El dolor (I)

Después de la Navidad su espalda se partió por la mitad. La lesión medular que le produjo le impide caminar, entre otras cosas. Y la lesión degenerativa del frontotemporal le impide conseguir una mínima recuperación, como otros intentarían.

No la culpo, pero qué rabia siento. Y qué dolor. Nadie sabe el dolor que me produce  mirar en sus ojos azules y no encontrarla. Ya hace tiempo que no la encuentro. Siento que una intrusa ocupó su cuerpo. Es la que le anima a repetir continuamente las cosas, hasta el punto de convertirse en la gota malaya que implosiona dentro mío y me convierte en lo peor. A nadie le deseo una enfermedad mental. Pero sobretodo es algo que ella nunca se deseó para sí misma, y repetía continuamente, ya entonces, que el destino le trajese cualquier cosa, menos perder la cabeza. Porque sabía, por profesión, cómo éstas evolucionan.

Yo escudriño en sus ojos. A veces hacen gestos que me recuerdan a la mujer que fue. No puedo evitar amarla, cómo sólo una hija puede querer a una madre. Una madre que quiso, que estuvo, que protegió (a veces incluso demasiado). Todo a su manera. ¿No somos todas las madres así, amantes a nuestra manera?. Y no sé qué hacer para evitarle dolores, para que todo sea más lento, para que no haya demasiadas infecciones, para que no haya tanto dolor emocional… Pero no sé qué voy a hacer yo con el vacío que me quedará cuando ya no esté. Porque aunque de alguna manera ya esté marchándose, voy a visitarla, le cojo la mano, la miro a los ojos, nos reímos juntas, nos lloramos juntas, me apoyo en ella en ese sillón donde permanece semi-inmóvil y hacemos como que estamos bien.

3 comentarios en “El dolor (I)

  1. Permítela recibir todo lo que ella te ofreció y le ofreció a la Vida. Cuando la balanza se equilibre, podrá marchar en paz y tú…quedar en paz. Lo estás haciendo muy bien. Solo te falta la conciencia de lo que estás haciendo.

  2. Todas las madres, Todas, amamos sin condición con nuestros recursos, nuestras herramientas y nuestras mochilas. Ese vacío, Fa, no se llena y eso, a mi parecer, también está bien, porque como ellas, no hay nadie. Recuerdo el dolor inmenso, la rabia sin fin, que sentía cuando veía a mi madre marcharse, cuando no podía hacer nada, pero no me di cuenta, hasta después de su marcha, que hice, y mucho!! como tu, la acompañé, a mi manera, la cuidé, como supe, me enfadé, con la vida, y, sobretodo, la lloré, y la lloro…

  3. Si te has portado bien con ella, que creo que lo estás haciendo, y ella está sufriendo tanto, te quedará una extraña paz por saber que su sufrimiento y el tuyo también se agotan. Claro que la echarás de menos pero con la serenidad del deber cumplido.Ya verás. A la gente hay que cuidarla cuando está viva. Luego irás poniendo todos tus recuerdos en orden como si guardaras su historia o su memoria. Por lo menos eso es lo que me pasó a mí desde octubre de 2015. Un beso gordo!

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