El libro sagrado de la vida

Llevo dos días dándome golpecitos en la barbilla y repitiendo una especie de mantra. Es uno de los ejercicios que Alicia me ha propuesto, desde el más allá. Cada vez que lo hago lloro. Lloro como si lo supiera pero no me lo creyera.

Siento vértigo. Dice que mis ancestros me están empujando a ser feliz. Todas las mujeres de mi familia, mi linaje, quieren que yo sea feliz. Lo único que vine a hacer esta vez es ser feliz. Y no, no lo soy. Me esfuerzo cada día por encontrar las cosas bonitas de la vida, pero no las encuentro. Me limito a trabajar y a cuidar de los demás. O así lo siento. Y le doy vueltas a los muebles, a ver si me siento mejor en esta cueva. Y sí, lo estoy. Estoy mejor. Pero sigue siendo una cueva. Y cada vez me siento más sola por dentro.

Intento hacer una lista mental de lo que me gustaría hacer. Cuesta mucho imaginar cuando el lienzo está en blanco, pero todavía es más costoso cuando ya hay esbozos de lo que iba a ser tu vida en él. Hay que borrar o pintar encima.

Dice que necesito un kinesólogo, para restablecer algo físico en mi cuerpo. Y necesito más amor, de ese de verdad. Pero tengo 47 examenes por corregir. Y 30 más de otro grupo. Y no tengo tiempo. Creo que a eso se refiere.

pianoEcho de menos a mi abuela. La güe-güe. La que me atusaba el pelo y escogió mi nombre. La que me decía bajito que era su nieta favorita, pero que no se lo dijese a las demás, como si las demás no lo supiesen. Sé que ella también está aquí, presente. Y dice que Maria es un regalo, que sólo traerá cosas buenas.

Hoy me levanté perdida. Llevo dos días perdida dentro de mí. Volví a abrir el piano, buscando entre las teclas algo de lo que soy. Soy incapaz de concentrarme en el trabajo. No soporto la informática y cada día que pasa va a más. Sé que debo tomármelo como algo provisional, que me da de comer y paga las facturas, pero de repente tengo una necesidad imperiosa de hacer otra cosa. Y entonces recuerdo algo que me dijo mi madre hace tiempo: “si crees que vas a ser más feliz, vete”. En aquel momento, me fui a Londres. Y después a Madrid. Creo que buscaba algo que estaba (está) dentro de mí. Aún no lo encontré.

Mientras, sigo dándome golpes en la barbilla.

Hoy siento que todo está borroso.

Un comentario en “El libro sagrado de la vida

  1. Creo que Cristo se retiró 40 días al desierto y que allí se encontró con el demonio, Jack Kerouac se apuntó a guardabosques en el pico de la desolación para estar allí completamente solo varios meses, para tener una visión, y dicen que volvió destruido, decía que nada más se había encontrado a sí mismo. Personalmente marché a tener mi propia visión a Brighton (mucho más animado que los dos lugares anteriores), fui solo (de mayo a septiembre hace muchos años) y volví convencido de haber tenido contacto con ángeles y con demonios. Mi visión fue definitiva, yo mismo era mi peor enemigo. La respuesta está siempre afuera, libérate de cualquier celda psicológica. En alguna parte están los tuyos y a algunos aún no les conoces. Un fuerte abrazo.

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