La mujer más fuerte del mundo

x466Cuando la conocí me pareció la mujer más fuerte del mundo. Acababa de perder un hijo, y no la vi nunca derramar una lágrima. En realidad, nunca había derramado una lágrima. Totalmente ajena a los dolores, no le producían absolutamente nada las emociones. Tampoco había nada que pareciese hacerla feliz. Las montañas emocionales que yo era capaz de vivir, entusiasmado por cualquier pequeño detalle o sumido en la miseria más grande si tenía algún contratiempo, ella nunca las sintió. Y yo la miraba maravillado, como los sufrimientos y las felicidades iban pasando junto a ella como si fuese una película.

Toda su incapacidad para demostrar el amor y el odio  se veía compensada con la capacidad para detectar cualquier olor. Como si hubiese convertido los “dolores” en “olores” y la pérdida de esa “d” le hubiera permitido crear un extraño resorte. Uno de esos días, sumido en mi tristeza, en que se me escaparon varias lágrimas viendo una película (he de reconocer que soy de lágrima fácil) ella se acercó y suavemente recogió en la yema de su dedo índice una de mis lágrimas. Se la acercó a la nariz y para mi asombro, la olió. Su cara se transformó. De sus gestos se desprendieron muecas que parecían verdadero dolor. Creo que fue el día que más expresiva se mostró conmigo. Hizo un comentario sobre la película que estábamos viendo, sobre la tristeza que le producía, y yo sonreí.

Llevamos tres años guardando lágrimas enpequeños botes de cristal. Hay lágrimas de todo tipo: lágrimas de alegría y de dolor, de tristeza y de esperanzas, de nostalgia y de felicidad. Primero recogíamos sólo mis lágrimas. A las pocas semanas empezamos a pedir lágrimas a los familiares y amigos más cercanos.Últimamente nos hemos atrevido a pedir lágrimas a conocidos. Etiquetamos los botes con el nombre de la persona que derramó la lágrima, el momento en que lo hizo y si es posible, el motivo. Tenemos las lágrimas de mi sobrina cuando su marido le pidió que se casara con ella en una cena de Navidad, tenemos las lágrimas de su hermana, cuando enterraron a su padre, tenemos las lágrimas de mi hermano, cuando nació su primer hijo…

A veces me mira y se levanta suavemente del sofá, escoge uno de los botecitos y derrama una lágrima en su dedo. La olfatea y llora. No podría asegurar que sienta lo mismo que la persona que fue el dueño de la lágrima, pero sus lágrimas parecen diferentes cada vez.

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