El GR-174, Maria Radner, Antonio y las cartas.

Guardo de Siurana un recuerdo extrañamente amargo. Pero todo lo arregló un vino que conocí después. Me empeñé en convertir los malos tragos en buenos vinos, en buena música, en olores agradables… Voy construyendo una biografía (humana) semiinventada en que sólo lo intenso y bueno y emocionante vale. Así me quedo con las cosas bonitas del viaje ¿no es ese el objetivo de la vida?. Voy a guardar en la memoria sólo las cosas hermosas.  Como el sabor del GR-174, el GR que cruza el Priorat y pasa por Siurana o las notas del “Wish you were here” de Pink Floyd, como un recuerdo de juventud o la risa floja que me entró (nos entró) cuando pronunciaste “cony” como “coni” (¿quién es “Coni”?, dijiste. ¿Coni?. Sí, en el wasap escribiste “llego tarde, cony!”).

Maria Radner viajaba en aquel avión con su marido y su bebé. La vi el sábado en el Liceu, y puedo decir que fue la única que me arrancó la emoción durante la ópera, cuando se despertó debajo de unas sábanas que la cubrían sobre un enorme sofá. La contralto representó a Erda, la diosa de la Sabiduría y la Tierra. Me pregunto qué debe pasarte por la cabeza en ese trágico momento, y por alguna extraña razón, dentro de lo absurdo y del dolor, pienso que es mucho mejor algunos casos, en que viajaban toda la familia junta. No puedo imaginarme lo destrozado que uno debe sentirse al arrebatarte a alguien a quién quieres,una madre, un hijo…  de esta manera.

Antonio debe tener unos treinta y pocos. Se esfuerza en que lo llamemos Antonio, y no Antoni, ni Toni, en que entendamos su pluriempleo y en explicarnos que los fines de semana está de regidor en el Auditori de un pueblo cercano y que también diseña y construye decorados. Me explica también que en otros tiempos, cuando sus hijos eran pequeños, aprovechaba a irse de gira para poder dormir y descansar. Parece un tipo interesante, lleno de historias. Hace tiempo que no conocía a nadie así.

Me hace ilusión que me digas que nos escribamos cartas. Cartas como las de antes, las que llegan al buzón. Cartas llenas de amor, escritas con bolígrafo. Te miro y sonrío. Qué bonito es que estés aquí ahora, aunque  el próximo año nos separe un mar.

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