Carmen

En la residencia donde vive mi madre hay una mujer que me despierta mucha ternura. No sé qué extraña conexión nos une a otras personas, a unas más que otras, pero el caso es que desde siempre yo, con Carmen, siento algo en las tripas. Tanto es así que cuando voy a recoger a mi madre, la busco también a ella para darle un beso y preguntarle cómo está. No suelo hacerlo con otros abuelos.

Tiene Carmen a veces una sonrisa que le ilumina la cara. A veces no. A veces muestra una tristeza que sale del alma. Perdió dos de sus cuatro hijos en la arriada de 1962. Esa tristeza no se va con el paso de los años. Y además está continuamente buscando el sentido de la vida. Ayer, que noté que estaba triste, se gira y me dice «¿Para que, Fátima?¿Qué sentido tiene esto?. Aquí, a esperar». A veces yo también me siento así: «Aquí, a esperar».  ¿Qué sentido tiene esto?.  Porque uno supongo que le va buscando el sentido al día día: trabajar, ver a tus hijos crecer, sentirte útil, escribir un libro, conseguir más dinero para comprarte más cosas, o cosas más grande (un coche más grande, una cada más grande…), viajar, hacer un mundo mejor,  tener ropa nueva…. qué sé yo. Cada uno busca en sus entrañas lo que le da sentido a su vida. Pero a veces, algunas veces, aunque rebusques en el fondo del baúl, nada de lo que encuentras tiene sentido,

¿Propósitos? del 2018

He perdido libros. No es un drama. Sólo es un hecho. Tengo intención de recuperarlos. Sobretodo porque ayer leí una crítica sobre «La gente feliz lee y toma café» y recordé haberlo leído hace un tiempo, pero el libro no está en casa. Puede que lo haya dejado (en cuyo caso no sé cómo recuperarlo) o puede ser que esté aún en cajas de mudanzas («mis mudanzas y yo» podría ser el título de una novela) y si es así, me toca dar un paseo por un viejo garaje lleno de trastos que algún día debería vaciar.

He dejado el inglés. Es un propósito del 2018: no gastar dinero en vano. Me he empeñado en conseguir el C1, y en realidad no lo necesito, así que no voy a ir a clases de inglés para conseguir un título. En todo caso, intentaré viajar más y pasar un tiempo fuera. Ahí es donde creo que he de impulsar la energía.

Estoy diseñando un Kakebo. No es una herramienta para ahorrar (como te venden en muchos sitios web), pero sí te permite tener un control de gastos y al menos poder planificar tu economía. Nunca me he preocupado de tener las cuentas a raya, simplemente entra dinero y sale dinero (que debe ser el flujo natural de las cosas), pero con una niña (y en breve dos), será necesario controlar algo más el dinero que sale.  El caso es que el Kakebo me está quedando tan bonito que estoy pensando en comercializarlo.

Y aún no he pisado la piscina. Es un hecho. Nada de hacer deporte aún y eso que estamos ya a día 9. Eso sí: he vuelto a escribir.