De inviernos y quereres

48390497_2332253637046068_2461226623811190784_nEl solsticio

Esta será la noche más larga del 2018. Hoy empieza el invierno. Debería ser una época para hivernar. Leer más y mirarnos más hacia adentro. Pero en cambio, las calles se llenan de luces, de bullicio, de ruido… No sé cómo os puede gustar tanto artificio, las compras y el hilo musical de los comercios.

Además, el día del solsticio es el día que Raúl aprovecha para felicitar las fiestas, la Navidad y la llegada del invierno. ¿Recordáis el placer de recibir una felicitación de navidad?. Pues lo es. Y más si está llena de palabras como las suyas y de poesía.

Él

Pero a mí el invierno me hace pensar en la gente que quiero. Los que están y los que estuvieron. A los que echo de menos, pero también a los que en su día eché de más. PIenso en los hombres que pasaron por mi vida. Y si hay uno más importante que el resto, es él. Diez días antes de mi cumpleaños Estrellita tuvo un infarto (en realidad según él fueron siete). Le soñé. Durante varios días. Esa extraña conexión que tenemos. No sé si se puede querer más y mejor. A nuestra manera, nos sabemos. Y estamos pendientes el uno del otro.  Eso me hace pensar si han sido mejores las relaciones más convencionales, o haber tenido la oportunidad de querer a alguien de este modo. Porque lo tengo presente en mis sueños, aún sabiendo que es posible que no volvamos a tenernos de la misma manera, Pero veo parejas a mi alrededor, y me pregunto si su vida es mejor, si su relación es mejor. Quizás no es cuestión de compararlas, porque no son comparables. A mí me gusta que él haya pasado por mi vida, porque me ha hecho creer en una manera diferente de ver la vida y ahora soy una persona diferente.

Chiapas

Fueron cinco semanas viviendo en la selva Lacandona. Compartiendo, ayudando y sobretodo aprendiendo. En la red me cruzo con un apellido que me suena, mucho, mucho: Elkish. Recordé que estuvimos en su casa, en el barrio de Coyoacán, cerca de la Casa Azul que tanto me impresionó. Su papá era traumatólogo y estaba especializado en prótesis de cadera. Justamente. Su mamá era matemática y daba clases en la UNAM. Nosotros (el innombrable y yo) dormimos en casa de su mamá. La recuerdo una mujer pequeña y dulce. Hablamos de todo, de matemática a matemática, pero de mujer que empezaba la vida a mujer cuyas hijas eran mayores y la vida le estaba pasando cuentas. Hablamos de la órbita de la luna, de porqué en México la luna parecía sonreír. Ella confesaba que de niña no entendía por qué en las ilustraciones de los cuentos la luna aparecía girada  (fue hace casi 20 años y la luna ha cambiado la órbita, ahora hay días que también sonríe en esta parte del mundo). Su hija me pasa su mail. Me dice que sí, que me recuerda. Y que le hará ilusión que le escriba.

 

*foto sin autor, en la red.

 

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Un comentario en “De inviernos y quereres

  1. Aquí la Navidad coincide con la llegada del verano, y te confieso que aún no me acostumbro. La época me invita al recogimiento, y esta luz cegadora no me lo pone fácil.
    Te leo hablando de él y pienso, comparto, que un amor especial es mejor a un amor convencional, y supongo que cada cual tendrá sus luces y sus sombras.
    Y me voy de tu espacio pensando en los reencuentros. Llevo un año en el que he tenido varios reencuentros, varios contactos con personas de mi pasado. Y estos reencuentros me invitan a remirar(me) el presente e, intuyo, porque aún estoy en etapa reflexiva (qué bien me vendría hibernar ahora), que también a hacer algunos ajustes de cara al futuro.

    Bon nadal, casi prima ;-))

    Bicos

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