Cosas buenas de un confinamiento

Los StayHomas. Estoy enganchadísima.  Una muestra (van creciendo día a día)

Tres tipos que viven juntos el confinamiento (son trozos de otros grupos) y desde una terraza en Barcelona componen y graban cada día (más o menos) una canción con colaboraciones bonitas a través de un móvil…. Confination Songs.

Frenar. El ritmo frenético. De repente no tienes nada que hacer. Así que sacas las acuarelas, el bordado pendiente, las partituras de piano, el libro del PER, el curso de italiano, los libros que no has leído en todo el año… y sólo puedes hacer la mitad porque deciden que vamos a hacer clases online.

Captura

Así, que ando con proyectitos muy sencillos de gamificación… intentando enganchar a los alumnos (que bastante tienen con estar en su casa). Aún a medias, tengo un esbozo de Les ciutats i els polinomis y Matemàtiques quotidianes. Aprender. Porque tengo una cucharilla con la que voy hurgando en todo lo que no conozco cuando me aburro. Puede ser cambiar los muebles de sitio o puede ser darle una vuelta a tu trabajo aún a riesgo de explotar del todo.

Compartir más tiempo con mis hijas. Tiempo de ese del bueno. Tiempo aprovechado:  pintando, haciendo pan, cocinando juntas, bailando, riendo, discutiéndonos, contándonos cuentos, haciendo deberes, durmiendo juntas…

Meditar. Despertarte temprano, tomarte un café, mirar al infinito y escucharte por dentro, sin la prisa de tener que estar a las ocho en ningún sitio,  porque no tenemos que ir a ningún sitio. Porque el sitio está dentro.

Echar de menos. La montaña, la playa,… pero sobretodo personas. A mi madre especialmente, confinada en una residencia a la que hace más de un mes que sólo vi a través de un cristal. A mi padre, a mil km. Imaginando cómo arrastra los pies por la casa y habla solo con la tele. A la familia que tienes lejos. A amigos. Y aprovechar para ponernos al día con videoconferencias de esas infinitas con gente que hace mil años que no veías o que viven lejos (Pilar en Cochabamba, Lidia en Barra o mi tío en Miami)

Gastar menos. Menos gasolina, menos tonterías. Y gastar más en cosas importante: Mar de Frades y chocolate negro especialmente.

CapturaCelebrar el cumpleaños de forma “diferente”. Con amigos al otro lado de una pantalla y soplando un 501 (que intentaba ser un 50 menos 1). Sabiendo que quedan más de 100 cervezas por compartir cuando salgamos de aquí. Y que resuene el eco: … “cuando salgamos de aquí”.

Vivir al día. Sin planes. Cuando la única preocupación es “¿Qué hago de comer hoy?. También con la tranquilidad de saber que la nevera está llena, que tenemos la suerte de poder escoger y escogemos de lo mejor.

 

Organizar fotos, escritos, recuerdos. Releer las libretas de viajes a sitios que ahora no sabes si volverás a recorrer.: China, Egipto, Noruega, Escocia…. Y reir con las anécdotas de otro tiempo, como el que lee la historia de otra vida.

Y reconocer la fragilidad. Que no somos invencibles. Sabernos humanos, frágiles, rompibles, delicados, quebradizos… Entender la vida como un tránsito. Un leve tránsito.