De lágrimas y hospitales

Los hospitales pueden ser un analgésico para los dolores ajenos. Estar ocupado en los propios, te hace menos empática. Quizás por eso, cuando lo vi, recogiéndose las lágrimas con un pañuelo de papel, no se me ocurrió preguntarle si estaba bien. Una sabe que de alguna manera las lágrimas corresponden a un diagnóstico, más o menos acertado, más o menos fatídico… Pero no es tuyo, ni de los tuyos.

Debía tener algo más de 30 años, barba cuidada y mirada infantil. Debe ser uno de los pocos sitios donde se permite llorar a los hombres, y a pesar de todo, siempre sorprende. Pero era discreto, y apenas aparecía algo húmedo en el lagrimal, lo arrasaba con un trocito de celulosa. Hasta aquí llega la timidez de las emociones.

 

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