Odio

El odio genera más odio. Lo sé yo, que te odié un tiempo. Que te deseé todo el mal posible. Que deseé que te olvidasen un día cualquiera en la puerta de un hospital. Que cuando supe del nacimiento de tu primera hija, deseé que sintieses el mismo dolor que sintió mi madre cuando tú me dejaste a mí en aquella puerta de un hospital. Que te deseé que derramases algún día las mismas lágrimas que yo derramé, aunque sólo fuese en la misma cantidad. Que te deseé todo el mal posible, a ti, que un día te quise y deseé compartir todo contigo.

Pero llegó un día en que todo pasó. Un día, así de repente, no sentí más dolor, ni más odio, ni más nada. Como el que ya sintió todo el odio, y todo el dolor posible, de repente todo se deshizo y no sentí nada. Deseé que hubiese valido la pena. Ojalá haya valido la pena. Sé que ha valido la pena. A ti. Y a mí.

Pero no puedo perdonar. Nunca se perdona del todo. Así que me pregunto cómo no van a odiar a los asesinos de hijos, de padres, de amigos, de novios…. Sea Beirut, o sea Alepo, o sea París. Cómo se va a parar el odio. Aunque el odio se dirija hacia el sitio equivocado, y a las personas equivocadas. ¿Dónde se va el odio cuando dejas de odiar?.  Y sobretodo, cómo se va a perdonar.

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