Los amigos de la infancia

Son mis amigos más antiguos. La añada del 71. Casi todos hemos cumplido ya los 47 pero nos miramos a los ojos y todavía podemos reconocernos. Tenía muchas ganas de reencontrármelos. No hubo silencios incómodos (podría haberlos habido), porque te recuerdan de dónde vienes. Y si no sabes hacia dónde vas, al menos está bien saber de dónde vienes.

Los siento más tristes, más vividos, más gastados. Así es la vida, me digo. Me pasa a mí.  Y siento que nos merecíamos vidas mejores. Aunque si nos miramos individualmente no podemos quejarnos: hemos tenido buenas vidas. Todos hemos tenido parejas, hijos, hipotecas, algunos incluso empresas, trabajos…. Sólo digo que podrían haber sido mejores. Porque los miro, y recuerdo a los niños llenos de sueños. Los que jugábamos en el patio, los que empezamos a salir juntos en la juventud. Y si enumeran nombres, recuerdo caras fugazmente, como un fotograma escondido en la cinta de una película. Luego siempre hay alguien que recuerda con nombre y apellidos y me carcome la envidia por la memoria de mierda que tengo.

Charlamos, nos reímos, criticamos, nos pusimos al día… Me recordaron algunas historias de barrio. Algunas tristezas (Esteban murió, Paco está fatal, a Sofi no la he visto desde entonces…). A Sofía la pienso algunas veces. El otro día Maria me preguntaba si alguien puede tener igual el apellido de la madre y del padre y me vino ella a la cabeza. Recuerdo que hubo en tiempo que escribía su nombre como Pérez2 (al cuadrado). Esteban era un gigante. Yo lo recuerdo patoso y gigante. Un poco tipo troll  entrañable. Era extremadamente tímido y tenía un vozarrón que parecía que le saliese del estómago. Vivía con su madre en la bajada del puente, casi saliendo del barrio. Durante un tiempo, lo veía sentado en un banco a pie del centro cívico (que había sido nuestro colegio). Todo el día comiendo pipas. Recuerdo que llevaba a mi madre en coche (ahora no recuerdo el recorrido) y ella siempre decía: “Mira qué futuro, todo el día comiendo pipas” (mientras lo escribo recuerdo el corto de Pipas). Y ahora está muerto.

 

 

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Un comentario en “Los amigos de la infancia

  1. Nunca he participado en un encuentro de ex compañeros, tal vez porque intuía lo que deduzco al leerte: invita a revisar los caminos recorridos desde entonces, y no siempre la vida supera el examen cuando la comparamos con los sueños con los que partimos.
    En todo caso, me encantó leerte. Me dio pena que terminara el texto, quería seguir leyendo.
    Un beso

    PD. Por cierto, yo soy Gómez2

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