Rosa

plazaangelMaria se entretiene en el columpio de la plaza del Angel. “Els Angelets” le llama ella, quizás porque está siempre llena de niños.

Me siento en un escalón de madera que por las tardes se llena de madres y padres, mientras los churumbeles corretean sobre una especie de corcho que nunca me pareció acertado urbanísticamente y sin embargo ha resultado ser un buen sistema antichichones.

Son casi las diez de la noche. Venimos de comernos un frankfurt y una cervela en el frankfurt del Paseo. que ha vuelto a abrir hace unos meses, después de que hubiera fallecido su propietario. Es uno de esos bares con historia pero además he descubierto que tienen grifo con Estrella de Galicia. A buenas horas, ahora que me traslado a tu casa.

Sentada, mirando hacia la calle Salut, y a pesar de lo tarde que era, por un momento pensaba que aparecerías allí a lo lejos, empujando el carrito de Miquel mientras Lluís descubría a mi hija y le gritaba por su nombre desde la otra punta. Qué decepción no verte. Qué extraña tristeza se me ha comido un trozo de amor por dentro. Dicen que nunca se pierde un amigo de verdad, pero sin duda os vamos a echar de menos.

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