El cartero

Tuve un amigo cartero. En realidad no era mío, era suyo. Algunos amigos siempre fueron sólo suyos. Otros fueron suyos y luego de los dos. Algunos (menos) fueron suyos, después míos y después nunca volvieron a ser suyos. Los míos siempre fueron míos, y no suyos.  Yo siempre fui más posesiva. O más selectiva. No sé. El amigo cartero era suyo.

Hoy me lo he cruzado en el barrio donde trabajo. Él no me ha visto, y yo no he hecho nada para que me viera. En realidad, creo que hubiera preferido no verlo. En algún sitio leí una vez: “Uno regresa a los lugares donde amó la vida”. Pero no es cierto. No siempre. Yo hubo sitios que amé a los que no volvería jamás. Sin arrepentimientos. Pero eso ya fue. Y no tengo intención de volver. Ni siquiera por nostalgia. Hubo lugares que hasta olvidé que estuve (aunque eso es fácil, con la poquita memoria que tengo)

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