Los helechos y el sentido de la vida

Tenía veinte años y me preguntaba por el sentido de la vida. Y es que la vida tiene sentido. Un sentido para cada vida, para vivir una vida con sentido. Siento que vuelvo al principio, con veinte años más. Con más experiencia y recursos. Y algunas cosas “ya hechas”. Como si aquel mapa de ruta incluyera pequeños objetivos que he ido cumpliendo (o no).
Siento que vuelvo a sentir. Que he estado unos años anestesiada por la rutina y el día a día y por la sucesión de sucesos incontrolados.

Siento que soy un helecho que está ahora mismo abriéndose al mundo. ¿Sabéis cómo crecen los helechos?. Crecen en espiral. Todo el tallo crece retorcido sobre sí mismo. Y las hojas crecen retorcidas sobre sí pegadas al tallo, como una suerte de fractal: unas espirales dentro de otras. Y un día, todo se abre hacia el exterior y una hermosa hoja formada por muchas hojas mira al cielo y  totalmente extendidas van cayendo hacia el suelo. Algunos llegan a estirarse.  Se estiran y estiran hasta tocar la tierra. Los maoríes le llaman Koru a esa forma. Si el sentido de la vida fuese abrirse como el helecho,  por completo y hasta la extenuación, estirarse y tocar el suelo (o el cielo) y mecerse a merced de los vientos.

Siento que siento. Aunque mi alma llora, mientras yo crezco.
(gracias Angela Farias (Sairaf) por la foto)

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