El arte de ver lo que no existe. Entre nubes. O no.

Te regalo una palabra: nefelocoquigia.

Te regalo un viento y un olvido.  Te regalo el vacío: ese que dejaste entre tus fotos, esas que publicas en Instagram, entre dos fechas. Yo, en realidad, no existí. Me pregunto qué nos hace importantes a los ojos de otra persona. He olvidado caras y nombres de otros que pasaron por mi vida, de la misma manera que tú olvidas mi nombre. ¿Y si no podemos evitar no ser queridos por quien queremos?

Te regalo una palabra: pareidolia.

Te regalo una nube. En forma de agua y lágrimas. Vi un corazón dibujado en la pared, pero sólo fue una mancha de humedad. Me pregunto si es un acto de nefelocoquigia o de pareidolia, si yo buscaba el amor en la mancha y encontré un corazón, o si sólo fue una broma de la memoria como cuando me viene tu nombre, tus manos o tu risa floja.

Te regalo un olor: el de la combinación de bergamota, naranja amarga y sándalo que llevaba el perfume que usaba cuando te conocí. En noches como hoy, en que la tristeza lo embarga todo, como si se tratase de un mal negocio, aún recuerdo tu olor entre mis sábanas.

Te regalo una canción. Pero no. Hoy no cierres los ojos. Ya no.

Un comentario en “El arte de ver lo que no existe. Entre nubes. O no.

  1. Recuerdo con regularidad (y ahora, una vez más) las palabras del constructivista Gerald Edelman: «Cada acto de percepción es, en cierto modo, un acto de creación, y cada acto de memoria es, en cierto modo, un acto de imaginación».
    Pasmao me he quedao :-)

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