Eduardo Galeano

Hace poco más de un año, Macondo se tiñó de luto. Galeano, que no era hombre de discursos, apenas pronunció cuatro frases, bien dichas, sobre la pérdida de las palabras. Nos dejaba Gabo, y con él se llevó todo lo que ya no pudo escribir.

Pero a mí me duele más, mucho más, haber perdido a Galeano. Hay muertes que duelen más que otras, porque el robo de sus palabras (y sus ideas) parece más grande. Yo también me quedo sin palabras, si pienso en todo lo que perdemos. ¿Quién recordará a los nadie? ¿Quién nos explicará la historia de los vencidos desde las memorias del fuego? ¿Quién nos acompañará las noches con cuentos que se te clavan en el alma? ¿Quién hablará de la tierra, de la sangre, de los surcos y las heridas, de las cicatrices de los pueblos?. ¡Qué llanto desgarrador, el de la viuda América, con la muerte de Galeano!

Durante años, la tarjeta de navidad que enviaba a amigos y conocidos iba acompañada de esta historia. He aquí mi pequeño homenaje. Hasta siempre. Que la tierra te sea leve.

Pájaros prohibidos

Eduardo Galeano

Los presos políticos uruguayos no pueden hablar sin permiso, silbar, sonreír, cantar, caminar rápido ni saludar a otro preso. Tampoco pueden dibujar ni recibir dibujos de mujeres embarazas, parejas, mariposas, estrellas ni pájaros.

Didaskó Pérez, maestro de escuela, torturado y preso por tener ideas ideológicas, recibe un domingo la visita de su hija Milay, de cinco años. La hija le trae un dibujo de pájaros. Los censores se lo rompen en la entrada a la cárcel.

El domingo siguiente, Milay le trae un dibujo de árboles. Los árboles no están prohibidos, y el domingo pasa. Didashkó le elogia la obra y le pregunta por los circulitos de colores que aparecen en la copa de los árboles, muchos pequeños círculos entre las ramas:

—¿Son naranjas? ¿qué frutas son?

La niña lo hace callar:

—Ssssshhhh.

Y en secreto le explica:

—Bobo, ¿no ves que son ojos? Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas.

3 comentarios en “Eduardo Galeano

  1. Un mes antes de la muerte de Eduardo comencé a releer su devastadora y hermosa trilogía Memoria del fuego. Fue el primer libro que me compré recién aterrizado en La Habana, el 26 de Mayo del año 2000. A los mejor él como Miguel Mármol (que según nos cuenta resucitó nueve veces) vuelve a nosotros un día. Mientras tanto la imprenta sigue realizando el milagro de mantener vivos a los que ya han muerto.

    1. Habrá que confiar. Ojalá, en este caso, sea posible la resurrección.

      PD. Lloré. Lloré como si lo conociese de mi vida diaria. Lloré como se lloran a los muertos de uno. Quizás porque sentía que Galeano formaba parte de todos nosotros.

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