Sé que voy a estar bien

Sé que voy a estar bien.

Quizás porque la ciudad se extiende a mis pies y desde aquí puedo dibujar el campanario que me ha acompañado estos últimos tiempos.

Sé que es un punto de inflexión hacia otra cosa, que aún no sé bien qué es exactamente. La incertidumbre de la vida.

Sé que debe ser ahora y debe ser así. Y seguir creciendo, como el eucaliptus que va despejando, en medio de cualquier bosque, el camino propio hacia el cielo.

¿Miedo? Me preguntas. Sí, claro. ¿A quién no le asusta el vértigo?. Nunca sabes qué es lo que te guarda la vida ahí delante. Pero hay un secreto: espera, tranquila, a que llegue. Y respira. Y estira los brazos para coger todo aquello que quieres. Isabel me hace llorar por dentro, cuando me recuerda que me lo merezco. ¿No nos lo merecemos todo?. Pide. Se te concede.

Sé que debo volver a escribir. Va a ser hora de volver a vomitar todo lo que estos meses he ido guardando. Para luego volver a digerir. El vómito emocional. Como el rumiante regurgita.

El cansancio se hace infinito. Debe ser el otoño. El momento previo a hibernar.

Suena Satie. Es el piano que me hace olvidar tu voz.

Sé que voy a estar bien, aunque ya no estés aquí.

La tortilla puede esperar

La tortilla puede esperar.

Suena Lana del Rey, con un clásico de película.

Ella se baña, aunque apenas cabe ya en la bañera de bebé que aún conservo.

He batido los huevos, mientras la patata y el calabacín se freían. Añado la cebolla un poco más tarde. No sé de quién aprendí a hacerlo así, pero hace la tortilla más sabrosa. Creo que al innombrable nunca le gustó así.

Tengo un dolor en la boca del estómago. A veces aparece como una piedra taponando un conducto. A veces es simplemente un dolor, como un pìnchazo.  Me sorprende, como siempre, la explicación emocional. Quizás porque me identifico claramente. Y porque llevo una semana repitiendo justamente lo que leo literalmente:

“No necesitas decirle a tu cuerpo cómo ser un cuerpo ni cómo digerir. Lo mismo sucede con tu entorno. Todos y cada uno tenemos una manera diferente de ver la vida. No es casualidad que el estómago esté ubicado en la región del corazón. Debemos aceptar a todos con amor, es decir, aceptar las particularidades de todos y cada uno. Los pensamientos que alimentas del tipo “es injusto”, “no es correcto”, “es idiota”, etc., no te benefician: bloquean tu evolución, así como tu estómago bloquea la digestión. Si te vuelves más tolerante hacia los demás, tolerarás mejor los alimentos que ingieres”

Y recuerdo a Vicens, cuando me decía que mi cuerpo era una esponja agradecida, pero últimamente no lo siento así.