veo tu alma. Tengo para darte un puñado de arena, unas sábanas blancas, un martes por la tarde y unos chocos en una terraza.

Quiero una casa blanca, mirando al mar. Un horizonte azul y verde. Un bosque de castaños. Y entonces me doy cuenta que todo eso que quiero ya lo tengo. Porque hay de todo, y para todos. Sólo hay que desearlo y creer. Tener fé en la vida. Eso me decía Victoria, cuando Maria nació: “confía en la vida”. Y eso hago, cada día, con más fé.

I will not be sad in this world. Neither in this life.

Los helechos y el sentido de la vida

Tenía veinte años y me preguntaba por el sentido de la vida. Y es que la vida tiene sentido. Un sentido para cada vida, para vivir una vida con sentido. Siento que vuelvo al principio, con veinte años más. Con más experiencia y recursos. Y algunas cosas “ya hechas”. Como si aquel mapa de ruta incluyera pequeños objetivos que he ido cumpliendo (o no).
Siento que vuelvo a sentir. Que he estado unos años anestesiada por la rutina y el día a día y por la sucesión de sucesos incontrolados.

Siento que soy un helecho que está ahora mismo abriéndose al mundo. ¿Sabéis cómo crecen los helechos?. Crecen en espiral. Todo el tallo crece retorcido sobre sí mismo. Y las hojas crecen retorcidas sobre sí pegadas al tallo, como una suerte de fractal: unas espirales dentro de otras. Y un día, todo se abre hacia el exterior y una hermosa hoja formada por muchas hojas mira al cielo y  totalmente extendidas van cayendo hacia el suelo. Algunos llegan a estirarse.  Se estiran y estiran hasta tocar la tierra. Los maoríes le llaman Koru a esa forma. Si el sentido de la vida fuese abrirse como el helecho,  por completo y hasta la extenuación, estirarse y tocar el suelo (o el cielo) y mecerse a merced de los vientos.

Siento que siento. Aunque mi alma llora, mientras yo crezco.
(gracias Angela Farias (Sairaf) por la foto)

El libro sagrado de la vida

Llevo dos días dándome golpecitos en la barbilla y repitiendo una especie de mantra. Es uno de los ejercicios que Alicia me ha propuesto, desde el más allá. Cada vez que lo hago lloro. Lloro como si lo supiera pero no me lo creyera.

Siento vértigo. Dice que mis ancestros me están empujando a ser feliz. Todas las mujeres de mi familia, mi linaje, quieren que yo sea feliz. Lo único que vine a hacer esta vez es ser feliz. Y no, no lo soy. Me esfuerzo cada día por encontrar las cosas bonitas de la vida, pero no las encuentro. Me limito a trabajar y a cuidar de los demás. O así lo siento. Y le doy vueltas a los muebles, a ver si me siento mejor en esta cueva. Y sí, lo estoy. Estoy mejor. Pero sigue siendo una cueva. Y cada vez me siento más sola por dentro.

Intento hacer una lista mental de lo que me gustaría hacer. Cuesta mucho imaginar cuando el lienzo está en blanco, pero todavía es más costoso cuando ya hay esbozos de lo que iba a ser tu vida en él. Hay que borrar o pintar encima.

Dice que necesito un kinesólogo, para restablecer algo físico en mi cuerpo. Y necesito más amor, de ese de verdad. Pero tengo 47 examenes por corregir. Y 30 más de otro grupo. Y no tengo tiempo. Creo que a eso se refiere.

pianoEcho de menos a mi abuela. La güe-güe. La que me atusaba el pelo y escogió mi nombre. La que me decía bajito que era su nieta favorita, pero que no se lo dijese a las demás, como si las demás no lo supiesen. Sé que ella también está aquí, presente. Y dice que Maria es un regalo, que sólo traerá cosas buenas.

Hoy me levanté perdida. Llevo dos días perdida dentro de mí. Volví a abrir el piano, buscando entre las teclas algo de lo que soy. Soy incapaz de concentrarme en el trabajo. No soporto la informática y cada día que pasa va a más. Sé que debo tomármelo como algo provisional, que me da de comer y paga las facturas, pero de repente tengo una necesidad imperiosa de hacer otra cosa. Y entonces recuerdo algo que me dijo mi madre hace tiempo: “si crees que vas a ser más feliz, vete”. En aquel momento, me fui a Londres. Y después a Madrid. Creo que buscaba algo que estaba (está) dentro de mí. Aún no lo encontré.

Mientras, sigo dándome golpes en la barbilla.

Hoy siento que todo está borroso.

Amuda

He visto este video cinco veces. No me canso de escucharlo e incluso lo he puesto en clase. Sonrío en según qué partes. Amuda Goueli es trending topic estos días por una carta-respuesta a un estúpido comentario de una tipa que trabaja en TVE1, y que no se merece ni que la nombren. Pero  Amuda es mucho más.

Estuve en Nubia hace mucho tiempo. Antes de que naciera Maria. Llegamos en faluca y nos bañamos en la primera cataracta del Nilo. Me perdí (un poquito) entre las dunas del desierto que se confundía con la arena del río más largo de África. Yo andaba perdida aquellos días, con una pierna de titanio nueva, llorando por los rincones…. pero el río me encontró. Recuerdo con nitidez ese momento de zambullirme en aquellas aguas (días más tarde alguien nos diría que había cocodrilos en la zona). Como él dice, es una zona preciosa para hacer fotos, pero especialmente es una zona para mirarse a los ojos y compartir. Los nubios ha sido un pueblo siempre discriminado en  Egipto. Suelen ser altos, fibrados y de hermosos ojos azules. Hablan un idioma propio que heredaron de los antiguos egipcios. Son los auténticos herederos de una civilización avanzada en que se mezclaron faraones y artesanos. Comimos en una terraza de una casa inacabada en un enorme plato compartido. No recuerdo los sabores, pero recuerdo un techo de estrellas. Creo que a los europeos nos dieron cucharas. Ellos prefirieron las manos.

Ossama me acompañó a comprar música en Khan el Khalili y luego me invitó a fumar Shisha con él. Que un egipcio te invite a fumar con él, es señal de convertirse en amigo del alma. Yo recuerdo algunas grandes conversaciones con aquel hombre, pero lo cierto es que nunca más volví a saber nada de él.

Todo esto (y más) recordé mientras escuchaba su conferencia.

Pero luego explica su vivencia, y claramente el punto álgido es reconocer la humildad. Sólo la anécdota de la fregona bien vale escucharla por completo. Hay algo en este hombre que me llega al corazón.