La luz, las matemáticas y los puntos que se conectan

pozo planta1Tiene Steve Jobs un discurso que todos los años les pongo a mis alumnos en algún momento. No porque Jobs fuese santo de mi devoción, que no lo era, sinó porque está relacionado con la informática y a la vez esgrime unos argumentos sólidos sobre “los puntos que se conectan”, toda una teoría en la que creí en el momento en que la escuché. La fe es así. No puede explicarse. Ni se puede, ni se debe intentar convencer al escéptico. Sólo puedes apoyar la teoría con experiencias, con casos prácticos. Y cuando es el propio, el ejemplo toma la mejor forma.

Tenía siete años cuando mi tía Lolita me descubrió una noche llorando. Lloraba porque me daba miedo que mis padres se murieran. Necesité explicarme con urgencia la vida para entender la muerte y enfrentarme al miedo de perder a los que quiero. Un día sentí que todos éramos energía. Yo soy un alma en un cuerpo, llena de energía. Cuando muera, mi energía formará parte de otra cosa en el mundo, de otras personas. Me pasa que a veces conozco a alguien que me parece especial desde el principio: sé que su energía y la mía formaron parte de lo mismo. Es cuestión de fe. Y no pretendo convencerte. Pero no hay duda que la energía está en nosotros y fuera de nosotros.

Estudié matemáticas porque me fascinó la demostración de la integral definida (que no es más que el Teorema fundamental del cálculo). Hubo un momento en que aquella mujer, a la que llamábamos “la Conguito”,  llenó la pizarra de números y letras, de rectángulos, de cálculo de áreas que tendían a infinito, de límites… Lo espectacular (para mí) fue cuando estiró la S de la suma y lo convirtió en el símbolo de la integral. Decidí que quería ser matemática porque alguna vez quería sorprender a alguien de la misma manera que ella me sorprendió a mí. Pero cuando acabé la carrera, me dediqué unos años a la docencia de las matemáticas. Probé en institutos privados, públicos, di clases en la universidad… y todo me decepcionó.

Giré hacia otro lado, y hasta hoy he estado dando clases de informática. Al principio me apasionaba continuar aprendiendo. Estudié redes y conseguí hacerme instructora Cisco. Me peleé con el hardware, con la programación, con el UML, con el HTML, el PHP, el XML… Seguí avanzando y ando descubriendo frameworks como Bootstrap o motivando a mis alumnos a desarrollar aplicaciones en .NET y a pelearse con el SQL. Me aburre infinitamente, pero me ha permitido ser suficientemente autónoma como para enfrentarme por mi cuenta a aprender a manejar nuevos programas.

En la Escola Massana estudié joyería. No sólo me gustó trabajar la plata, también dibujé al natural, diseñé joyas que tuve que trazar primero con precisión en láminas como antiguamente, con técnicas de dibujo y “rotring”, manejé los volúmenes escarbando las piezas previamente en tiza. Estuve dos años entreteniéndome (según el innombrable), porque nunca me llevó a ningún sitio.

Primero en Londres y después un año en Madrid me peleé con la luz, los diafragmas, la velocidad…. Vi muchísimas fotografías. Aprendí la diferencia entre fotografiar un interior de una casa, una flor, un bolso, o hacer un retrato… Hoy puedo presumir de manejar la luz y los encuadres (con mejor o peor desatino), o al menos a distinguir una foto buena de una foto mediocre (muchas de esas fotos mediocres son propias, pero conscientes)

herramientas fatimaY entonces llega el Feng Shui a mi vida. Lleva un año llegando (quizás mucho más). Me apasiona. Me peleo con los números, con las matrices que permiten calcular los mapas de estrellas de las casas. Lo hago consciente y con cierta facilidad gracias a todas esas matemáticas que llevo atrás. Dibujo planos, con mejor o peor gracia, creo que esos dos años dibujando cuerpos desnudos a mano alzada y joyas con precisión técnica me van a permitir hacer unos bocetos de los planos de las casas que necesito… fijándome en los pequeños detalles, en una columna, en una forma redondeada, en un pequeño hueco por donde se cuela la energía, esa que somos y esa que nos rodea. Tengo que pasar esos bocetos a algo más tangible y profesional y el mejor programa para hacerlo es Autocad. No es nada intuitivo y llevo de broncas con las paletas un par de días para conseguir construir muros y planos con precisión. No me da miedo. Llevo muchos años peleándome con programas que me parecen absurdos, con interfícies extrañas, con lenguajes de programación que me sorprende que alguien entienda… no me da miedo buscar un video por internet que me explique las herramientas básicas de Autocad para conseguir un plano adecuado. Hoy me enfrento al primer proyecto: una masía que unos amigos han comprado en la Anoia. Las niñas han estado todo el día corriendo por el bosque, subiéndose a los árboles, saltando de piedra en piedra. He estado toda la mañana midiendo y haciendo fotos… buscando las rendijas por las que la luz se colaba en la casa. Teniendo muy claro cuáles eran las fotos que necesitaba y cómo las necesitaba. Estos son los puntos que se conectan. Cuando puedes recorrer el camino hacia atrás y te das cuenta que la vida te ha ido colocando todos esos puntos para que ahora estés justo en el lugar que estás, haciendo lo que haces, da vértigo. A pesar del vértigo, no tengo miedo. Estoy en el sitio que tengo que estar. Y sé qué es lo que tengo que hacer.

3 comentarios en “La luz, las matemáticas y los puntos que se conectan

  1. Bueno, la música, por lo que he leído otras veces, también es importante para ti. Y la fotografía, pero eso ya me lo parecía, sin duda.

    Un saludo

    1. La música le pone ritmo a la vida ¿no?. No se puede vivir sin música (ni literatura), porque es lo único que nos salva :).

      Gracias por la visita ….

  2. Bueno, creo que quería decir el piano, más bien, aunque la música, en general, también, claro está. La literatura: tú escribes, yo sólo leo, no escribo. Intentas hacerlo de manera sencilla y esencial, me parece, aunque, como te digo, leo, no tengo otro criterio que el leer. Bueno, lo haces seriamente, el escribir, la manera, los temas, la frecuencia… En fin, que no tengo mucho criterio, ya te digo, pero me gusta.

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