De días buenos

Hay días buenos, días regulares, días malos y días como el de hoy. Así que me abro una botella de vino y me dispongo a emborracharme mientras cocino. Bonito, que me recuerda al norte. Y pisto, con patatas y pimentón, que me recuerda a MI norte. Una de esas manías de los gallegos, de echarle pimentón a todo.

El vino no es un albariño. Es un empordanés, pero se deja beber muy bien.

alchool

No puedo evitar llevarme las lágrimas de mis alumnos a casa. Sólo son niños, aunque algunos anden rozando los 18 (y tengan los huevos negros, que diría alguien). Las de hoy no sé dónde guardarlas. Ando dándoles vueltas en la cabeza, empatizando.

Hace días desaparece un disco duro portátil. Es habitual que un alumno de la mañana lo olvide y el de la tarde se lo dé al profe. O uno de la tarde lo olvide y el de la mañana se lo dé al profe. Pero a veces desaparecen misteriosamente. Es difícil encontrar culpables que se aprovechan de los despistados. Alguien que se queda con lo ajeno. Y aunque me esfuerzo por hacerles entender que no estamos aquí (en el mundo) para putearnos unos a otros, no siempre se entiende. Y entonces aparece él. Por un cúmulo de causas (que no casualidades) descubro quién es la persona que tiene el puto disco duro. Y aunque inicialmente no quería reconocerlo, no ha podido más con la presión y rompiendo a llorar me ha reconocido que sí, que él se quedó el disco duro. Aprovechó algunos ejercicios y vendió el disco duro a un amigo. No creo que sacase más de 15 euros. A cambio, un alumno (del otro turno), que perdió todo el trabajo, suspendió una unidad formativa por no entregar unas prácticas.

Llora. Me explica una historia dura. Yo le creo, porque creo en sus lágrimas. Porque un tío de 18 años no llora delante de nadie. “Te lo explico porque creo que tú nos escuchas”. Y sí, los escucho, los escucho tanto y los entiendo tanto  que soy capaz de llorar por ellos. Porque me duele mucho el dolor ajeno.

Y me cuenta que él es muy independiente, porque no puede contar con nadie. Que él con 11 o 12 años pasaba noches deambulando por el barrio, viendo cosas, conociendo gente. Que él pensaba que era una oportunidad (una oportunidad de 15 euros), que le resolvía cosas pero que él no es mala persona. Que su hermano, su hermano sí que hace cosas que no se deben hacer y que su madre lo pasa mal.

Yo no sé cómo decirle que le va a caer una expulsión de 15 días.

Pero sé, estoy segura, que un día vendrá y me dirá que ha encontrado un trabajo, que está muy bien, que es feliz, que pudo salir de esa rueda en que estaba y que quizás fue a que le pillé robando un disco duro.

Porque vendrán días buenos. Porque necesitamos días buenos.

 

3 comentarios en “De días buenos

  1. Sí, niña, hay días que son inclasificables. Que los tenga porque te duele el dolor de los demás sólo hace que sean más frecuentes. Pero esto no es una maldición, ojo, es un don. Porque sin gente como tú este mundo sería mucho peor.

  2. Poder ver a la Persona detrás del hecho, ponerse en sus zapatos, llorar sus lagrimas… cuando parece que no hay nada para hacer, a menudo alcanza con sentarse y escuchar… de persona a persona… quién te dice, que conseguir un trabajo, estar bien, ser feliz, no sea fruto de haber sido escuchado aunque sea una vez por una profe en la escuela…

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